Javi y algo más

Por «QC_Javi»

Conociendo la magia de Oaxaca y cumpliendo un sueño.

Me voy a tomar el atrevimiento de escribir por primera vez en mi vida en un artículo una de las experiencias más increíbles del año, y de mi existencia. 

No solo porque llevo más de 10 años escuchando de lo maravilloso que es el estado de Oaxaca, sino porque después de la pandemia retomaron la ceremonia más importante de México y YO tenía que estar ahí finalmente.

Te quiero contar de mi viaje a Oaxaca donde pasé 10 días celebrando con sus paisajes hermosos, su extravagante gastronomía, y sus tradiciones. Que por su gente siguen más vivas que nunca. Recorriendo sus calles desde que salió el sol, y hasta donde nacen las olas del pacífico.

Mi viaje comenzó muy emocionante, ya que me desperté tempranísimo para llegar a tiempo al aeropuerto, retrasaron mi vuelo como 3 horas y cambió un poco el plan. Llegando a Oaxaca tuve que tomar un colectivo que me llevara dentro de la ciudad a donde me iba a hospedar en una casa de huéspedes. Ahí me encontré con el gran Jaime, un amigo de la familia de Don Víctor el dueño de Tacos el Nevado que me recibió con la gran noticia de que tenía un boleto para la celebración de la Guelaguetza ese mismo día. 

Yo con mi poco conocimiento pensaba que la ceremonia se hacía todos los días de Lunes a Lunes y para mi sorpresa me comentó ¡que no, que solo es el primer y último día y si no aprovechaba entonces ya no iba poder ir!, ya que para el último día los boletos estaban agotados. Jaime se ofreció a llevarme directo al auditorio Guelaguetza después de dejar mis maletas, sacar mi cámara e ir en camino a la celebración, con el tiempo ajustado. 

En el camino estuvimos escuchando la transmisión por la radio que daban todos los detalles de las diferentes regiones que iban a participar y hablando de la historia del festival que por la pandemia no se celebraba en 2 años. Emocionado por entrar al emblemático Auditorio, solo, me sentí como si estuviera entrando al carnegie hall en la ciudad de New York ya que solo había conocido el Auditorio Guelaguetza por videos en Youtube y Fotos de influencers que sigo; dividido en ocho secciones disponibles para gente con boleto en las primeras cuatro, y para la comunidad local o extranjera de manera gratuita en la segunda parte. 

Ahora sí, estando ya en mi asiento es hora de que comience el show! 

La Guelaguetza es la celebración de 8 regiones en Oaxaca que celebran una vez al año sus orígenes y cultura con danzas tradicionales de cada sector. Acompañados de una orquesta y en ocasiones de una banda tocando las canciones respectivas a cada pueblo; después de cada actuación los participantes tiran regalos para la audiencia de todas las secciones como dulces típicos, sopladores, sombreros, y hasta fruta en bolsitas para cualquier ágil que estuviera dispuesto a luchar contra el vecino de al lado por el premio. 

Conforme va avanzando la celebración, va bajando el sol y cada vez más se nota la producción que hace que parezca un concierto bendecido por la cultura y folklore. 

Al fondo del auditorio Guelaguetza se aprecian como si fuera el fondo de otro mundo mientras después de cuatro horas salen todos los grupos al escenario a bailar con luces increíbles, la música a todo volumen y unos juegos pirotécnicos; una presentación inolvidable que duró aproximadamente veinte minutos y borraron todo el cansancio del viaje. 

Otra de las cosas que no puede faltar al contar de mi viaje a Oaxaca y principal razón de mi amor eterno al estado, es su comida. Tengo que contarte, y darte lista de todo lo que comí durante esos días, ya que hasta el día de hoy sueño con poder saborearlos una vez más.

A una cuadra de donde me estaba hospedando había un restaurante que se convertiría en mi segunda estancia llamado “Tierra del Sol” donde tempranito en la mañana alcanzaba a oler las tortillas hechas a mano y que desde la primera vez que comí ahí, lo adopté. 

Aquí pude comer unas enchiladas con Mole Coloradito, enchiladas verdes con pollo, una quesadilla de flor de calabaza, chilaquiles rojos con el famoso tasajo. Una carne finita de res media seca que tiene un sabor saladito, suavecito y delicioso que podías encontrar por todos lados.

Llegó la familia de Don Victor a Oaxaca también de vacaciones y un día tuvimos que ir a un restaurante que de igual manera marcó mi estancia ahí. Se llama la “Levadura de Olla” y está en el centro. Un restaurante rústico con un menú que se enfoca en la gastronomía de un pueblo llamado San Mateo Yucutindoo donde lo natural de los vegetales es parte primordial del menú. Aquí pude probar el Espesado de papa con pitiona, salsa de semillas, nopales y el famoso tasajo en una versión que jamás me pude haber imaginado y que básicamente es un platillo con un puré de papa que parece sopa, con una pasta de semillas combinado con nopales, y un pedazo de carne – que claramente no era la estrella del platillo- el punto era retirar el tasajo para descubrir lo que estaba debajo de él. Parte del menú, para darte una idea, eran platillos como: salsa de Chicatanas con Puerco y Arroz, Taquitos de hongos silvestres, Mole de guayaba con camarón y coliflor capeada.

