Bogotá: 2138

Camino por las calles de Bogotá. Una lluvia fría moja mi chaqueta de plástico transparente. Mis botas de cuerina impermeable pisan los charcos que reflejan las luces de neón como si fueran espejos de mercurio líquido vibrando al ritmo de los aero-deslizadores eléctricos. Un vendedor ambulante en una esquina está repartiendo disimuladamente tarjetas de burdeles de androides: “fembots”, dice en voz baja: “grandes, pequeñas, jóvenes, viejas, morenas, pelirrojas. ¿Qué se le ofrece?” Yo le compro un cigarrillo de marca Nativo Americano. Dicen que estos nuevos cigarrillos de nicotina sintética no son adictivos. Si eso es cierto, ¿por qué siento ganas de fumar cada vez que empieza a llover?