Voces que transforman Charlotte: Fragmentos

Por VozEs

Los fragmentos presentados en este espacio forman parte de una antología comunitaria bilingüe impulsada por Irlanda Ruiz Aguirre y HabilidadX en Charlotte, Carolina del Norte. El proyecto ha sido construido a través de talleres guiados de escritura y edición, donde las historias surgen de las experiencias reales de integrantes de la comunidad latina.

Más que una recopilación de textos, esta iniciativa busca amplificar voces que con frecuencia permanecen fuera de los espacios tradicionales de publicación, creando relatos que dialogan con la ciudad que habitamos y con quienes la construyen día a día. Cada historia ha sido desarrollada no solo como testimonio, sino como una obra viva capaz de generar conexión, reflexión y sentido de pertenencia.

El proyecto culminará con la publicación de una antología colectiva el 5 de agosto de 2026. La portada del libro fue ilustrada por el diseñador mexicano Jacobo Strimling.

Un total de 15 autores fueron seleccionados para formar parte de esta publicación. A continuación, compartimos fragmentos de algunas de las historias que integran esta antología y cuyos autores compartieron con VozEs.


No vinimos a desaparecer

El quiebre llegó un martes. Uniforme doblado sobre la silla. Rodillas que ardían. Libreta de gastos abierta como una sentencia. Él caminaba. Ventana. Cocina. Ventana. Cocina. Como si el movimiento pudiera resolver lo que las palabras no podían.

—No vuelvo —dijo ella.

Él se detuvo en seco.

—Es el primer día.

—Es el mismo día. Otra ciudad. Otro trabajo. Mismo olor. Mismas miradas.

El silencio que cayó entre ellos pesaba más que cualquier argumento.

—Tenemos treinta días —dijo él—. Después de eso, nada.

—Lo sé.

—Entonces explícame qué hacemos.

Ella lo miró directo a los ojos.

—Hoy sentí que desaparecía.

—¿Qué?

—Me vi desde afuera. Sonriendo. Asintiendo. Moviéndome. Pero yo no estaba ahí. Era un cuerpo en automático, haciendo lo que le habían enseñado. Nada más.

Él conocía esa sensación. La había sentido servir el plato número cien de la noche. Reírse del chiste número mil sobre su acento. Decir «gracias» cuando alguien le dejaba dos dólares de propina después de una cuenta de ochenta.

—Pasa. Es parte de…

—¿De qué? ¿De adaptarse? —lo interrumpió ella—. ¿Sabés cómo se llama adaptarse tanto que ya no te reconocés? Se llama desaparecer.

La palabra quedó flotando. Desaparecer. No morir. Algo peor. Estar vivo y no estar. Él se sentó. De pronto no tenía fuerzas para seguir caminando.

—¿Y qué querés que hagamos? —Su voz se quebró en la última palabra.

Ella caminó a la ventana. Afuera, el cardenal rojo estaba en su rama.

—Ese pájaro no pidió permiso para estar ahí —dijo—. No se adaptó. No se hizo pequeño. Simplemente es.

—Es un pájaro.

—Y nosotros también somos. Pero aprendimos a encajar.

Él respiró hondo.

—Tengo miedo.

—Yo también. Pero tengo más miedo de despertar en diez años y no saber quién soy.

No fue un grito. Fue un susurro. Pero en ese apartamento vacío sonó como una declaración de guerra.

¿Por qué decidimos contar esta historia?

Escribimos para nombrar lo que muchos viven en silencio. Que adaptarse puede significar desaparecer. Que hay una línea delgada entre integrarse y borrarse. Que sobrevivir no es lo mismo que existir.

Y nosotros no vinimos a desaparecer.


