Por Margarita Dager-Uscocovich
«La victoria de hoy es sobre tu hombre de ayer.
La de mañana será sobre un hombre inferior.» – Miyamoto Musashi
Hablar del Kendo es adentrarse en una de las disciplinas más arraigadas en Japón, tanto como arte marcial como deporte. Sin embargo, para mí, más que hablar de él, es vivirlo. La experiencia es completamente diferente. Su etiqueta siempre nos lleva a descubrir por nosotros mismos una sola respuesta: «La capacidad de autodisciplina, de la misma manera, el poder de ser humilde».

Desde niña he conocido la diversidad de la vida asiática. Ecuador, aunque siendo pequeño como país, ha hospedado en distintas etapas a comunidades de distintas fronteras y por distintas circunstancias. El sentido de este artículo no es mencionar la diversidad cultural de mi lugar de origen, pero, ayuda mucho a entender la multiculturalidad. Eso, sin lugar a dudas, forma parte de quienes hacemos parte del Charlotte Kendo Club.
De una u otra forma nos sentimos conectados a una cultura milenaria, ya sea por sangre o por experiencia de vida. Somos afortunados de contar con un lugar donde podemos conocer a otras personas con los mismos intereses, el de mejorar como individuos a través de la práctica como kendo kas, y aunque hablemos distintas lenguas en primera instancia, nos transporta a Japón.
También podría decirse que en esta ciudad, la perseverancia, la pasión y el idioma anglo son algunas de nuestras herramientas para ser quienes somos dentro de un dojo o en conjunto como equipo en el ejercicio que demanda el Shinsa. Incluso sin el idioma, nos uniría todo lo demás porque sin lugar a dudas, el kendoka nace y se hace a través de la constante y generosa riqueza del empeño.
Esta forma de multiculturalidad permite que reconozcamos nuestras falencias como seres humanos y que cada uno se permita un autoanálisis por medio del crecimiento espiritual que el kendo te ofrece. Somos un dojo con nacionalidades variadas y con aportes excepcionales. Cada uno convierte al Charlotte Kendo Club en una joya escondida en la Ciudad Reina.
Me siento privilegiada de pertenecer a mi dojo y de poder explotar mi pasión por un deporte que considero el más completo en el sentido de compromiso y lealtad.
Al repasar mis vivencias para este artículo, vinieron a mi mente el escenario de ficción asiática que me entretenía en las vacaciones en el Teatro 9 de octubre, en la ciudad de Quevedo donde vivían mis abuelos. Era una delicia asistir a la matiné para admirar la destreza con que Bruce Lee actuaba en sus películas y otros filmes antiguos que describían la vida no solo de los chinos o vietnamitas sino de los japoneses. Las amistades en la escuela en esas épocas también ayudaban a despertar esa particular curiosidad por aprender sus expresiones, ya sea de saludo o de agradecimiento. Así fue como conocí la vida de los Chinos, Taiwaneses y Japoneses que se movían a mi alrededor de forma silenciosa y elegante.



