Por Elvira Jardines
Se acerca la Semana Santa y me parece que es un buen tiempo para reflexionar sobre ese Jesús que se encarnó como uno de nosotros y después murió crucificado; y qué significado tiene en nuestras vidas. La realidad es que si no sabemos bien quién fue ese Jesús durante su etapa humana y por qué hizo lo que hizo, siempre estaremos celebrando una Semana Santa prácticamente vacía de su protagonista principal: Jesucristo.
Podríamos celebrar esta Semana Santa con otra visión. Reconociendo que Jesús está en todas partes. Permitiendo que Jesús transforme nuestras vidas.
Tenemos la tendencia de hablar de un Jesús externo, de ver a Jesús en algunos lugares particulares, que llamamos sagrados: el templo, la iglesia, la ermita, etc. Pero Jesús está en todas partes, principalmente dentro de cada uno de nosotros. Todo es sagrado porque todo fue creado por él, hasta que no hagamos ese reconocimiento en nuestras vidas, no habremos experimentado al verdadero Jesús. Poder ver el universo como un todo sagrado cambia radicalmente nuestra percepción de las cosas; no haremos daño a nadie ni a nada, porque la huella de Jesús está en cada flor, en cada árbol, en cada océano, en cada mariposa, en cada elefante, en cada delfín, en cada ser humano. Está absolutamente en todo.
La realidad es que vivimos pendientes solo de nosotros mismos (esta ha sido mi experiencia), y a las cosas y personas que tienen que ver con nosotros directamente. Sin duda, cada cosa que hacemos es para satisfacer nuestro ego. Desafortunadamente, esta manera ego centrista de vivir nos mantiene alejados los unos de los otros, nos mantiene ajenos al sufrimiento del universo, pero incluso, a lo maravilloso y bueno que hay en él.
En realidad, el ego no es más que un falso “yo”. Así que el reto está en encontrar nuestro “yo‘’ verdadero; ese que no necesita aparentar, que no necesita nada externo para experimentar el gozo de vivir, que puede vivir en armonía consigo mismo, con otros y con el planeta.
Jesucristo vino a enseñarnos esto, a eliminar nuestro ego, porque en cada uno de nosotros también está la huella de Jesús. Esa huella no podemos eliminarla porque es parte de quien somos. Cuando descubrimos nuestra verdadera naturaleza, el amor que está en nuestro interior brilla y nuestro ego se transforma en humildad y generosidad y toda su energía se convierte en compasión por los demás.
Aceptar que somos un falso yo y decidirnos a recorrer el camino que nos lleva a descubrirnos a nosotros mismos, es probablemente lo más valiente que jamás haremos.
Vivimos con demasiada ansiedad, llenos de ruidos que nos dicen que somos lo que hemos logrado en la vida: el título universitario, la posición que hemos alcanzado, la casa que tenemos, el carro que conducimos, etc.
Cuando permitimos que la presencia interna de Dios guie nuestra conciencia, descubrimos una forma nueva de pensar y de actuar. Podemos ver de manera más amplia, profunda, sabia y amorosa el mundo que nos rodea; esto nos permite colaborar con responsabilidad con la sociedad y ser parte de las soluciones que se requieren en nuestra actualidad para enfrentar la injusticia de nuestro tiempo.
Solo de esta manera podemos decir que Jesús es el protagonista, no solo de la Semana Santa, sino de nuestra vida. Y ese Jesús externo, lejano, ahora vemos que siempre ha estado cerca, dentro de cada uno de nosotros, convirtiendo nuestra vida en un lugar sagrado. El camino hacia esta verdad requiere paciencia y confianza y este camino es un camino abierto dentro de cada corazón humano.
Elvira Jardines
Profesora de lengua y literatura hispano-americana
Nació en la Habana, Cuba, y el gusto por la poesía lo tiene desde niña. Su madre le leía a José Martí y muy pequeñita memorizaba sus versos. Es profesora de lengua y literatura hispano-americana. Ahora jubilada del departamento de Language and Culture Studies de UNCC.