Alejandra Daza (Tunja, Colombia) Pedro Cordido (Caracas, Venezuela), 4 años viviendo en Charlotte

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El costo de cumplir un sueño

Salir fue difícil, peligroso, desordenado y me dio mucho miedo pasar por esas trochas, esos pasos ilegales donde muchos venezolanos han perdido la vida para llegar a Colombia; sin embargo, más me asustaba quedarme. La luz que escaseaba en la ciudad la empecé a ver en la frontera.

¿Por qué decidí contar esta historia?

Decidí contar esta historia para mostrar que emigrar no es solo cambiar de país, sino sobrevivir, reconstruirse y volver a encontrar quién soy lejos de casa.

Yuliana Montiel (Venezuela), 3 años y 8 meses viviendo en Charlotte

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Aculturarse sin perder la esencia

Fue entonces cuando me hice una pregunta clave:
¿Cuánto tengo que desaprender para volver a aprender y lograr un balance sin perder mi esencia? No solo sobrevivo; transformo y enriquezco cada lugar que toco. Cada paso confirma un orgullo que no se negocia.
Qué bendición ser maracucha de corazón.

¿Por qué decidí contar esta historia?

Me tomó tiempo entender que adaptarme a otra cultura no significaba dejar de ser yo, sino aprender a moverme entre dos mundos sin perder mi esencia.

Magbis Núñez Love (Venezuela), 24 años viviendo en Charlotte

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El reflejo de la metamorfosis: mi propio vuelo 

Me desperté y me vestí casi sin pensar. Franela blanca, pantalón beige manchado de productos químicos, zapatos grises. Frente al espejo me detuve unos segundos más de lo habitual. No era vanidad; era desconcierto. No me reconocía. El rostro sin maquillaje, los ojos cansados, la ausencia de esa urgencia por avanzar y de la frase inspiradora que solía repetirme cada mañana como un ritual”.

¿Por qué decidí contar esta historia?

Quiero que otros migrantes se inspiren y confíen en que también llegará su momento de reencontrarse con su pasión profesional.

Adriana Henriquez (Venezuela), 6 años viviendo en Charlotte

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La madrugada que empezó mi renacer.

La central de autobuses estaba casi vacía. La luz amarillenta caía sobre el
piso húmedo y el eco de los pasos ajenos parecía más fuerte de lo normal.
Caminé hacia la sala de espera y me senté en una banca de metal fría. El frío
atravesó mi ropa y se me metió en los huesos. Abracé mi maleta contra el
pecho como si fuera un escudo, como si pudiera protegerme de lo que estaba
por venir.
Las manos me temblaban. Por un instante miré la puerta. Podía regresar,
podía decir que no estaba lista, podría volver a esa casa donde las cosas se
habían ido vaciando poco a poco.

¿Por qué decidí contar esta historia?

A veces el renacer comienza cuando ya no podemos seguir quedándonos.

Leticia Aguilar (México), 6 años viviendo en Charlotte

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El Sonido de Code Switch

«Espera, ¿qué clase de acento es ese?”
“¿Qué dijiste?”
“¿Pero de dónde eres?”
“Ahhh, pero entonces tú no eres peruana, eres americana.”
Sin embargo, el sentido de pertenencia comenzó en casa.
Las conversaciones de sobremesa se alargaban los domingos por la tarde. La cocina olía a cebolla y ajo sofritos: Ají de Gallina, Causa, Papa a la Huancaína, Tallarines Verdes. El castellano y el inglés flotaban por cada cuarto.
Era bailar con mi mamá en la sala, comer postre de chocolate, darles pan a los patos con mi papá. Ir a misa los domingos abrazando mi muñeca Cabbage Patch Kids. Trepar árboles.
Pero afuera, las cosas eran distintas.
Fuertes acentos sureños. Almuerzos diferentes.
Historias diferentes.
Yo sonreía durante el día.
A veces regresaba a casa con lágrimas.»

¿Por qué decidí contar esta historia?
Para reconocer que la adaptación nos hace crecer, vivir y amar.