Si nos referimos directamente a Japón, es apabullante la enorme educación con respecto a los espacios, a la privacidad de la persona, a los agradecimientos y a la independencia. Los japoneses profesan paciencia e independencia. Estas bases empiezan a conocerlas desde niños, como lo hacen con el Kendo. Pienso ahora que, si tuviéramos ese mismo fervor y resiliencia japonesa, todo occidente podría ser mejor.
Supongo que, por eso, en una forma muy distinta, quienes practicamos el deporte hemos optado por memorizar el código 753 y experimentarlo en la vida diaria. Muchos no lo conocen todavía, posiblemente no se enseña en occidente. Con seguridad un maestro en Japón jamás lo ha olvidado porque es parte de su rutina diaria. (Recordar las 7 virtudes de un guerrero, las 5 llaves de la salud y los 3 estados de la mente) eso nos hace samuráis del mundo moderno.
En el kendo existen etiquetas que son específicas reglas que se instauraron muchísimo antes de que Strawn sensei pudiera imaginar inaugurar su propio dojo en los años 80’s en esta ciudad. Y que desde hace casi dos años está dando su fruto debido a la dedicación de los maestros (senséis) quienes martes y sábado dedican dos horas de su tiempo para transmitir sus experiencias y sus conocimientos sin recibir contribución monetaria por ello. También los continuos seminarios o Shinsa que se realizan en cooperación con otros miembros que mantienen la práctica fuera de Charlotte, ayudan no solo a alcanzar la excelencia, sino a estrechar lazos de amistad. Kenneth Strawn senséi es un hombre que ha vivido el kendo en todas sus etapas y ha hecho su aportación para conocer casi todo sobre él en su libro publicado en año 2023. Su práctica de esta disciplina por casi cuarenta años lo ha hecho acreedor del respeto de todos nosotros y de sus colegas por su determinación, disciplina y valores que imparte.
Nuestro dojo ha ido cambiando de lugar a lo largo de los años. Hoy, finalmente, seguimos disfrutando de este arte en el combate que desde hace 10 años se ejerce en la misma dirección. La capacidad de enseñanza y la humildad de nuestros senséis nos permite a los miembros principiantes y avanzados, entender que el kendo no es solamente golpear a tu oponente, más bien es desarrollar la capacidad de comprender que en cada golpe que asestamos, estamos demostrando su validez y nuestras cualidades. La energía interna (kiai) y el completo desarrollo del espíritu se evocan desde el trabajo en nuestros pies (Okuri Ashi y Kamae) adaptándose a cada miembro superior hasta llegar a conectar con nuestro oponente recurriendo a Men, Kote o Do dependiendo de las oportunidades que se nos presentan.
Pelear con tu contrario es darse la oportunidad de disciplinar el carácter humano. Es decir, existen muchos motivos para practicar el deporte. Algunas personas lo practicamos para mantener nuestra salud, otros porque ha sido una tradición familiar, otros porque el propio concepto de Kendo es considerar que hay que dar mucho. Siendo sincera, no solo nos recrea como deporte. La mejor sensación que lo invade a uno es cuando tu senséi es tu motodachi, porque él te presionará hasta que los cuerpos se llenen completamente de la energía mental. Es así donde tu verdadero kendoka experimentará un entrenamiento serio, y la fuerza mental nos permitirá acrecentar la paciencia, la confianza y seguir adelante en la vida diaria como en el propio deporte.



Aquí no solo ejercitamos el físico, sino que ponemos en práctica la cortesía, la fe y lo más difícil, el respeto a la autodisciplina. Prácticamente diríamos que el propósito de nuestro dojo y de quienes practicamos el kendo es descubrir el objetivo de vida valorando la lealtad, la sinceridad, el amor a nuestra sociedad y la contribución a nuestra paz individual para recrearla en nuestra comunidad.
Para quienes específicamente no saben de qué se trata la práctica del Kendo, se los voy a explicar de la mejor manera posible. No solo es un arte marcial, como mencioné al principio, es no solo una disciplina, más bien es el trabajar por el balance espiritual, al igual que entrenas el cuerpo para poder alcanzar tus metas. Este es considerado también un deporte. Se lo practica en Japón desde el siglo XIX. Sin embargo, gracias a su rápida modernización, es también practicado en las naciones de occidente. Kendo significa «el camino de la espada». Según las cifras que se reportan en la Federación Japonesa de Kendo, se estima que 1.66 millones practican este arte como kendoka. Asimismo, existen un poco más de 6 millones de practicantes en el mundo tanto Dan registrados como miembros activos sin grados de Dan.
El Kendo es descendiente del Kenjutsu, una de las más antiguas artes marciales japonesas en la cual se utilizan espadas. A diferencia de este, nosotros los kendoka utilizamos espadas de bambú que se denominan shinai y el bogu que es la armadura con la que practicamos.
Personalmente, considero que el Kendo es elegante, y apasionante a la vez. Su ritual de saludos y agradecimiento son también complejos porque no solo denotas un respeto al deporte, sino también a tu dojo, a tus maestros y compañeros practicantes. Este ritual empieza con el ritsu rei que es el saludo de pie al entrar y salir del dojo o de tu área de práctica.
El zarei es la reverencia que se hace sentado en la postura de seiza. Estas venias son utilizadas para dar inicio o para terminar la clase y, cada una de estas normas son parte de nuestro entrenamiento. Siempre hay que conocerlas y practicarlas.
