Festival Latinoamericano contará con representación de 19 países 

Por VozEs

Este año el Festival Latinoamericano, que cumple 32 años, tendrá como invitados especiales a 19 representantes de las diferentes comunidades hispanas que dan vida a la ciudad de Charlotte. A través de las cuales se podrán conocer de cerca la cultura de diferentes países representada en este el mayor evento latino de la ciudad, el cual cabe resaltar es el único sin fines de lucro y el cual regresa todo en programas y servicios a la comunidad latina. 

“Esto es gracias a la alianza con representantes de países latinoamericanos e ibéricos que buscan terminar con los estereotipos negativos y valorización diferencial de ciertos países en algunas comunidades. Este evento quiere fomentar unidad, orgullo nacional y que cada comunidad se sienta valorada, en un festival único que representa nuestras raíces”, puntualizó. Jose Hernández-Paris, Director Ejecutivo de La Coalición Latinoamericana.

El evento será este sábado 17 de Septiembre de 2022, a partir de las 12:00pm, los espacios del Symphony Park (4400 Sharon Rd, Charlotte) esperan recibir como cada año a miles de asistentes para celebrar otra edición del ya tradicional “Festival Latinoamericano”, el cual ofrecerá entrada completamente gratuita por primera vez en 32 años, gracias a las nuevas alianzas y proveedores que hacen parte de la organización. 

Las puertas del Symphony Park serán abiertas a las doce del mediodía, para que las personas puedan degustar de las suculentas opciones gastronómicas que se ofrecerán, además de disfrutar de todas las atracciones. 

«El Festival comenzará a las doce del mediodía, nuestra comunidad podrá escoger diferentes platos para almorzar, al mismo tiempo disfrutarán aproximadamente de cuatro horas y media de arte, música y bailes locales, donde cada país será representado. Finalizado el bloque de artistas locales, iniciaremos con los tan esperados conciertos a cargo de artistas internacionales, que cerrarán la noche con broche de oro. Durante todo el evento, podrán disfrutar de comidas y bebidas típicas de cada país» adelantó París. 

Los artistas de talla internacional que harán vibrar el escenario serán: el reconocido merenguero, ganador de un “Globo Awards” y llamado “La voz más alta del merengue”, el dominicano, Rubby Pérez, al cartel musical se suma, La orquesta número uno de Latinoamérica con más de 80 años de trayectoria musical, ganadores de un Récord Guinness y de cientos de reconocimientos, “Billo’s Caracas Boys”, y con ellos directo de República Dominicana, el joven que ha logrado posicionarse en múltiples oportunidades en la lista “ Billboard Tropical Songs” el bachatero, Karlos Rosé, admirado entre las nuevas generaciones. 

A lo largo de los festivales el número de asistentes ha variado entre 5,000 y 7,000 personas, los organizadores estiman que este año se rompa récord de asistencia al recibir no menos de 7,000 personas al festival, e incluso se preparan para un mayor número. A pesar de que no será permitido el acceso de comidas o bebidas al festival, los visitantes contarán con una gran variedad de kioscos y food truck que ofrecerán comidas y bebidas de todos los países.

La Coalición Latinoamericana lanzará Programa de Membresias durante el Festival

Otra de las novedades durante el Festival sera el lanzamiento oficial del programa de membresias de La Coalicion. El programa de membresías busca que cada miembro sea una parte vital de la organización, que tengan una voz representativa y proactiva en la comunidad mientras reciben servicios y acceso a importantes descuentos de salud, entretenimiento, bienestar, salud financiera y recursos para mejorar su calidad de vida. 

Con su membresia, los miembros tendran acceso a servicios y programas de La Coalicion a un costo reducido, y a la vez obtendran descuentos de organizaciones aliadas como Compare Foods, Charlotte FC, Starmed, YMCA, Sabor Latin Grill, entre otras, sin embargo la lista de organizaciones promete crecer conforme vaya avanzando el programa. 

Durante el Festival se entregará un paquete de bienvenida al programa a los primeros 100 miembros que se afilien.

Así que ya saben no se pueden perder este ya tradicional Festival, y a la vez apoyar a nuestra comunidad latina.

¡A empacar sus sillas, manteles de picnic y a disfrutar del Festival Latinoamericano!

Nico Amortegui; un inmigrante en las paredes de Charlotte

Por Sorayda Díaz

Hay un dicho con el que Nico Amortegui vive: “todo comienzo es difícil”, en su caso así fue comenzar una nueva vida como inmigrante, haber llegado con sus papás a los 17 años y haber comenzado una carrera autodidacta en el arte.

