Folletín

Por Loli Molina

M. pren. Artículo literario, novela u otra obra cualquiera que se publica por partes en un lugar especial de los periódicos. Novela truculenta, de escaso valor literario. Diccionario Enciclopédico Vox 1. @ 2009 Larousse Editorial, S.L.

LA TRAICIÓN DE MARIELITA

Capítulo 1

Marielita cerró la puerta de su apartamento situado en una zona reconocida de la capital, respiró profundamente apoyada en ella para no estrellarse contra el suelo y se tomó unos segundos que se sintieron como minutos. Luego se dirigió hacia su habitación de matrimonio. Diez años antes había tomado el placer de reformarlo a su gusto. A él le daba igual, lo que ella quisiera, lo que más le gustara, elige tú el color. Y eso hizo. Como los hijos ya eran mayores, pudo por fin reemplazar los viejos muebles de color caoba por unos blancos al estilo mid century. Siempre le pareció que eran muchos más elegantes y estilosos, aunque poco funcionales. Al sentarse en la cama se vio en el espejo y fue consciente de que ahora habitaba un espacio mancillado. Se tocó la cara como quien explora un nuevo material y se sintió más joven y más vieja a la vez. Y le agradó la sensación porque ahora le daba todo igual. Podría, si quisiera, prender fuego a la habitación que a nadie le importaría, pero seguían gustándole los muebles, especialmente el tocador por el que tuvo que esperar varios meses. Él no tenía culpa de que la traición se hubiera hecho dueña de su familia. Lo peor, que no sospechó, que no vio las señales, ni en los gestos ni en los silencios, y eso le hacía cargarse de culpa. Lo mejor, que, una vez más, todo le daba igual. Mientras, las campanas de la vieja iglesia católica anunciaban la última misa del día, misa de siete. Marielita solía ir cuando aún vivía su madre porque era el único momento que compartían sin lanzarse reproches la una a la otra. Muerta su madre, se acabaron las amonestaciones. ¿Y ahora qué? Se preguntó mientras cerraba las ventanas para dejar de escuchar el repicar de las campanas. Tengo hambre, pensó, y salió para la cocina como alma que lleva al diablo. 

Marielita llevaba tres meses a dieta. Su doctora había insistido en que los kilos que se habían acumulado en el último año eran producto de la menopausia. A sus cincuenta y cinco años tuvo que enfrentarse a un cambio de estilo de vida que le producía tanta pereza como malestar. Ejercicio tres días a la semana, treinta minutos de pesas y treinta minutos de cardio de media-alta intensidad. Comer más proteína, menos hidratos y más fibra. Eliminar todos los azúcares, el alcohol, beber dos litros de agua y dormir al menos siete horas al día. Al menos lo estaba intentado, pensó mientras untaba un poco de requesón en una tostada de pan integral a la que añadía aceite de oliva y semillas de chía. Patatas fritas, pensó al instante. Siempre le habían apasionado las patatas de paquete al estilo tradicional, las de las ferias, con su punto justo de sal y aceite y, aunque estaban totalmente fuera de su dieta, guardaba una bolsa en la panera. Una vez a la semana, después de pasar por la báscula, abría el paquete y se comía cinco patatas. Ni una más, ni una menos. Hoy no hubo báscula pero sí vacío y había que llenarlo de alguna manera. Una patata. Aún no me puedo creer lo que me ha hecho. Dos patatas. Cómo es posible que no me diera cuenta. Tres patatas. Ojalá pegarle fuego a todo. Cuatro patatas. Después de tantos años. Cinco patatas. Ojalá pegarle fuego a todo. Y sonó el teléfono. Era un mensaje de él. Cariño, no me esperes a cenar, hoy tengo mucho trabajo. Ojalá quemarlo todo.

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