Por Juan David Cruz Duarte
“I’ve seen the underwater garden and,
let me tell you, man:
I am not afraid to die,
as much as I’m afraid
to feel like dying everyday
for the rest of my life”.
Mishka Shubaly, “Your Plus One at Your Funeral”
No, yo no le tengo miedo a la muerte.
Esto lo descubrí hace muchos años.
En soledad es más fácil
conocernos a nosotros mismos.
Y no es porque los días traigan, cada cual,
sus propias tragedias íntimas,
mundanas, prosaicas.
No es por el peso de dolores viejos,
no es por el hastío y la fatiga.
Yo no sé por qué no le tengo
miedo a la muerte.
No quiero morirme hoy o mañana,
pero si esa fuera mi suerte
seguramente no renegaría de ella.
Y aunque no ansío impaciente el fin,
debo aceptar que cuando me entero de la muerte
de un familiar o un amigo
a veces no puedo evitar sentir
algo de envidia.
Al fin y al cabo,
al menos ya no tendrán que soportar este circo
absurdo de horrores, frustración y hastío.
Tal vez son los muertos los que deberían
sentir lástima de nosotros.
No me conmueve la idea de vivir por siempre.
La inmortalidad sería una forma de locura.
Pero tampoco es esta la razón.
Yo no sé.
Yo no sé por qué no le tengo miedo a la muerte.