“Tomar ese primer paso es lo más difícil y eso es con todo” asegura Nico, quien creció en Colombia en donde desde sus cinco años acompañaba a su mamá a vender cerámica en la calle, ella además hacía textiles; esas fueron sus primeras influencias en el arte, al igual que las de su  tío pintor y su padre arquitecto.

Durante diez años, Amortegui estuvo indocumentado, ha sido constructor, plomero, electricista, ha limpiado casas y recogido basura, todo eso y su viaje como inmigrante han formado quien es hoy: un inmigrante que va dejando su firma en las paredes de la Ciudad Reina, y muchas otras en donde ha sido comisionado. 

Estuvimos conversando con Nico en su jardín, un museo contenedor de su obra, justo afuera de su estudio en el que se percibe su influencia de Picasso, los colores que bien evocan nostalgia y alegría cargadas de latinoamérica; un horno en el que trabaja la cerámica que le han enseñado los artesanos oaxaqueños en México; esculturas que siguen en proceso o que bien se han transformado en algo que les queda mejor, porque así es Nico, un creativo que deja que la pieza se transforme en lo que mejor le queda, en lo que la pieza quiera. 

Les compartimos la conversación que tuvimos con el colombiano para que disfruten y conozcan su travesía. 

Nico ¿qué te trajo a este País?

En mi viaje yo vine con mi familia, a los que les tocó lo más duro fue a mi papá y mi mamá cuando ellos llegaron fue por necesidad, llegamos con visa, no hablaban inglés y no conocían a nadie; La historia cuenta que ellos se fueron y se sentaron en el aeropuerto con las maletas, tenían 500 dólares, se miraron y pensaron: “¿ahora qué hacemos?” y me cuenta mi mamá que se acordaron de una amiga que vivía ahí; la llamaron, nos recogió y nos instaló, y pudo ayudarlos de esa manera, pero al principio fue bastante duro.

¿Qué edad tenías cuando llegaste acá?

17, ahora tengo 45.

Y cuéntame ¿cómo fue tu primer acercamiento al arte, allá en tu país, tenías ya el gusto, cómo fue que empezaste?

En Colombia como en los países latinos, todo es arte popular, arte tradicional, los muñequitos de madera, los juguetes que venden en las calles, para mí ese es el arte que hay, pero mi tío es pintor, y mi mamá es diseñadora de textiles y mi papá es arquitecto, entonces ya estaba  ahí, yo no empecé a pintar hasta hace 11 años, antes de eso yo fui fotógrafo, pero hace 11 años que empecé a pintar.

Y ¿que te hizo comenzar?

La necesidad, el ser artista ahora ya se volvió algo popular, cuando empecé aquí no era algo que todo el mundo dijera “wow”. Pero ahora si, se está promoviendo mucho más, ahora crea más negocio, el arte no falla. 

Mi necesidad empezó en el 2008 o 2009 que fue la recesión de Estados Unidos que pegó durísimo, yo tenía una compañía de construcción, tenía una revista y tenía una cafetería y todo se cerró.

Una noche en Enero me dio por ponerme a pintar, uno como que no sabe lo que va a pasar, en ese momento acabamos de tener una niña con mi esposa, entonces había una gran cantidad de estrés y el arte en sí creo que me estaba ayudando a lidiar con eso, con los niveles de ansiedad, entonces me puse a pintar, yo ya estaba en mis 30’s, empecé a buscar los mercados de arte y me empecé a meter, entonces me di cuenta que en un buen fin de semana me podía ir muy bien y empecé a hacerlo de tiempo completo, cuidaba a mi hija por la mañana, hacía algún trabajito cuando podía y los fines de semana pintaba. 

Y eso me ayudaba a salir poquito de ese estrés, a veces necesitas sacarlo y esa era la mejor forma. Pintar es algo que le ayuda a uno a relajarse, y además entre más pinto más me doy cuenta que la voz de nosotros es bastante importante siendo latinos. 

Nico Amortegui

Mi público más que nada es americano, antes yo pintaba mucho de política para mostrar que hay otro mundo, mucha gente americana no sabe lo que pasa, pintaba sobre eso: padres deportados, niños que se quedaban solos, queria crear esas historias para abrirle la mente a la gente, mostrar que somos humanos como ellos. 

Pero luego, esas historias y tristeza me estaban comiendo, y cambié un poco; trato ahora de pintar historias más felices, la conexión está en mostrar lo que tenemos en común, mostrar lo que somos capaces de crear como latinos y ofrecer a este país.