Ahora viene lo bueno, que es hablar de la comida callejera de Oaxaca. 

Si tu vienes a Oaxaca no te puedes escapar de comer comida callejera, ya que está por todos lados y se huele por cada rincón de sus calles. En este departamento tengo que decir que pasé la mayoría de mi tiempo y la verdad que no lo cambiaría por nada. Vamos a comenzar con lo más drástico que son los chapulines. 

En Oaxaca encuentras chapulines de todos los tamaños secos y bañados en limón listos para acompañarte en cualquier comida que gustes. De lo que nunca me canse fueron los tosti-esquites. Son una bolsita de tostitos, le echan esquite o elote granizado y decoran con crema, queso, chile “del que pica o del que no pica” y si gustas unos chapulines. Cerca del templo de Santo Domingo pude encontrar a un señor con un carrito que todas las noches siempre estaba ahí para deleitarme con su receta mágica.

Dentro de la comida callejera no puede faltar hablar de las Tlayudas. Platillo emblemático de Oaxaca que repetir no me costó nada de trabajo. Una tlayuda es una tortilla seca de tamaño grande que viene con asiento de cerdo, frijoles, quesillo, salsa verde y puede ser acompañado de alguna carne, que en mi caso por tradición fue el tasajo. 

Recuerdo que cerca del mercado del centro iba caminando cuando me encontré un puesto verde que tenía las carnes preparadas, las tlayudas listas, y una línea de gente que me decían “Aquí es” y esa fue mi primer experiencia comiéndola en su lugar de origen. Me senté en un banquito yo solo, mientras el tráfico pasaba por detrás de mí. Un trabajador super gentil que me dio la bendición para mi primer mordida, y después me dejó para disfrutar de esta histórica experiencia. La manera en la que se rompe la tlayuda como si fuera tostada, y poder darle una mordida con esa textura que nunca olvidaré y llevaré conmigo siempre. 

Dentro de mi viaje me llegué a topar con unas sorpresas que no tenía planeado, pero cuando se presentó la oportunidad tuve que aprovechar. Llegando a Oaxaca me comunique con una amiga que sabía que estaba viviendo en la playa de alguna parte de México y resulta que era Puerto Escondido. Entonces me di a la tarea de tratar de ir a visitarla. Puerto está a 8 horas en camión y dependiendo la velocidad de un carro puede ser menos, pero yo no tenía carro y se me ocurrió la maravillosa idea de viajar de noche en un camión para así poder dormir tranquilo y que el chofer hiciera todo el trabajo duro. Ya que llegando yo tenía que aprovechar el tiempo y agregar a mi lista de lugares visitados de la mejor manera posible. Llegando a Puerto mi amiga Andy me recibió en la central donde como buen amiga me llevó a desayunar a un restaurante cerca de la playa donde pude disfrutar de unos deliciosos huevos en salsa, con unos pancakes con vista al mar. Después me llevó a su casa para agarrar unas cosas e irnos directo a la playa de Zicatela. Famosa por sus olas y hermosa vista al pacífico. 

Yo no soy muy fanático de meterme al agua por no saber nadar, pero sí tenía que ir a meter mis pies en el agua. Las olas más agresivas que he podido sentir en mi vida, se encontraban ahí en esa playa. Fue ahí cuando entendí por qué era tan famosa con los surfistas y no tanto para disfrutar tranquilamente sin el miedo de que te jale una ola. Aun así pase un tiempo súper agradable con Andy bajo unas sombrillas, con unas cervecitas, y escuchando música extremadamente relajados que completamente valió la pena el viaje express. 

Regresando a la ciudad regresé a la casa de huéspedes donde mi viaje llegaba a finalizar el mismo día que terminaba la Guelaguetza. Sabiendo que no iba poder asistir a la clausura de la celebración decidí subirme al techo de la casa donde a lo lejos se podía ver en la montaña el Auditorio. Calculé la horas de cuando iba a terminar y ahora me tocó ver los juegos pirotécnicos del otro lado del auditorio para la canción final. Imaginándome lo que sentí el primer día que llegue y dándole un círculo total a mi experiencia. 

Daba yo clausura a un viaje mágico donde aprendí más de mis raíces y de la cultura mexicana que vive en Oaxaca. Oaxaca quedará en mi corazón por el resto de mis días gracias a sus enseñanzas y grandiosas experiencias.

@QC_Javi Morales

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