El aroma del café puede viajar más lejos que una maleta.
A veces cruza países enteros antes de instalarse nuevamente en una cocina, en una conversación o en una memoria. Para Cristina Lozano, ese aroma siempre regresa a la costa ecuatoriana, al calor húmedo de la playa, a las mañanas familiares, al sonido de la licuadora preparando jugos frescos y a una taza de café que aparecía incluso bajo el sol intenso del Pacífico.