Eso me motivó a comenzar, ahora me contacta gente de todas partes del mundo y es algo súper interesante porque ven que el arte es colombiano o es latino y eso le da una cara a Charlotte, al país. 

Decir que Charlotte tiene inmigrantes en las paredes; eso es algo hermoso. 

Trabajas diferentes técnicas, disciplinas, trabajas con el reciclado, la cerámica también… ¿Cómo es ese proceso creativo en las diferentes técnicas?

Cuando son trabajos como esculturas son procesos diferentes porque ya toca pensar diferente, ahí viene la ingeniería del soporte del sistema, pero la mayoría son pedazos que tengo de otras obras, lo único que hago es comenzar con el mismo proceso de pintura, comienzo a poner varias cosas juntas y eventualmente echo una mirada y pienso: “voy a mover esto o cambiar eso”… a cambiarlo porque algo no me gusta, la obra misma dejo que me vaya diciendo, así trabajo las pinturas y así trabajó la cerámica, sé que quiero crear una vasija o una taza, pero no sé cómo va a quedar.

Trato de tener la mínima cantidad de control sobre el arte porque de mi mente a que salga, nunca queda igual, entonces prefiero que salga algo a que no salga nada y así no me frustro tanto, la pieza se va formando solita, como el humano, nos formamos de poquito en poquito, día a día, con todas las cagadas, eso nos ayuda a ser como somos.

Oye y trabajas también la cerámica y has viajado a Oaxaca a trabajar con artesanos ¿cómo fue que te empezaste a conectar con los artesanos de allá?

Yo crecí con mi mamá, cuando tenía como 5 o 6 años recuerdo que mi mamá vendía cerámicas en la calle, todos los domingos le ayudaba, nosotros vivíamos en un pueblito en el que todos salían a comer a las afueras; entonces salíamos y vendíamos cerámica, mi mamá también hacía telares,  hacía textiles, entonces eso siempre ha estado en la parte de atrás de mi cabeza. 

Un dia mi esposa me regaló una clase de cerámica aquí en Clayworks  en la cual me enamoré tanto que estaba yendo al estudio muchísimo, estaba usándolo tanto que ellos me dijeron que ya no podía usarlo más, entonces cree mi estudio aquí; después mi esposa me ayudo a sacar una beca para ir a estudiar a México.

Estuve allí por 10 días, busqué ceramistas y encontré que en Oaxaca  trabajaban cuatro tipos de cerámica y me fui a trabajar con los mejores ceramistas que hay allá. Su trabajo es todo artesanal, ellos van a las montañas, recogen su tierra y crean con qué trabajan, empecé a ir y me hice muy amigo de una familia y con ellos sigo yendo. A lo que voy más que nada es a la quema, que se me hace muy interesante ese proceso orgánico, para mi es increíble porque es con fuego, es controlable, y es el entendimiento de los colores del fuego el que te dice la temperatura.

¿Y cómo es la quema?

Ponen las baldosas y meten la leña dentro y la cocinan; los artesanos con los que yo trabajo realizan un estilo japonés que se me hace interesante porque ya viene eso transmitiéndose en familia desde generaciones.

También voy a empezar a trabajar con una gente en Costa Rica que trabajan el mismo estilo de quema pero los hornos son diferentes, allá los hornos los hacen con excremento de caballo, es súper interesante porque yo no tenía ni idea que el estiércol de caballo podía crear una fuerza tan grande y ser insulador. 

Aparte de este plan de ir a Costa Rica, ¿qué otros proyectos estás trabajando?

Estoy trabajando con un mural en una escuela Oaklawn Language Academy, estoy trabajando en un proyecto en el YMCA de Winston Salem, después me voy para Washington para pintar los hilos grandísimos donde ponen los granos que ponen la cebada en una cervecería y también estamos tratando de terminar un caballo para una escuela, tengo que ir a darle mantenimiento y hacer algo que funcione más con el medio ambiente porque el sol lo está matando, ese está en Myers Park y con eso más o menos terminó el año y después voy mirando que viene el próximo año. 

A tus 17 años, ¿qué sueños traías en tu maleta al llegar a este país? 

Ninguno en especifico,  es que estábamos en una época en que no había dinero para nada, entonces si acaso habían muchas películas que uno  veía y decía: si un día llegó a Estados Unidos yo quiero hacer esto, pero eran bobadas como manejar un carro e irse a la playa con las chicas.

