Volver a las raíces: el arte de Héctor entre Oaxaca y Charlotte

Por VozEs

La historia de Héctor Rojas es la de alguien que salió de México de niño, se formó en Estados Unidos y, con el tiempo, decidió regresar, al menos simbólicamente, a donde todo empezó: a sus raíces. Ese regreso no fue solo geográfico, sino también cultural y espiritual, y hoy se refleja en cada cuadro y en cada tatuaje que realiza.

Héctor llegó a Estados Unidos alrededor de 2003, con 13 años, directamente a Charlotte. Como muchos niños, no decidió migrar: siguió a sus padres sin comprender del todo lo que implicaba cruzar la frontera. Aquella travesía, que de adulto se entiende como riesgosa, en su memoria de niño se quedó como una especie de aventura.

Entró a la escuela, conoció otras culturas y, poco a poco, se fue diluyendo la conexión con México: sentía que se “perdía” un poco entre idiomas, códigos nuevos y la presión de adaptarse. Esa distancia con sus tradiciones coincidió con el despertar de su gusto por el dibujo.

El primer impacto artístico le llegó en la infancia, en México. Recuerda a su padre llegar cansado del trabajo, sentarse y, aun así, ponerse a dibujar para ayudar a su hermano con un proyecto escolar: uno de los Niños Héroes. El dibujo quedó tan bien que ganó un reconocimiento. Ahí se encendió la chispa: si su papá podía crear algo tan potente con lápiz y color, él también quería intentarlo.

Ya en Charlotte, un amigo que dibujaba reavivó ese interés. Héctor comenzó a explorar el estilo chicano: payasos, letras, íconos como la Virgen de Guadalupe, imágenes que hablaban de orgullo, barrio e identidad méxico-americana. Ese lenguaje visual se convirtió en una forma de sentirse parte de algo en un país que todavía no sentía suyo.

Pero la vida lo llevó a interrumpir una y otra vez ese camino artístico. La llegada de su primer hijo, la necesidad de trabajar y las responsabilidades familiares lo obligaron a “dejarlo al lado”, aunque el deseo de pintar siempre regresaba como una especie de refugio para el estrés.

Un giro importante llegó cuando tuvo que regresar a México por un tiempo y vivir en Oaxaca. Ese regreso lo confrontó con algo más profundo que el chicanismo: la raíz. Visitar ruinas, ver piezas prehispánicas de oro, tallas en piedra, murales antiguos y símbolos ancestrales le hizo preguntarse de dónde venía realmente todo. Descubrió que su conexión más fuerte no era solo con un estilo urbano, sino con una historia que se remontaba a los pueblos originarios.

A partir de ahí, su arte comenzó a desplazarse: de los payasos y letras chicanas hacia figuras como Xochipilli y otros elementos prehispánicos. Si antes se veía “igual que los demás”, ahora quería ir “más atrás”, a la base de todo: las culturas que migraban, resistían y creaban siglos antes, igual que hoy muchas familias cruzan fronteras para salir adelante.

Otra experiencia clave fue una invitación para hablar del Día de Muertos en una escuela católica. Varias personas veían la tradición como algo oscuro o “tabú”. Héctor decidió entonces estudiar más la cultura mexicana y explicar, desde el respeto, que la muerte no es un fin, sino un paso más; que las ofrendas, flores y calaveras no son brujería, sino memoria y amor. Después de esa charla, incluso varias personas anglo hicieron sus altares, mostraron fotos de sus seres queridos y se involucraron con curiosidad.

Esa vivencia reforzó su decisión: si no siempre puede explicar todo con palabras, lo hará con pintura.
Cada obra intenta contar lo que vivió, lo que no siempre se atreve, o no tiene tiempo, de narrar en voz alta.

Hoy, Héctor trabaja con aerógrafo y tatuaje. Su proceso inicia buscando referencias que “digan algo”: imágenes que parezcan estar contando una historia por sí mismas. Luego las edita para resaltar luces y contrastes, prepara plantillas y empieza a trabajar. Antes de pintar, sale a ver la naturaleza, se pone los audífonos y se desconecta del ruido. Escucha de todo: rap, cumbia, salsa, banda, reguetón. Lo importante no es el género, sino entrar en un estado de concentración donde solo existen la pieza y el color.

Cuando termina un cuadro, no siempre lo entrega de inmediato. Puede quedarse una o dos semanas mirándolo cada día, asegurándose de que la obra “le diga algo” y que aquello que quiso transmitir sea lo que otros verán.

Héctor es padre de tres jóvenes , de casi 20, 18 y 17 años, y parte de su impulso creativo está ligado a ellos. Quiere dejarles huella: no solo obras colgadas en las paredes, sino conocimientos, técnicas y un ejemplo de disciplina. Su hija mayor ya tatúa y trabaja también en el estudio; él sueña con que alguno continúe el camino artístico. Cree firmemente que la verdadera muerte llega cuando se nos olvida, por eso repite que su meta es “dejar algo aquí”, una memoria visual que lo sobreviva.

Entre sus planes está ampliar su trabajo hacia murales y colaborar con escuelas y espacios públicos. Sabe que un lienzo dentro de una casa lo ven pocas personas, pero un muro en la calle puede hablarle a todo un barrio. A través de esas imágenes quiere mostrar que la cultura mexicana no es solo color y folclor, sino también historia, pensamiento y espiritualidad.

Al reencontrarse con Oaxaca, con las ruinas, con las piezas antiguas, Héctor también se reencontró consigo mismo. Hoy, su arte es el puente entre el niño que veía a su padre dibujar en México, el adolescente que se formó en Charlotte y el adulto que decide mirar hacia atrás para construir algo nuevo.

En cada rostro prehispánico, en cada cráneo florido, en cada figura ancestral que pinta, la pregunta de “¿de dónde venimos?” se convierte en imagen. Y la respuesta, aunque compleja, late clara: venimos de una historia que vale la pena recordar, honrar y seguir contando con nuestras propias manos.

Sigue al artista en:

@ovejanegra.chino

@santisima_tinta

Un comentario en “Volver a las raíces: el arte de Héctor entre Oaxaca y Charlotte

  1. Muchas felicidades por todo lo q has logrado hermando me da mucho orgullo y estoy muy feliz por ti tus sobrinos y yo te mandamos muchos abrazos y sigue siendo una inspiración para q más gente entienda la cultura

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