Por VozEs

Jacobo Strimling no empezó su historia creativa en Charlotte. Antes de llegar a la ciudad reina, su vida ocurría en la Ciudad de México. Allí transitó redacciones, plumas, deadlines y el vértigo de una ciudad que respira cultura.
Una de las experiencias más memorables de ese tiempo fue cubrir la premier de una película de Francis Ford Coppola en Nueva York para la revista Epoca, un momento que le confirmó que el arte y la comunicación serían siempre parte de su vida, sin importar el país donde terminara viviendo.

El destino, como suele hacerlo, lo llevó por otros caminos. Migró primero a Los Ángeles, intentando sobrevivir la turbulencia emocional y económica de la era post–11 de septiembre. El sueño americano se desdobló en un territorio incierto, y esa primera reinvención llegó más por necesidad que por elección. Dejó atrás la estabilidad que tenía en México, la seguridad de su oficio, la identidad profesional que había construido. Y, sin saberlo entonces, esa pérdida sería también la preparación para una vida de reinvenciones constantes.
Uno de sus primeros trabajos en Charlotte NC a donde llego para quedarse, fue en el diario La Noticia como diseñador, después trabajo en otros medios de la ciudad, basicamente en todos, recuerda. Entre historias y fotografías comenzó a notar algo que le quedó grabado: muchísimos inmigrantes latinos habían sido fundamentales para el crecimiento cultural y social de la ciudad, pero casi nunca aparecían en los relatos oficiales.
La presencia latina estaba por todas partes, en el arte, en la música, en los restaurantes, en los negocios, en la política local, aunque invisibilizada entre los relatos dominantes. Esa observación se convirtió en la semilla de un proyecto que, años después, renacería con fuerza: Charloteanos.

El proyecto nació con una idea sencilla pero poderosa: retratar, a través de ilustraciones y textos, a las personas cuya presencia, trabajo y resistencia habían transformado a Charlotte. Jacobo quería honrar a quienes él sabía, con absoluta certeza, que habían abierto caminos cuando la ciudad era mucho más pequeña y la comunidad latina casi no figuraba.
Comenzó a dibujar a quienes él mismo había visto crecer, emprender y aportar: pioneros culturales, artistas, maestros de danza, músicos, activistas, emprendedores. Personas que, como él, habían llegado con maletas llenas de sueños y habían encontrado una manera de reinventarse. “Son gente que sin ellos Charlotte no sería lo mismo”, dice. Y en cada retrato hay prueba de ello.
El proyecto había quedado guardado por un tiempo, dormido entre trabajos y responsabilidades. Hasta que la organizacion sin fines de lucro Raíces Latino Arts lo invitó a retomarlo y exponerlo. “Ese empujón me devolvió al proyecto”, cuenta. Charloteanos renace así como un reconocimiento a doce figuras clave, aunque él sabe que hay muchas más. La idea es que sea un inicio, no un cierre. Un archivo vivo de quienes construyen ciudad todos los días.

Charloteanos no busca ser un proyecto de orgullo nacional o un homenaje que solo tenga sentido durante el Mes de la Herencia Hispana. Para Jacobo, el objetivo es reivindicar algo más profundo: que somos parte del presente y del futuro de Charlotte. Que nos corresponde, con justicia, sentir que esta ciudad también es nuestra. Que la palabra “charloteanos” pueda incluirnos a todos, más allá del país de origen.
En las entrevistas que ha hecho para retratar a estas figuras, ha encontrado patrones comunes: orgullo, reinvención, resistencia, una enorme capacidad de adaptación, y una creatividad que siempre encuentra forma de manifestarse aun cuando la vida no lo pone fácil. Son historias que hablan de empezar de nuevo, pero también de sostener la identidad, de transformarla y de darle sentido en un lugar nuevo. “Yo creo que todos nos hemos reinventado un poco al llegar aquí”, dice. Él mismo lo reconoce: aunque Charlotte ya es su casa, también ha aprendido a vivir con esa sensación de estar siempre entre dos mundos, con cariño por México y con un sentido creciente de pertenencia a esta ciudad.
Su estilo visual, colorido, lleno de humor chilango y de guiños culturales, captura la esencia de cada persona sin caer en caricatura.
Jacobo confirma que sus retratos no son caricaturas: son interpretaciones peculiares, sensibles, hechas para despertar curiosidad. Su camiseta con la “CH” coronada recuerda al Chapulín Colorado y al Sagrado Corazón a la vez; dos símbolos que, juntos, cuentan una historia reconocible para quienes vivimos entre culturas.



Aunque la ilustración es su herramienta principal, Jacobo también se siente orgulloso de las historias que escribió durante sus años como periodista. Para él, narrar es tan importante como dibujar: ambas cosas cuentan quiénes somos como comunidad. “Es nuestra historia”, dice. “Y tenemos que contarla nosotros.”
Charloteanos es, al final, una confirmación de pertenencia y de reinvención. Una manera de decir que los inmigrantes no solo llegamos a esta ciudad: la transformamos, la enriquecimos, la hicimos más amplia, más colorida, más viva. Y que nuestras historias, gráficas, escritas, vividas, merecen ocupar un lugar en el relato mayor de Charlotte. Porque esta ciudad ya es también, profundamente, una ciudad nuestra.
Ve a conocer a todos los Charloteanos en exhibición en:
Charlotte Mecklenburg Library – South Boulevard
4429 South Blvd, Charlotte, NC 28209
Fotos Cortesia del artista y Raices Latino Arts
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