A esa edad en Colombia normalmente habría estado en el ejército pero como perdí el año, perdí el ejército, entonces mi vida habría sido completamente diferente porque no habría podido salir de Colombia por dos años más, allá es obligatorio. Diría que el único sueño que tenía era ir al ejército y al llegar aquí, intente enlistarme, intente 3 veces la última hace 3 años cuando tenía 42 para la Guardia Costera y no pude pasar porque tengo asma, entonces ya ahí dije que eso no era para mí. Quería eso porque mi papá estuvo en la fuerza naval y en mi familia casi todos son generales y han hecho carreras en el ejército. 

Tienes ese sello en tu trabajo, en donde si alguien te ve en alguna pared sabe que eres tú. ¿Cómo describes ese sello?

Mi estilo es una mezcla de Picasso y el color que viene más del arte popular del Caribe, de México, vienen las ideas brillantes de allá, con mucho color, que hacen sentir a uno feliz, eso es lo que me gusta trabajar, esa sensación de felicidad, verlas sin importar que signifique la pieza, a lo mejor puede ser algo muy triste pero el color te deja ver la pieza y disfrutarla, aunque después entiendas que es algo triste.

El Efecto

Por Piero Milesi

Había sido invitado a una galería de arte, al este de la ciudad de Nueva York. No tenía mucho dinero en el bolsillo, pero no había podido salir de casa desde que comenzó la pandemia. Le avisé a Estefanía, una vieja amiga, sobre la exposición. Ella dijo que estaría en el lugar cerca de las nueve de la noche. Yo llegué a las ocho y treinta, y muchas personas estaban dentro del sitio. Y el lugar era rectangular y muy pequeño. Contaba con dos pisos, y el segundo piso tenía aire acondicionado y mejor circulación de oxígeno que la primera planta. Y lo primero de lo que pude percatarme, fue que los trabajos presentados, se volvían idénticos en cada espacio. Y el espacio era tan reducido como una casa a la cual no le habían dado mantenimiento hace mucho tiempo. Un espacio con las baldosas gastadas, con el aire escaseando a cada momento, y con cuadros totalmente fuera de contexto: piezas hechas de rompecabezas, cuadros imitando malamente a un Matisse, o si quiera a un Picasso.

Luego de resolver que la exposición no daba para algo, o más bien, que no hablaba sobre algo. Le dije a Estefanía que no viniese. Que realmente la galería parecía un hueso blanco a punto de romperse. O, como yo le había dicho antes: «todo esto es una cueva de snobs, buscando fama». Ella contestó con risas el mensaje, y luego dijo que nos encontraríamos en el bar Yuca, a pocos bloques de la galería. Y que se tardaría treinta a cuarenta minutos en llegar, porque todavía no salía de Queens y el trayecto era un poco largo. A lo que yo accedí, para también aprovechar a caminar por los alrededores. Pues no conocía nada del Este de la ciudad, porque pasaba mi tiempo más cerca del Oeste, o del sur de la ciudad. Así, caminé casi la distancia por tiempo por el radio del lugar. Encontré tres restaurantes de comida mediterránea, diez restaurantes de comida asiática, doce restaurantes de comida americana (llámese vagamente comida americana), un restaurante español, tres restaurantes latinoamericanos, cuatro clubes nocturnos de música electrónica, dos clubes nocturnos mediterráneos y dos clubes nocturnos latinoamericanos.

En el camino, unas cuantas ambulancias quedaron posadas entre la calle Vladimir y la tercera avenida. Al pasar por los restaurantes que ahí se instalaban, pude percatarme que uno de los coches, estaba auxiliando a una persona. La persona, de edad desconocida, de rasgos desconocidos, o de información desconocida para mí, yacía acostada y arropada, y con los pies desnudos, esperando a que la máquina se moviera hacia el hospital, mientras los empleados tomaban nota de lo sucedido. Avancé unos cuantos bloques más y me encontré con la librería de la comunidad. Un lugar angosto y amigable, con su librero, alto y también amigable. Le pregunté si tenía algo de literatura en español y él me respondió tristemente con una negativa, que yo acepté con tristeza y tranquilidad, y luego ojeé algunos estantes y me encontré con una interesante antología de poesía en inglés de Baudelerie, con un coste de tan solo diez dólares. La compré y como muchos, aspiré el olor que tienen los libros guardados o los libros recién comprados y seguí mi camino.

