Por VozEs
El cortometraje The Changebaker, dirigido por Courtney Dixon, presenta la historia del colombiano Manolo Betancur como la representación de una experiencia colectiva: la de una comunidad inmigrante que trabaja, se organiza y se sostiene mutuamente en Charlotte.

Antes de llegar a Estados Unidos, Manolo creció en un pequeño pueblo de Colombia, en un contexto marcado por pobreza, conflicto armado y experiencias familiares difíciles, como el secuestro de sus padres. También recuerda una niñez dinámica, entre canchas de tierra, ríos y juegos improvisados.
El reconocimiento que recibió en 2021 como “Héroe del Pan”, otorgado por una organización internacional de la industria panadera, fue el punto de partida para que Dixon conociera su historia. Tras leer un artículo sobre su labor comunitaria, entre ellos, entregar pasteles de cumpleaños a personas en situación de calle durante más de una década, la directora decidió explorar su vida para un proyecto documental. El rodaje se extendió por casi tres años e involucró entrevistas en profundidad, convivencias en la panadería y grabaciones con su familia y su equipo de trabajo.
Sobre el proceso, Dixon afirma:
“Para hablar de inmigración es fundamental mostrar a las personas reales detrás de estas historias. Quería equilibrar el contexto de su activismo con quién es él como individuo.”
Uno de los desafíos principales fue seleccionar los fragmentos que entrarían en un cortometraje. La directora explica que la edición implicó priorizar momentos que reflejaran tanto los retos como las contribuciones de Manolo desde su llegada a Estados Unidos. También destaca la disposición del protagonista para participar activamente en el proceso creativo:
“Estaba dispuesto a repetir escenas, a proponer visuales, a comprometerse con cada toma. Eso ayudó mucho a construir el lenguaje del filme.”
Para Manolo, el documental también implica una responsabilidad. Dadas las narrativas negativas que enfrenta la comunidad inmigrante, dice que actúa con cuidado porque siente que representa a un grupo más amplio. “Nos juzgan por lo que representamos, no por lo que somos”, afirma. Por eso es preciso para aclarar datos, como la historia de la panadería, reconociendo que él no es el fundador y que el crédito corresponde a la familia Martínez, fundadores de lo que inicialmente fue la panaderia «Las Delicias».

Para Manolo, el documental también implica una responsabilidad. Dadas las narrativas negativas que enfrenta la comunidad inmigrante, dice que actúa con cuidado porque siente que representa a un grupo más amplio. “Nos juzgan por lo que representamos, no por lo que somos”, afirma.
Por eso es preciso para aclarar datos, como la historia de la panadería, reconociendo que él no es el fundador y que el crédito corresponde a la familia Martínez, fundadores de lo que inicialmente fue la panaderia «Las Delicias». “Yo administro la panadería de los abuelos de mis hijos”, aclara. En la premier en Charlotte tiene previsto hacer una mención explícita al legado de la familia Martínez, como parte de un esfuerzo por cuidar el crédito y la memoria de quienes comenzaron el proyecto.
La presentación oficial del filme en Charlotte se llevará a cabo en enero en el histórico Carolina Theatre. El espacio, con casi cien años de historia y un pasado marcado por la segregación racial, será sede de la primera proyección de un documental sobre un inmigrante local. El evento incluirá presentaciones de Última Nota, el grupo de danza Alma de la Luna, la participación de Cine Casual en la producción y coordinación, así como la presencia del equipo de filmación, invitados especiales y parte del personal de la panadería. La producción evalúa la mejor manera de involucrar a los trabajadores del negocio manteniendo medidas de seguridad adecuadas.
Más allá del recorrido por festivales, donde ya ha recibido premios y reconocimientos, el documental abre la posibilidad de un largometraje que profundice en aspectos que quedaron fuera: su infancia en Colombia, episodios del conflicto, su proceso de deportación, la historia completa de la panadería, el proyecto “Pan al Campo” con campesinos y otros momentos significativos.

Manolo señala que, si pudiera hablarle al “Manolo niño”, le diría lo mismo que se recuerda a sí mismo cada día: que no espere a “dejar un legado” en el futuro, este se construye día a día, en pequeñas acciones, decisiones y gestos. Y que la vida es más grande de lo que uno imagina cuando se crece en un pueblo pequeño.
Para Dixon, ese mensaje personal también conecta con la intención central del filme:
“Su historia es la historia de muchos más. Espero que la comunidad lo apoye, porque esta película también trata sobre la gente que lo ha acompañado y que forma parte de esta ciudad.”
En pantalla aparece Manolo.
Detrás, lo que se aprecia es el retrato de una comunidad completa.
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