Claudia A. Ramos (Perú), 22 años viviendo en Charlotte

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El valor de no rendirse

Lo que más me dolía no era solo la detención. Era haber sido considerada, detenida y procesada como una criminal. Era la sensación de vulnerabilidad. La separación forzada de mi hijo. Apenas lo había enviado a mi país para protegerlo del ambiente tenso que vivíamos. Era tan pequeñito, frágil y hermoso. En medio de todo ese caos emocional, mi mayor temor era él. ¿Cómo estaba? ¿Qué entendería algún día de todo esto? ¿Por cuánto tiempo no podría verlo? ¿Cuánto duraría la separación?
Sentada frente al banco, con ese cheque en la mano, pensaba en mi hijo más que en mí. El monto era de $53.12, menos de los cien dólares con los que había llegado a Estados Unidos años atrás. Ese cheque representaba, en ese momento, mi único recurso inmediato.

¿Por qué decidí contar esta historia?
Con esta historia de vulnerabilidad, te invito a no renunciar a ti mismo ni a tus sueños.

Alba Sánchez (Costa Rica), 23 años viviendo en Charlotte

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La Flama

“Levántate ya, hija. Ya es hora.”

La escuché cuando la noche todavía no había decidido soltarse del todo. Como una flama que se rehúsa a extinguirse. No supe si estaba despierta o si el sueño había abierto una grieta por donde se cuelan las voces que no piden permiso. Llegó bajito, como llegaban siempre sus palabras, sin urgencia y sin mucho ruido. Después sentí su mano tibia apoyarse en mi antebrazo, con la misma firmeza tranquila con la que me despertaba de niña.

¿Por qué decidí contar esta historia?

Poco hablamos de esas personas que dejamos esperando volver a ver. De los abrazos que posponemos creyendo que el tiempo será generoso con nosotros. Como migrantes, muchas veces ese día nunca llega.

Sorayda Díaz León (México), 14 años viviendo en Charlotte

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Hopscotch

While I was still living in my car, I managed to find jobs as a math teacher at a high school and as an ESL instructor at Central Piedmont Community College in the evenings.

When I received the divorce papers from my ex’s lawyer, I couldn’t help but immortalize the end in a poem.

Obituary

The Collins’ marriage died at age three on July 31st, 2009
Visitations will occur till October 15th, 2010
Funeral at Lawyer’s office some day in October 2011.

One of the most popular interracial marriages in North Carolina has died at a very young age.
After being in the ICU for two years, the couple has decided to unplug the cord.

His stoic figure will always be remembered amongst friends.
His blond hair, green eyes, perfect teeth and height will no longer be associated with his counterpart.

His Harley-Davidson paraphernalia will depart with him, leaving nothing but a rumbling noise dimmed with distance.

She claims: her life back, the dog, and a poetry book she acquired before the wedlock.

Viewings will be celebrated at her apartment.
Shoes are optional.
Wine and laughter are mandatory.

It has been decided that his funeral will be closed casket.
Hers will be open to anybody who wants to dance to rhythms of cumbia, skirts and candle lights to incinerate the past.

Do not send condolences.
Only flowers and sincere hugs are accepted.
No RSVP necessary.

¿Por qué decidí contar esta historia?

Me di cuenta de que nunca he hablado de esta parte de mi vida. Quiero que las personas se sientan libres, no avergonzadas, de las tragedias y los abusos que ocurrieron durante su infancia. Cuando una persona habla, otras se suman, y es entonces cuando ocurre la verdadera libertad.

Kurma Murrain (Colombia), 22 años viviendo en Charlotte.

Para mayores informes, contactar directamente a la editora del texto, Irlanda Ruiz Aguirre o en http://www.habilidadx.org

La antología fue hecha posible gracias al apoyo del Creative Growth Grant de la ciudad de Charlotte.

Fotos blanco y negro: Héctor Vaca Cruz

Foto portada: Cortesía Jacobo Strimling

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