Así mismo pasé por un cajero automático y saqué cuarenta dólares de mi chequera y me acerqué primero a un local de pizzas a 99 centavos, que realmente costaba dos dólares, y luego entré a una licorera y compré tres pequeños frascos de Fireball, whisky con sabor a canela, y enfilé hacia el parque, con mi rebanada de pizza y mis tres pequeñas botellas de whisky con sabor a canela. Me comí tranquilamente la rebanada, pensando en lo que había visto hoy en aquella galería. Pensando en lo que realmente significaba todo eso con relación al futuro, al pasado y al presente del arte.

Pensé en todos los cuadros expuestos y en todos aquellos artistas o seudo artistas, que habían estado explicando el significado de cada una de sus obras. Observé a las personas a mi alrededor que no eran muchas, y también pude deducir que la mayoría de ellos eran estudiantes, pues a casi cinco bloques hacía el Oeste, estaba la NYU y su facultad de artes. Y eso tampoco quitaba el grotesco espectáculo que había visto hoy, y tampoco ayudaba mucho al disfrute de mi comida. Así que decidí dejarlo a un lado y comer con esmero y cariño aquella rebanada de pizza. Mientras las pequeñas ratas se paseaban por los árboles e iban de un lugar a otro en busca de un hueco en el cual descansar. Asustadas, rápidas, para nada obsoletas. Ratas de ciudad que invariablemente le darían una guerra a las ardillas y cualquier animal subterráneo.

Sonriendo tomé mi teléfono, y observé la hora, y ya eran las diez con quince minutos. Había pasado casi una hora desde que estuve esperando a Estefanía. Pero eso me había dado el espacio en el cual observar otras cosas. Y también me había dado un momento para disfrutar de mi propia compañía. Pues en el teléfono, también se destacaba un mensaje de ella diciendo que estaría en menos de veinte minutos en Yuca. Y aquel mensaje ya tenía más de diez minutos en el buzón, así que abrí la primera botellita de Fireball, y bebí todo su contenido de un solo trago, y sentí cómo el líquido empezó a quemar dentro de mí. Luego, caminé un poco hasta encontrar el bar frente al parque, en la esquina ambigua a donde yo estaba, y no la vi a ella por la entrada, y decidí cruzar nuevamente la calle y echarme las otras dos botellas. Y el licor se sentó bien en mi estomago e hizo que la harina de la rebanada de pizza no se estrellara con mis paredes estomacales. Caminé unos cuantos pasos por la oscuridad que ofrecía el parque y luego me devolví hasta el bar. Y encendí un cigarrillo y luego de unos minutos, observé la silueta de Estefanía, y abrí los brazos y nos abrazamos. Ella llevaba un vestido corto, de color verde y una chaqueta jean, y unas botas altas. Y su cabello estaba más anaranjado y brillante, y rizado que de costumbre. Ella me dijo que tenía buena vista, por haberla reconocido y yo no supe que responder. Ella me preguntó sobre la galería y le dije que no había mucho que decir. Ella me pidió un cigarrillo y fumamos un momento, y luego nos pusimos a esperar dentro de la fila para entrar.

Dentro del bar, o más bien, dentro de la discoteca, el dj, estaba poniendo todos los éxitos de Bad Bunny, mientras que nosotros ya llevábamos dos cervezas y cuatro shots de tequila. Ambos estábamos alegres y eufóricos bailando en la pista, y ella me preguntó si quería ir a otro lado. A lo que yo acepté y ella pidió rápidamente un taxi por la aplicación de Uber. Afuera del lugar, mientras esperábamos el taxi, ella me explicó que había terminado con su pareja hace más de un mes, y que sentía mejor y un poco más tranquila. Yo le dije que había sido lo mejor si ella se sentía bien. Y ella dijo que sí, que se sentía de esa forma. Que hace mucho tiempo lo había dejado de querer. Ambos nos quedamos en silencio, mientras el taxi ya se estacionaba frente a nosotros. Entramos. Y en el trayecto no supimos que decir. Yo la observé de reojo y ella chocó su mirada con la mía, y ambos sonreímos. Llegamos a Papatzul Bar, ubicado en el centro de la cuidad y en medio de la fila, conocimos a dos turistas latinoamericanos erradicados en Georgia. Sus nombres eran Marcos y Silvia, y llevaban casi los mismos años que nosotros (23, 27), y parecían ser mejores amigos y nos reímos cuando los cuatro dijimos que era realmente posible tener una amistad entre un hombre y una mujer.

Pero claramente, Estefanía y yo pudimos deducir que ellos sí estaban enamorados, y no echamos mucho ruedo al asunto. Acercándonos a la entrada, el guardia de seguridad o el promotor, parecía un tanto cansado, estresado. Su tono de voz, más bien triste, decía aquello. Yo le eché unas palmadas en el hombro, diciéndole que todo estaría bien.

