Reconstrucción y resiliencia: La historia detrás de «Zoomies Piñatas»

Por Sorayda Díaz

Sandra describe su vida como un casete que fue cortado y reconstruido con una nueva cinta.

Así se siente su historia migratoria: una interrupción abrupta en su adolescencia cuando dejó su hogar en San Miguel Tlateteco, Morelos, para acompañar a su familia a Estados Unidos. A los 15 años, llegó a Monroe, Carolina del Norte, sin entender del todo hacia dónde se dirigía su vida. Hoy, a través del arte de las piñatas, ha encontrado una forma de reencontrarse consigo misma y de compartir su herencia cultural con su comunidad.

La piñata: tradición y significado

La piñata, un símbolo colorido de las celebraciones mexicanas, tiene una rica historia que trasciende generaciones. Originalmente, las culturas indígenas mexicanas llenaban cántaros de barro con semillas y los rompían como parte de sus rituales de cosecha. Con la llegada de los colonizadores, las piñatas evolucionaron, adoptando colores vibrantes y nuevos significados asociados con la religión y las festividades. Hoy en día, la piñata no solo es un juego para fiestas, sino también una expresión de creatividad y un vínculo con las raíces culturales.

Para Sandra, la piñata es mucho más que un objeto decorativo; es un reflejo de su propia identidad. Cada piñata que crea lleva consigo la tradición, el esfuerzo y la historia de una mujer que ha sabido reconstruirse.

Sandra comenzó a hacer piñatas casi por casualidad. En un inicio, eran simples creaciones para sus hijos o sobrinos, pero pronto sus habilidades llamaron la atención de amigos y familiares, quienes empezaron a pedirle encargos. Lo que comenzó como un pasatiempo se convirtió en un negocio que ahora le da propósito y dirección.

El nombre Zoomies tiene un origen entrañable y personal en la vida de Sandra. Surgió como un homenaje a Oreo, un perro que la acompañó durante muchos años. Oreo era conocido por su energía desbordante y por sus travesuras de brincar de un sillón a otro, un comportamiento que Sandra asociaba con lo que en inglés se conoce como «zoomies», el término coloquial para describir los estallidos de energía que los perros muestran cuando corren o juegan frenéticamente en círculos.

Cuando Oreo falleció, Sandra decidió honrar su memoria utilizando este nombre para su negocio de piñatas. La elección no solo refleja el cariño que tenía por su fiel compañero, sino que también encarna la energía, la alegría y la creatividad que pone en cada una de sus piñatas. Así, Zoomies no solo es un nombre, sino un tributo lleno de significado y amor que conecta sus creaciones con una parte importante de su vida.

«Cada piñata es una parte de mí», dice Sandra, quien elabora cada pieza con una dedicación y paciencia excepcionales.

Utiliza técnicas tradicionales, como el engrudo y el papel periódico, y combina elementos reciclados para mantener el vínculo con las raíces artesanales de México. Al trabajar con figuras más elaboradas, como personajes de películas o iconos culturales, Sandra ha llevado la piñatería más allá de las formas tradicionales, destacándose por la creatividad de sus diseños.

El proceso de crear una piñata es tanto físico como emocional. Sandra lo describe como un acto de autodescubrimiento:

«Mientras hago una piñata, siento que me estoy reconstruyendo a mí misma». El ensamblaje de cada detalle, la paciencia para esperar el secado y el cuidado en la decoración reflejan el esmero con el que ha reconstruido su vida en un país que inicialmente se sintió ajeno.

Las piñatas de Sandra no solo son piezas de arte, sino también herramientas para transmitir la cultura mexicana a las nuevas generaciones. Para ella, es fundamental que sus hijos y otros niños aprendan sobre tradiciones como el Día de Muertos, una celebración que considera esencial para preservar la identidad cultural.

Más allá de las piñatas

Aunque Sandra ha dedicado su tiempo a ser madre y a trabajar para mantener a su familia, siempre sintió el deseo de completar su educación. Después de años de postergar sus estudios, recientemente retomó la preparatoria en línea a través de un programa del gobierno mexicano. Su objetivo es no solo concluir la preparatoria, sino también estudiar una carrera universitaria relacionada con el arte y el cartón, disciplinas que se han convertido en su pasión.

«Quiero que mi hija vea que es posible superarse como mujer, a pesar de las circunstancias», dice Sandra. Su historia es un testimonio de resiliencia, de cómo las dificultades pueden transformarse en oportunidades y de cómo el arte puede ser una herramienta para sanar y crecer.

Sandra sueña con expandir su negocio, incorporando más elementos tradicionales y mostrando al mundo el valor cultural y artístico de las piñatas mexicanas. Uno de sus proyectos para este año es crear piñatas tradicionales con picos y colores vibrantes, como las que recuerda de su infancia en México. «Quiero que la gente vea que las piñatas son más que un objeto de fiesta; son una forma de arte», afirma.

Además, espera algún día regresar a México y participar en el Festival Cartonero de Cuernavaca, donde los artesanos muestran sus habilidades con figuras elaboradas de cartón. Para Sandra, este sería un momento culminante en su camino de autodescubrimiento y conexión con sus raíces.

Una vida reconstruida

La historia de Sandra y sus piñatas es una metáfora de su propia vida: un proceso de desarmar, reconstruir y crear algo nuevo y hermoso. En cada pieza que elabora, no solo está plasmando su creatividad, sino también su amor por la cultura mexicana y su determinación de salir adelante.

Sandra nos recuerda que, como las piñatas, todos somos una mezcla de tradición, esfuerzo y color, y que siempre es posible reinventarnos, sin importar cuán rota parezca la cinta del casete.

Sigue a Zoomies Pinatas en su cuenta de Instagram: instagram.com/zoomiespinatas/

Fotos: Cortesía

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