Por Sorayda Díaz

Cuando Willie Quintana dejó su natal Barinas, Venezuela, en 2015 rumbo a Estados Unidos, llevaba en su equipaje algo más que sueños: llevaba consigo una profunda conexión con sus raíces culturales y musicales. Proveniente de una familia donde la música tradicional y folclórica siempre estuvo presente, Willie creció entre melodías venezolanas y tambores llenos de historia.
Al llegar a Nueva York, se involucró en distintos proyectos musicales, explorando géneros diversos como la cumbia y el ska, buscando siempre un espacio para manifestar su propia identidad cultural. Fue en 2017 cuando decidió reunirse con otros músicos venezolanos para dar vida a un proyecto propio: Tambor y Caña.
La agrupación nació con el objetivo claro de rescatar y promover la música afrovenezolana, un género ancestral que mezcla ritmos provenientes de África con elementos autóctonos venezolanos. «Comenzamos nosotros cuatro a darnos a conocer como agrupación: Daniel Prueba, Jacob Vital, Kevin Constante y mi persona,» recuerda Willie, quien desde entonces ha liderado el grupo con pasión y determinación.
Uno de los principales retos fue precisamente romper las barreras culturales y encontrar un público receptivo a una música que en Nueva York aún era poco conocida. «Al parecer ya había algunas agrupaciones en Nueva York, pero no se mantuvieron en el tiempo porque no había tanta comunidad de venezolanos», explica Willie. Sin embargo, con el crecimiento reciente de la diáspora venezolana, Tambor y Caña encontró un terreno fértil donde florecer.




«Para mí, nuestra música suena a sabrosura. Es energía, fuerza y ancestralidad», describe Willie con entusiasmo.
A lo largo de casi ocho años, Tambor y Caña ha llevado esta sabrosura afrovenezolana a prestigiosos escenarios como el Lincoln Center y el City Hall de Nueva York, logrando conectar no solo con venezolanos, sino con diversas comunidades latinas y afroamericanas, despertando interés y curiosidad por su cultura.
Consciente de la importancia de educar para preservar, Willie fundó ETAPA (Escuela de Tambor Afrovenezolano y Percusión Afrolatina) en 2021, tras la pandemia. La escuela no cuenta con una sede fija, sino que realiza talleres y clases en diversas instituciones educativas y culturales. Su objetivo es claro: enseñar a las nuevas generaciones el valor y la riqueza de estos ritmos ancestrales.
De estos talleres surgió otro proyecto destacable: Tamborellas, una agrupación femenina que muestra cómo las mujeres también pueden liderar la percusión afrovenezolana. Esta iniciativa rápidamente llamó la atención y se ha presentado exitosamente en diferentes eventos culturales en la ciudad.
Para Willie, la música afrovenezolana en Estados Unidos sigue evolucionando positivamente.
«No estoy en contra de que nuestra música evolucione o se fusione con otros géneros, siempre y cuando se mantenga la raíz, lo original de nuestro pueblo», asegura.

El nombre Tambor y Caña tiene su propia historia, como explica Willie: «La palabra ‘caña’ la tomé del término español que significa darle fuerza o energía, pero también tiene ese doble sentido jocoso de la bebida, el licor, que suele acompañar nuestras celebraciones tradicionales».
Hoy, Tambor y Caña no es solo un grupo musical, es un símbolo vivo de la diáspora venezolana en Nueva York, un espacio donde se celebra la identidad y se preserva la memoria cultural a través del tambor, la danza y el canto. Willie Quintana y su equipo continúan llevando su sabrosura por nuevos caminos, dejando claro que el tambor afrovenezolano tiene aún mucho que contar.
Conoce más de Tambor y Caña en: instagram.com/tambornyc

Excelente amigo Willie.Dios siga bendiciendo tu intelecto,salud y bienestar, me alegra saber que estás triunfando de buena fe por esos lugares,segura estoy que vas agarraditode la Mano Poderosa de Nuestro Padre Celestial y de su Madre Santísima la Virgencita María. Saludos y bendiciones a tu amada familia,cómo los recuerdo!!! Quien te escribe es Petrica Salazar,Barinas,Venezuela