El hombre en cuestión, también latinoamericano, supo creer en la fraternidad y la ternura, y nos dejó entrar, sin pagar un centavo y nos invitó shots de tequila a cada uno de nosotros. Y en ese momento las personas que habían sido desconocidas, eran ahora nuestros amigos, y también podríamos llamarles cuando necesitemos algo. Así entramos y bailamos y gritamos, y fuimos muy felices. Estefanía compró cerveza para ambos. Y algunas muchachas se juntaban con nosotros para bailar. En el intermedio de la fiesta, pensé en lo que había visto hoy en aquella galería del Este de la ciudad de Nueva York. Y me dije a mí mismo que si aquello era el camino del arte, no lo seguiría. Me negaría a todo. No cumpliría las expectativas. Porque, el verdadero arte tendría que ser sincero y expresar un mensaje, o algo real que pudiese con las grandes masas. Una antagonía. En el medio de mi divagación, Estefanía se percató de mi rostro y me tomó de la mano. Vi su sonrisa y supe que todo estaría bien. Marcos y Silvia, también sonrieron y el dj puso, Efecto de Bad Bunny. Y todos empezamos a bailar y a saltar. Y la letra decía algo como esto:

Porque la nota ya está haciendo efecto, mi mundo está jodío y me siento perfecto. Porque estás tú aquí, moviéndote así, no pare. Baby, tú eres mi droga, esta noche no le baje’

Conoce más sobre el autor en la entrevista que tuvimos con él para nuestra sección de visual.

Metamorfosis

Por Jesus Redondo

Criatura de montes,

valles, gargantas y llanto

de manantiales,

corteza tallada

a media centuria,

cuánto han cambiado

aquellos sueños

que nunca llegaste

a dibujar en

autóctono trazo,

a cuántas costas

has dicho adiós

sin mover tus manos,

cuántos silencios

sobrevenidos,

mientras esperabas

las visitas que ya no

pisarán el mestizo

felpudo a tu puerta…

Sin más soledad

que tu pasado,

te escondes del frío

arropándote en nuevas

compañas que populan

los escalones de

tus (cada vez más cortas)

semanas,

mientras el invertido

viaje de las nieves

de los años sedimentan

ya las orillas de tus barbas…

La temporalidad preside

la ausencia de un heredero

concreto a tus empeños

por sembrar

de belleza esta ya no

eterna promesa

a la que se le

mustia la novedad.

Apenas algunas flores

brotan sin plan aparente,

aleatorio testimonio

sin designado testigo,

ni más legado

que las inconclusas

e interrumpidas

balísticas trayectorias

de tus (im)propias

ambiciones en tierra extraña.

Jesús Redondo Menéndez radica en Cayce, Carolina del Sur y enseña español en la escuela secundaria; lee mucho, escribe algo, y a veces, comparte.

El libro de Nelly Tamez: La transformación de la granja

Por Margarita Dager-Uscocovich

Voy a empezar este artículo hablando de una nueva historia. La historia de Nelly Tamez, una mujer mexicana con un alto sentido del arraigo hacia lo mexicano, hacia su esencia y hacia su literatura. Su novela corta La transformación de la granja es una lectura obligatoria para esta época. El sentido de esta nos llevará a desmembrar las sociedades donde vivimos, también nos hará pensar y analizar la realidad de las ideas de que ser libre, alegre y único llegan a un nivel de riesgo inaceptable cuando las ideologías comunistas que están enquistándose en los gobiernos hasta llevarlos a ser condescendientes, comienzan a formar rebeliones en el fin de la tierra.

Para Nelly la literatura de su país no es algo de tomar a la ligera. La literatura mexicana le permitió reconocerse en la mente de otro, pero lo más importante de esta es que es prolífica, histórica y sensible. Y, es así como tomando el ejemplo de Animal Farm o en español, La rebelión de la granja del escritor inglés George Orwell, se permitió crear su novela corta La transformación de la granja y vaya que ha logrado.

Ella no ha forzado en nada su naturaleza escritora, si bien es cierto que no se desarrolla en este campo, ha tomado el mas complicado ejemplo para convertirlo en un futuro éxito. Hablando con ella comento a VozEs que su interés por la escritura surgió desde muy pequeña, sin embargo, hace casi dos décadas el pertenecer a un club de libro, le dio las bases para convertir su sueño en realidad. Este sueño fue el convertirse en una escritora independiente y desde este espacio la congratulamos e invitamos a leer su libro.

Demos paso a la entrevista.

