Por Fabiana Silva

En el corazón de la ciudad, Sweet Mary se ha convertido para muchas personas en la responsable de llevar el sabor venezolano a cada rincón. Mariana Ramos, la mente detrás de este negocio, nos cuenta cómo surgió su pasión por compartir un pedacito de su país natal a través de sus deliciosos y tradicionales dulces y bocados.
Mariana es una venezolana, oriunda de Valencia, estado Carabobo, que llegó hace diez años a Estados Unidos, específicamente a la ciudad de Charlotte. Al llegar, se dio cuenta de que en ese momento había muy pocos lugares que ofrecieran comida venezolana. Extrañando mucho su país, tomó el impulso necesario para iniciar su negocio. Además de esto, Ramos también quería compartir los sabores autóctonos de Venezuela y que las personas que viven en este país conocieran la cultura culinaria.
Desde entonces, comenzó su pasión por la cocina.
“Cuando me mudé, noté que muchas personas extrañaban los sabores de Venezuela y pensé que podía compartir un pedacito de nuestra cultura a través de la comida”.
Esta idea la llevó a fundar su negocio, un espacio donde la autenticidad y la calidad son la norma.



La dueña de Sweet Mary destaca que el secreto de la comida venezolana tiene que ver con el amor y la pasión con la que se prepara la comida.
“Estos son los elementos indispensables, ya que la comida es un símbolo venezolano de momentos, celebraciones y tradiciones que se quieren transmitir”.
Después de muchas migraciones de venezolanos por el mundo, Mariana Ramos dice que la migración ha llevado la gastronomía venezolana a rincones del mundo donde antes no sabían de su existencia. Esto le parece interesante porque ha ocasionado que la comida venezolana se empiece a fusionar con sabores y técnicas diferentes, adaptándose a la cultura de otros países sin dejar la autenticidad de cada plato.
Ramos piensa que la migración de los venezolanos a otros países formó una evolución a nivel gastronómico, ya que ha dado lugar a una ola de creatividad culinaria donde chefs y cocineros venezolanos pueden experimentar y reinventar platillos clásicos, añadiendo nuevos ingredientes y técnicas dependiendo de cada sitio donde se encuentren.

“Siento gran orgullo y satisfacción cada vez que un extranjero prueba la comida venezolana. Siento que es una oportunidad de compartir nuestras raíces y, más aún, al ver una reacción positiva. Me llena de emoción ver cómo otras personas pueden disfrutar de nuestros sabores, de nuestra identidad como venezolanos”, señaló la emprendedora.
Como todo emprendimiento, Ramos ha enfrentado muchos desafíos. Sin embargo, su perseverancia y el apoyo de su familia la han ayudado a superar estos obstáculos y a seguir creciendo.
Una de las metas en el plano culinario de Mariana Ramos es llevar la comida venezolana a un ámbito más amplio a nivel internacional. Desea que más personas descubran y aprecien la riqueza y diversidad de su gastronomía. Además, con una visión clara, Mariana planea expandir su negocio, donde pueda ofrecer mucha más comida venezolana de calidad.
Mariana concluye diciendo: “Me encantaría brindar posibilidades a personas neurodiversas para que trabajen conmigo y de esta manera también unir mi pasión por la gastronomía venezolana y la concientización de la neurodiversidad, que es necesaria en estos momentos”.
