El arte de reconstruirse bailando: Salas Agency

Por Sorayda D. León

Ángela Castillo y Mauricio Salas llevan más de dos décadas construyendo una vida juntos entre escenarios, ensayos y proyectos culturales. Se conocieron en un taller de danza en la universidad en Perú y, desde entonces, el baile ha acompañado prácticamente cada etapa importante de sus vidas: el amor, la amistad, la familia, los hijos y ahora también la experiencia migrante.

Antes de mudarse a Estados Unidos, ambos ya tenían una amplia trayectoria en gestión cultural y danza en Perú. Pero cuando llegaron a Charlotte en 2022, pensaban enfocarse principalmente en proyectos culturales y dejar un poco atrás los escenarios. Sin embargo, la ciudad, la comunidad latina y las coincidencias terminaron llevándolos nuevamente hacia el baile.

“Parece que acá quieren que bailemos”, recuerda Ángela entre risas.

Y así comenzó una nueva etapa para ellos: no solo como artistas migrantes, sino como promotores culturales decididos a crear puentes entre comunidades latinas desde el arte.

La historia de ambos está profundamente ligada a la cultura peruana. Mauricio trabajó durante más de veinte años en gestión cultural y producción artística en Perú, desarrollando proyectos nacionales e internacionales. Ángela, además de comunicadora, formó parte de compañías de danza desde joven. Juntos fundaron en Perú una agrupación artística que hoy continúa activa después de dos décadas.

Migrar no significó abandonar esa experiencia, sino preguntarse cómo transformarla en algo nuevo.

Primero llegaron a Orlando, pero después de varias visitas a Charlotte, donde parte de la familia de Mauricio ya vivía, comenzaron a imaginar la posibilidad de echar raíces aquí. Descubrieron una comunidad latina pequeña en comparación con otras ciudades, pero profundamente activa y con una necesidad real de espacios culturales.

Así nació Salas Agency, una plataforma creada para promover artistas latinos, conectar proyectos culturales entre ciudades y desarrollar espectáculos que ayuden a visibilizar el talento de las comunidades inmigrantes.

Pero el proceso migratorio también tuvo momentos difíciles.

Ambos hablan del duelo que implica dejar atrás una vida construida durante años. Amigos, rutinas, reconocimiento profesional, espacios culturales, familia. Todo cambia. Y muchas veces, el cuerpo sigue avanzando antes de que las emociones alcancen a comprender lo que está ocurriendo.

Ángela recuerda especialmente el vacío de pasar de una vida llena de proyectos y movimiento en Perú a largas mañanas sola en casa mientras sus hijos estaban en la escuela. “Mi mundo se quedó vacío en ese sentido”, cuenta.

Mauricio, por su parte, describe un duelo más relacionado con el desarraigo profesional y cultural. Toda su experiencia estaba construida alrededor de la cultura peruana. Migrar lo obligó a preguntarse quién era fuera de ese contexto.

Sin embargo, ambos coinciden en algo: el arte terminó convirtiéndose en la herramienta que les permitió reconstruirse emocionalmente.

Y la danza volvió a aparecer casi de manera inevitable.

Lo que comenzó con pequeñas presentaciones y concursos terminó creciendo rápidamente. Hoy desarrollan espectáculos, participan en festivales de toda la ciudad y forman nuevas generaciones de bailarines desde Perú Expresión, proyecto que ahora tiene sede también en Charlotte.

Sus clases reúnen a jóvenes peruanos, colombianos y estadounidenses nacidos aquí, muchos de ellos descubriendo por primera vez las danzas tradicionales latinoamericanas. Para ellos, ese intercambio cultural es precisamente el objetivo.

“Cuando migras, ya no eres solamente peruano o mexicano. Te conviertes en parte de una comunidad latina más grande”, dice Ángela.

Esa visión atraviesa todo lo que hacen.

A través de programas educativos y colaboraciones con otras organizaciones culturales de Charlotte, buscan mostrar que la danza puede ser también una forma de memoria y de pertenencia. No solo enseñan pasos o coreografías; enseñan historias, contextos y raíces.

También trabajan ayudando a profesionalizar proyectos culturales latinos dentro de Estados Unidos, especialmente en ciudades donde las comunidades inmigrantes todavía están creciendo y no siempre cuentan con estructuras artísticas sólidas.

Quizá uno de sus proyectos más personales sea Memories of Perú, una pieza presentada en Boom Charlotte que narra su historia de vida y migración a través de cinco bailes tradicionales peruanos.

No hay diálogo. No hay explicación verbal.

Solo movimiento.

La obra cuenta cómo se conocieron, cómo crecieron juntos, cómo migraron y cómo intentaron reconstruirse emocionalmente lejos de casa. Y, según cuentan, muchas personas lograron conectar con la historia aun sin conocer los bailes o su significado cultural.

Ahí entendieron algo importante: la danza tiene un lenguaje propio.

Uno que puede cruzar fronteras, idiomas y nostalgias.

Cuando hablan entre ellos, todavía se nota la complicidad de quienes han atravesado juntos varias vidas distintas. Se corrigen fechas, se completan frases y recuerdan coincidencias como si siguieran descubriendo conexiones nuevas en su propia historia. El espectáculo Memories of Perú, por ejemplo, terminó estrenándose exactamente el mismo día de aniversario de bodas de la pareja, casi sin planearlo.

Y tal vez eso resume bastante bien lo que representan.

Porque más allá de la danza peruana, los concursos o los festivales culturales, lo que Ángela Castillo y Mauricio Salas están construyendo en Charlotte es una forma de comunidad.

Un recordatorio de que migrar también puede ser volver a encontrarse con partes de uno mismo que parecían perdidas.

Y que, a veces, bailar también puede ser una manera de quedarse.

Conoce más devla pareja en su sitio web

https://www.instagram.com/salas.art.agency/?hl=en

Deja un comentario

Descubre más desde Vozes de Expresión

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo