Edwin Gil: cuando el arte vuelve al corazón

Por VozEs

En esta conversación con Edwin Gil, el corazón deja de ser un símbolo romántico para convertirse en territorio de memoria, confrontación y conciencia. A sus 54 años, el artista nos habla desde un lugar íntimo, atravesado por relaciones, pérdidas y aprendizajes que lo llevaron a cuestionar no solo su comprensión del amor, sino también los patrones sociales y culturales que moldean nuestras emociones.

Su nueva serie, Corazones, no nace desde la estética, sino desde la necesidad. Es el resultado de más de tres años de búsqueda interna, de pausas incómodas y de un diálogo honesto consigo mismo. Como él mismo afirma, el arte le ha salvado la vida, y esta serie representa otro acto de rescate: transformar la herida en conciencia.

A través de canvas, cerámica y vidrio, el colombiano construye metáforas, materiales de fragilidad, resistencia y transparencia. Lo que comienza como un proceso profundamente personal se expande hacia lo colectivo, recordándonos que muchas de nuestras heridas no son individuales, sino generacionales y compartidas.

En tiempos de polarización y desconexión emocional, Corazones propone un regreso ético al centro. No al corazón idealizado, sino al corazón como responsabilidad, como motor de empatía y como espacio donde comienza toda transformación.

Edwin, quien radica en Charlotte N.C, nos habla desde la vulnerabilidad, memoria, silencio y valentía —sobre lo que aún no nos atrevemos a escuchar cuando el corazón habla.

Edwin ¿Qué te llevó a elegir el corazón como eje central de esta nueva serie?

La serie nace después de una profunda búsqueda interna provocada por relaciones fallidas que me llevaron a cuestionar mi propia comprensión del amor. En ese proceso entendí que el corazón no era solo un símbolo romántico, sino el centro emocional donde habitan nuestros condicionamientos sociales, culturales y familiares. Al explorar esos patrones descubrí cuánto influyen en nuestras decisiones y vínculos. Allí comenzó todo.
Y, como he dicho a lo largo de mi carrera, el arte me salvó la vida. Esta serie es otra forma de ese rescate.

¿Desde qué lugar emocional nace Corazones?

Nace desde un diálogo interno honesto. Desde la necesidad de entender mis propios patrones de comportamiento y el condicionamiento social que muchas veces guía nuestras emociones sin que seamos conscientes. Es un proceso de confrontación y, al mismo tiempo, de compasión hacia mí mismo.

¿Estos corazones hablan más de lo personal o de lo colectivo?

Comienzan desde lo íntimo, desde lo profundamente personal. Pero en el proceso se vuelven espejo de lo colectivo. Porque cuando uno se atreve a mirar hacia adentro, descubre que muchas heridas no son individuales: son generacionales, culturales, compartidas.

¿Qué heridas, memorias o silencios están contenidos en estas piezas?

Cada corazón contiene una historia. A mis 54 años, hay muchas memorias, aprendizajes, pérdidas, silencios y reconciliaciones acumuladas. Algunas piezas hablan de amor, otras de traición, otras de esperanza. Todas contienen vulnerabilidad. Y todas buscan transformar la herida en conciencia.

¿Cómo dialoga esta serie con el momento social y humano que estamos viviendo hoy?

Vivimos tiempos de polarización, ruido y desconexión emocional. Creo que necesitamos regresar al corazón —no como símbolo romántico, sino como motor ético. La serie invita a desarrollar empatía, a reconocer nuestros propios patrones y entender que todo aquello que daña a otros también daña nuestro propio centro. El corazón no puede fragmentarse sin consecuencias.

¿Qué materiales y procesos utilizaste en Corazones y por qué eran los adecuados para esta etapa?

La serie se desarrolla en tres medios: canvas, cerámica y vidrio. Cada uno representa una etapa de mi proceso artístico y emocional.
El canvas permite la expansión y la expresión directa.
La cerámica habla de fragilidad y resistencia —se quiebra, pero también se transforma con el fuego.
El vidrio representa transparencia, vulnerabilidad y luz.
Son metáforas materiales de mi propio proceso de sanación.

¿Hubo algún momento del proceso creativo que te confrontara o te obligara a pausar?

Definitivamente. Esta serie lleva más de tres años en proceso y ha sido profundamente confrontativa. Me ha obligado a detenerme, a cuestionar narrativas internas y a revisar aspectos de mí que prefería no mirar. Pero justamente en esa pausa ocurre la transformación.

¿En qué se diferencia Corazones de tus series anteriores, como Sin Temor?

Cada serie que he realizado ha sido el reflejo del momento que estaba viviendo. Sin Temor hablaba de valentía frente al miedo. Corazones habla de vulnerabilidad consciente. Representa mi etapa actual: una evolución hacia una mirada más introspectiva y emocionalmente honesta.

¿Dónde imaginas que deberían habitar estos corazones?

Espero que habiten en espacios que inviten a la reflexión —galerías, hogares, espacios comunitarios, incluso la calle. No me interesa solo el lugar físico, sino el lugar emocional donde puedan generar conversación, sanación y esperanza.

Si uno de estos corazones pudiera hablar, ¿qué diría que aún no nos atrevemos a escuchar?

Diría que necesitamos responsabilizarnos de nuestras emociones. Que el amor no es solo sentir, sino entender. Y que sanar es un acto de valentía.
Estos corazones ya están hablando a través de mi blog, y seguirán hablando cada vez que alguien se detenga a mirarlos con honestidad.

Conoce más de Edwin Gil en su sitio web

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