Antes de empezar a hablar de tu novela corta, y aprovechando que pronto se celebrara la independencia de México, ¿qué significado tiene para ti el haber nacido en tierra Azteca?

Es para mí un honor y un privilegio ser mexicana, es algo que me llena de orgullo, porqué México tiene mucho que ofrecer y siempre lo da a quien lo visita; su gente alegre, hermosas playas y bellas ciudades, tanto antiguas como modernas. Además de la cultura y tradiciones que aún compartimos en nuestras casas, así como la gastronomía que disfrutamos.

En mi casa, que es su casa, no pueden faltar los tacos, las salsas, las enchiladas y las flautas, además de otros platillos que no comemos tan seguido, pero que nos encantan, como el pozole, la cochinita pibil, el mole y los tamales. Aunque he vivido ya muchos años en los Estados Unidos, y tengo la nacionalidad americana también, cuando alguien me pregunta de dónde soy, siempre digo que soy de México, Regiomontana como nos llaman a los oriundos de la ciudad de Monterrey. Lo que más extraño de mi país y que disfruto mucho cada vez que voy, es la comida y las reuniones familiares, porque, aunque encontremos los mismos ingredientes, el sabor de los platillos en nuestra tierra es siempre mejor.

¿Se que perteneces a un club de libro, cuando te afiliaste al club y por qué?

Hace como diez años comencé a formar parte de un club de lectura en México, y ahí me di cuenta de que existen distintas temáticas que me gustaron mucho y no lo sabía porque no las había intentado; por lo cual recomiendo siempre pertenecer a un club de lectura. En la actualidad es muy fácil por zoom, ya que te da disciplina y te ayuda a ver cosas distintas con diferentes puntos de vista, lo que enriquece mucho la lectura.

En consecuencia, me enamoré de las novelas históricas, el realismo mágico, el suspenso y los thrillers; las distopias me encantaron ya que me hacen reflexionar sobre las situaciones que suceden en nuestros días y qué sucedería si las llevamos al extremo.

Nelly, cuéntanos ¿cuáles son las diferencias o las similitudes entre tu novela y la de Orwell?

La novela de Orwell se escribió como una crítica al comunismo y narra la historia de la revolución rusa y la implementación del sistema por Stalin, todos los atropellos y abusos de poder que se llevaron a cabo y como los animales de la granja se veían imposibilitados de contradecirlo. La transformación de la granja vive en este mismo universo, donde los animales siguen las mismas características; como los cerdos como la inteligencia política obsesionada con el poder, los perros como el ejército, los caballos como la fuerza laboral importante, pero con poca educación. Bajo estas mismas premisas cuento la historia de la vida política de México, parodiándola con animales de granja, como lo hizo Orwell con la historia de la revolución rusa.

En mi novela mi granja se llama Menor, porque Manor en inglés es una hacienda muy grande y pues Menor (el chiste se cuenta solo)

¿Pudiste haber titulado tu obra de otra manera, por que mantener un título similar al de Orwell?, ¿deseabas crear controversia o llamar la atención?

(risas)

No, para nada.  Como he mencionado, por medio del club del libro conocí la obra de George Orwell y me atrapó, sobre todo “Rebelión en la granja”. Cuando lo leí, no podía dejar de pensar en las semejanzas que existen con la actualidad, y me lo explicaba con animalitos de granja; coincidió que en ese momento estaba tomando un taller de escritura y me inspiró para crear un “spin-off” latino de esta obra, la cual titulé “La Transformación de la granja” ya que así se llama el movimiento que en la actualidad se lleva en la política de México (la cuarta transformación). Me encantaría escribir de otros temas también, pero en ese momento, este fue el que se me vino a la mente y me pareció divertido y controversial, así que me metí de lleno a estudiar acerca de la política y trate de ser lo más neutral posible (apolítica), pero por obvias razones hay más información reciente que del pasado.

¿Por qué recomiendas leer tu libro?

Yo recomiendo mi libro para las personas de mente abierta y que se puedan ver reflejadas en los comportamientos de los animales como si fueran los humanos ¿ó al revés? Y les ayude a reflexionar sobre lo que acontece en la actualidad.

Hedy Torres y la cotidianidad del inmigrante

Por VozEs

Hedy Torres radica en Los Ángeles California; a Estados Unidos llegó a los 18 años, con un “si te vas ya no vuelves” de su familia (sin embargo vuelve dos o tres veces por año), la necesidad imperiosa de ser ella misma y su cansancio ante el machismo de su país. 

