Voto: menos egocentrista y más ecuánime

Por Margarita Dager

Escribir sobre las votaciones de la comunidad latina o más bien, de los hispanoamericanos en Estados Unidos no es fácil, no es fácil, ya que el tema desata una cadena infinita de preguntas y de acusaciones que nada tienen que ver sobre el hecho de votar en sí, sino más bien, se ve que en la actualidad el hecho de que personas que no comulgan con la moral ni la ética para ejercer un puesto público, estén presentándose a ser candidatos a escaños donde hay que representar a parte de una sociedad que crece y que aporta significativamente al país. Esto no solo sucede aquí, en mi segunda patria, en mi segundo hogar, el cual prácticamente veo que ya no está exento de irse corrompiendo por el pensamiento extremista de algunos.

Como lo he mencionado en un sinnúmero de ocasiones, aquí y allá, el hecho de votar no es solo el mero ejercicio de vestirse y de arriesgarse a apoyar a su candidato predilecto. Este debe ser un ejercicio de un nivel menos egocentrista y más ecuánime, con balance y con poder de análisis, el cual no estamos practicando en estas últimas épocas, porque nos hemos dejado llevar como siempre por las promesas que al final del día jamás se cumplen. Cabe recalcar que hemos sido presa del poder de la división y del fanatismo, que de otra cosa.

Para votar se debe tener en cuenta no solo si pertenecemos a un partido político o no, lo que se debe barajar sobre la mesa, es: ¿Qué deseamos para nosotros?, ¿cuál es la visión a un futuro cercano?, ¿qué pretendemos obtener con la elección que llevamos a las urnas? También, este mismo sentimiento de responsabilidad lo debemos tener para con el otro, y con esto me refiero al menos privilegiado, sin importar el credo o el color de la piel , porque ellos también son patria; es patria porque como toda la sociedad, se levanta por las mañanas y brega con llevarse un pan a la boca, al que tiene que madrugar para tomar el tren o los ‘buses’ que lo llevarán a su trabajo a tiempo, para el que no sabe cómo llenará la mochila escolar para sus hijos, y lo más esencial, qué deseamos obtener de los programas que se ofrecen en la comunidad o en el estado, tanto de salud, de entrenamiento para la pequeña empresa o para después de las horas escolares.

La educación por sobre todo, debe ser un punto que debemos respetar, pelear y considerar en un acto tan venido, como ir a votar. La educación no debe ser gratuita o por lo menos no en su totalidad, quizá haya que ver una mejor forma de mediar para que los maestros sean capacitados y así también las juntas escolares tengan la posibilidad económica de asegurar la paz en los estudiantes y padres de familia lejos de depredadores y corrupción interna. La salud es un problema de alto riesgo, no está al alcance de todos y no lo estará mientras estos mismos representantes a los que elegiremos no se liberen de las cadenas de lo que es un negocio lucrativo. La salud tampoco debe ser auspiciada en su totalidad, pero sí debe ser un programa de acceso en donde la responsabilidad tanto del estado como del individuo sea de beneficio mutuo. Sin estas dos premisas, las cuales son las más importantes en una sociedad en constante evolución, no podremos sobrevivir a la siguiente etapa que se nos presenta.

Debemos tomar en cuenta que el voto hispanoamericano se ha ido incrementando desde hace varios años, sin embargo, siendo la minoría mas grande en Estados Unidos, todavía no logramos comprender la magnitud de este derecho y de este deber como ciudadanos.

El ir a votar no solo es acercarse a la urna, o hacerlo por correo; es tener la idea clara de que “mi voto” me ayuda o me afecta según la elección, lo mismo que hará con el resto de la población.

El llamado por parte de nosotros, de los que escribimos columnas o artículos de opinión, es a que se haga un análisis a profundidad y que cada líder comunitario independientemente del partido, estudie las posibilidades de las que se hablan, estudie las necesidades, indague los pormenores y trate en reuniones con sus candidatos a que estos les respondan de manera directa y con planes concretos, y no con discursos mareadores o con lo mas frecuente, enfocarse en la inmigración y el crimen.

Votar por su partido no es malo, lo malo es convertirse en un fanático irreverente y violento que no se cuestiona, que no desmenuza los fondos destinados para las campañas, o que los derechos humanos no son solo para un sector privilegiado sino para todos.

Los hispanoamericanos en Estados Unidos ya no solo somos un número, en este caso el 18.1% de una población, somos más que eso y por esa misma razón debemos en estas elecciones empezar a cambiar nuestro actuar y nuestro pensamiento acerca del activismo a favor de nuestra etnicidad.

Debemos entender que los partidos políticos y el apoyo de donantes influyentes ayudan a que nos representen otros que no conocen nuestras necesidades a nivel local o estatal, debemos de considerar que el voto latino es importante porque con este gesto de civismo alzamos la voz en temas que afectan a nuestras familias, si no sumamos, seguiremos siendo una comunidad marginalizada y reprimida y volveremos a ser parte de una sociedad con problemáticas de divisiones nacionalistas y de proyectos que afectarían la vida de todos.

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