Por Sorayda Diaz
En el corazón de la vida y obra de Kourtney Paloalto, late una historia compleja, tejida con hilos de dos mundos: México y Noruega. Esta artista ha aprendido a habitar en la frontera entre ambas culturas, explorando su identidad a través del arte. Su más reciente proyecto, una instalación para el festival de arte de Charlotte, es un reflejo vibrante de esta dualidad. Con el papel picado de vinilo tintado como su herramienta, Kourtney lleva una tradición mexicana a nuevas alturas, pero lo que subyace en su obra es mucho más que técnica o materiales.

«Siempre he estado entre dos mundos», dice Kourtney, mientras ajusta los últimos detalles de su obra. «Por un lado, crecí con la cultura noruega de mi padre, celebrando la Navidad con arenques en escabeche. Pero también tengo ese fuego mexicano que ahora estoy aprendiendo a celebrar con más fuerza».
Kourtney nació y creció en Tacoma, Washington, un lugar donde la comunidad latina es pequeña, y donde el arte y la cultura mexicana parecían casi ausentes en su vida cotidiana. Sin embargo, esa ausencia ha sido la chispa que ha encendido su búsqueda artística. «Durante mi infancia, no había mucho espacio para mi lado mexicano. Estaba en un distrito escolar predominantemente blanco y no veía reflejada esa parte de mí en mi entorno», recuerda. Pero el último año ha sido un renacer para Kourtney, un momento en el que ha decidido abrazar y celebrar su mexicanidad con la misma intensidad con la que ha honrado sus raíces nórdicas.


En su obra reciente, esa dualidad cultural se manifiesta no solo en los colores vibrantes del papel picado, sino también en los patrones precisos que recuerdan las técnicas de bordado que aprendió de su abuela noruega. «Mi abuela me enseñó a coser, y eso ha dejado una marca en mí. Siempre he sentido que el arte tiene una conexión con las raíces, con quienes somos, y mis obras buscan honrar ambas partes de mi identidad», explica.
Pero su trabajo no solo teje culturas; también conecta disciplinas. Antes de dedicarse al arte a tiempo completo, Kourtney era científica en diagnósticos moleculares. En su enfoque artístico, la ciencia y el arte no son mundos separados, sino universos que convergen.
“Pienso que la ciencia es increíblemente bella. La estructura del ADN, por ejemplo, tiene una simetría y complejidad que quiero explorar más en mi trabajo. Es parte de lo que somos a nivel molecular, pero también es arte en sí mismo”.
El proyecto actual de Kourtney, una instalación de papel picado, es una expresión de todo lo que ha venido aprendiendo sobre sí misma. Los cortes delicados y los colores brillantes no solo hablan de su herencia mexicana, sino también de su búsqueda de equilibrio entre ambas culturas.
«Este proyecto es como yo: un poco de todo. Es celebrar el color y la tradición de mis ancestros mexicanos, pero también es el rigor y la precisión que he aprendido a valorar de mi lado noruego y científico».

Charlotte, la ciudad que ahora llama hogar, le ha ofrecido un lienzo donde plasmar su identidad dual. Aunque al principio la ciudad le pareció un poco extraña, rápidamente encontró en la comunidad artística un espacio donde su trabajo y su voz podían florecer. Llegó a Charlotte sin saber si habría lugar para ella, pero ha sido un viaje increíble ver cómo las puertas se han abierto. La comunidad artística de esta ciudad le ha acogido, y siente que finalmente he encontrado un lugar donde puede ser ambas cosas, la mexicana y la noruega, la científica y la artista.
Con cada pieza, Kourtney teje una historia de dualidades: ciencia y arte, México y Noruega, lo tradicional y lo moderno. Su obra es un testimonio de que no es necesario elegir un solo camino. Al igual que su arte, ella es un puente entre mundos, y cada nuevo proyecto es un paso hacía descubrir todo lo que puede ser.
«Ser mitad y mitad no me hace menos de algo», afirma con convicción. «Me hace más, y eso es lo que quiero mostrar en cada trazo, en cada color, en cada obra».