En este lado de la frontera ha encontrado una vida que le permite ser quien es, una creativa que escucha música siempre que agarra las brochas; música de banda, porque creció en una familia de músicos norteños que le acostumbraron el oído al acordeón de Ramón Ayala o al dúo de Los Relámpagos Del Norte; así se siente cómoda, siendo auténtica, ella misma. Pero esta mexicana es también alguien que ha buscado su autenticidad en las aulas escolares y en la calle, lo cual junto con su viaje como inmigrante han influenciado su obra artística. 

“Me vine a los 18 años años, mis papás  me dijeron: «si te vas ya no vuelves» y gracias a Dios después de 3 años de estar aquí yo pude agarrar mis papeles y visito a mis padres a veces dos o tres veces al año, a veces un poquito más y ya tenemos una relación más estrecha, mi papá, mi mamá y yo; he madurado bastante y mis padres también, a pesar de que son mayores, todos podemos tener ese cambio de vida, dejarles saber que ya no estamos en los tiempos de antes para tener esas ideas.” recuerda Torres.

A Hedy siempre le ha gustado dibujar y pintar, antes, por cuestiones económicas hacía más dibujos; su primer material de pintura lo compró en Walmart, recuerda. Sin embargo, su  cultura le enseñó que debía estudiar una carrera que le “diera dinero” así que se inscribió a una carrera  de enfermería, pero las materias de anatomía, las burlas a su acento latino de una profesora y el ver a alguien pintando un canvas la empujaron a cambiarse de carrera.

“Dije: si me meto a una clase de historia del arte y me gusta significa que me voy a cambiar de carrera, y significa que sí me gusta el arte;  me acuerdo que fue la primera vez que vi una pintura barroca, y cuando me explicaron de qué trataba y todo el proceso me quedé enamoradísima, dije: esto es lo mío, esto me encanta. Y  me cambié.” narra la creativa graduada de California State University con un Bachelor y Maestría en Artes. 

Hay muchísimas más razones por las que Hedy eligió el arte, entre ellas destaca la necesidad de expresarse, el arte se lo permite, aún más con la barrera del lenguaje que tenía cuando recién llegó al país, pero que ya acarreaba desde su niñez con una dislexia no diagnosticada; la necesidad de expresarse ante el autoritarismo con el que creció por el simple hecho de ser mujer y tener diferentes preferencias sexuales y el no querer tener hijos en un país en el que los roles de género son demasiado fuertes. 

“El arte es un outlet para expresarte y que la gente pueda escucharte o verte, mi arte habla sobre las personas, sobre otra gente; pero a través de esas personas yo estoy contando mi historia.»

Hedy Torres

Su maestría fue sobre inmigrantes, gente indocumentada, tuvo una serie sobre los homeless porque ella trabaja directamente con ellos; tiene su trabajo de artista y vende arte.

Y es que Hedy sabe de primera mano lo que es ser un street vendor, ya que cuando llegó a Los Ángeles quiso tener su propio negocio mientras estudiaba y compró un carrito para vender fruta en la calle, algo nada fácil y que la enfrentó a la hostigación de las autoridades  y a muchas otras barreras que la dejaron defraudada pero la impulsaron a hacer lo que era más importante para ella: arte.

Esas experiencias se transmiten en sus murales, sus piezas que muestran el día a día de los inmigrantes. Su proceso creativo comienza en la calle, en la cotidianidad de la comunidad, en una fotografía que se manipula en su iPad; a veces hace sketches cuando le llegan comisiones; no sigue las reglas básicas de colorimetría, sino que combina sus propias tinturas y experimenta. 

Pero no solo es la imagen y los colores, detrás de sus obras hay una vasta investigación. Ahora por ejemplo, la creativa está trabajando respecto a la desigualdad de salarios por género; leer, ver noticias, hablar con la gente, conocer y saber más es parte básica de su proceso. 

Su viaje no ha sido fácil, pero como inmigrante ha aprendido a sentirse de aquí y de allá lo cual le ha abierto puertas y oportunidades, quiere motivar a otros inmigrantes como ella a cambiar la mentalidad de víctima, a sentir pertenencia en este país, a sembrar y reclamar lo que uno ha dado al país, a empoderarnos como comunidad y sentirnos orgullosos de nuestra lengua, nuestro acento y nuestras aportaciones. 

“Soy de aquí y soy de allá» es un lema que empecé a escribir y creo que es importante siempre tomar la iniciativa de que donde sea que estés, uno va a hacer un chingo.

Hedy Torres

Para conocer más de la artista y su trabajo checa su perfil: @artbyheto