Por Irlanda Ruiz Aguirre
El hastío y el coraje están de vuelta en la esquina,
se acompañan mutuamente de manera intermitente;
es el precio que se paga por ser consciente.
Mientras en las gradas todo parece ser una farsa,
una obra de teatro barata y mal actuada.
Desde lejos se le dice al que sufre que resista,
Y al que llora, que sonría.
Se le dice al pobre, que trabaje más fuerte.
Se le dice a la mujer que sea paciente.
Se le dice al que lo logró que esté silente.
Nos rodea el monólogo absurdo de palabras redundantes,
El parloteo incesante, de discursos ignorantes.
Se dicen sandeces que repetimos y aceptamos,
pues se nos juzga, si cuestionamos.
Y es así como permanecemos callados,
ante las falsedades impuestas en nuestra vida;
romantizando la miseria y la apatía.
Somos producto de un entorno fracturado.
De una hipocresía podrida, de un engaño enraizado.
Somos la prole de miles de farsas acumuladas,
Somos los sobrevivientes de las falacias arraigadas.
