Para chicas fuertes de corazón tierno y piel canela, es el título en español del primer libro de Prisca Dorcas Mojica Rodríguez, publicado originalmente en inglés en el 2021, esta traducción llega para una audiencia muy especial:
“Mis papis, mis primas, la audiencia en la que pienso cuando escribo, pero con la que no siempre me puedo comunicar como quisiera”.
Cada una de las palabras en el texto fueron revisadas y en ocasiones cambiadas por la autora, para asegurar que el sentimiento de sus palabras y expresiones en inglés no se perdieran y que esta carta de amor para mujeres de color, llena de vulnerabilidad y fuerza, se leyera en toda su intención: empoderarlas.
En conversación con VozEs, la nicaragüense, oriunda de Managua, y quien radica ahora en Nashville, Tennessee, nos platica de su experiencia al tener esta traducción publicada, lo que esa vulnerabilidad le ha costado y le ha ganado, su experiencia al escribirla y vivirla.
Prisca ¿Qué significa tener esta versión en español de tu libro?
No puedo creer que exista una versión que mi mami y papi puedan leer, ellos no han aprendido muy bien el inglés y la posibilidad de que puedan leerlo es otra realidad, que mis primas, mi familia lo lean… Ellos son la audiencia para la que pienso cuando escribo, pero no siempre con la que me puedo comunicar, mi educación fue en inglés, entonces mi vocabulario en español no es tan amplio como mi vocabulario en inglés. Las conversaciones que vamos a poder tener si ellos leen el libro es lo que me emociona. La audiencia creo que va a ser más centroamericana, espero que “Nica” también.
Cuando Penguin Random House me lo ofreció, estaba en shock, pude seleccionar quién iba a hacer la traducción y hacer correcciones y sugerencias, tuve que mirar muy de cerca e imaginar a la persona que estaba leyendo, pensar: ¿cómo van a entender o bloquear la habilidad de lo que están leyendo?
Ha sido una experiencia interesante, no sé si mis papis lo han leído; creo que les da mucho miedo que digo lo que digo y cómo lo digo y porque soy mujer diciéndolo, no hablan para nada del libro.
Me ayudaron a escribir el capítulo de “volunturismo”, a recordar los detalles, pero no me han hablado si lo han leído, mi hermana es la única que lo ha hecho, ya veré si lo leen.
¿La audiencia que buscas, en el caso de la versión en inglés, y la sociedad estadounidense, es también una audiencia anglosajona? Es importante que ellos sepan y conozcan estas historias, ¿no crees? El título me da una respuesta ya implícita, ¿pero no consideras importante que también les llegue el mensaje?
Yo creo que es importante que lo lean, pero no es mi prioridad ni convencerlos de que deben de leerlo, eso me ayudó a escribir el libro, priorizar historias sobre otras; enfocados en una audiencia blanca, cambiaría el libro entero, si hubiera pensado en cómo lo van a leer sin cerrar la página, tendría que escribir diferente, hay bibliotecas llenas de libros de ellos, yo leí libros para ellos toda mi vida. El Baby Sitters Club, por ejemplo, yo era una fanática, yo me iba a Goodwill y compraba los números, pero a mí me encantaban, porque eran chicas de mi edad, y eso era suficiente.
Creo que si yo me puedo doblar y adaptar para leer los libros que no fueron pensados para mí cuando se escribieron, ellos pueden también hacer lo mismo.
Mi enfoque nunca ha sido cambiar la mentalidad, ellos tienen el poder de cambiar estos sistemas y no lo han hecho, si me enfocaba en ellos, era perder la oportunidad de llegar a quienes realmente quería.
Creo que todo mundo tiene diferente llamado, mi ministerio no son ellos, no me ha funcionado y ha sido difícil para mi salud mental. Esa no ha sido mi misión, hay que saber a dónde uno sí se siente llamada.
Son conversaciones incómodas, enfrentarse a ellas, tú no lo hiciste con tu amigo que describes en el capítulo de «Volunturismo» cuando viste su foto con el grupo de niños de color. ¿Por qué?
Es curioso, a veces uno no sabe qué decir en esos momentos, no sé responder en el momento y en el minuto, yo solo me quedé con los pensamientos y me arruinó la noche. Un año después de que me gradué yo escribí esa historia, al fin entonces pude ponerle nombre a lo que pasó.
Interesantemente, mi agente, él es blanco y puertorriqueño, me buscó porque la pieza sobre «volunturismo» que salió en 2017 fue viral en websites para misioneros blancos, no era para ellos, pero les llegó y ahí empezó mi carrera; pero empezó sin que mi audiencia fuera como tal blanca.
Aun así, ahora ya estamos en 50 mil libros vendidos, y no he escrito para personas blancas, a ellos les sorprende, a veces un libro aunque no sea para blancos puede también vender y tener éxito.
¿Qué implicaciones tiene no ponerle nombre o catalogar las cosas? Eso lleva a que la persona se acostumbre a vivir así, a aceptar algo por no saber qué es lo que se siente y a veces contribuir a ello, hablando del racismo, masculinidad tóxica… (temas que tocas en tu libro).
Es importante darle nombre a los sentimientos, eso activa algo; sin nombre damos diferentes justificaciones: “dios no te da más de lo que puedes aguantar”, por ejemplo. Así a veces se justifican, se aguanta maltratos, se creen fuertes, aunque ven y sienten lo que está sucediendo, pero le dan otra respuesta para evitarlo.
Individualmente, yo sentía que no era inteligente, creía que todo era mi culpa, y eso me mantenía preocupada… creía que todo iba a cambiar si yo mejoraba, si estudiaba más, me preparaba, pero aunque mejoré no iba a cambiar la situación porque eso es algo sistémico, es algo más grande que cualquier respuesta que hemos buscado y encontrado. Eso era el racismo sistémico, que me hacía sentir así. No era que yo no fuera inteligente. Como no lo es que las mujeres sean fuertes por aguantar maltratos, eso es “masculinidad tóxica”.
¿Cómo lo lograste? Darte cuenta y enfrentar esos conceptos.
Contando mis cuentos, cuando empecé a escribir mis historias, mi popularidad tuvo mucho que ver, con que decía algo que no era único y que solo a mí me pasaba, creo que ahí está el fenómeno, pensé que era única y comencé a decirlo porque me dolía y me empezaron a llegar mensajes diciendo que les sucedían cosas exactamente como a mí.
Sin embargo, decirlo en mi familia no fue fácil, porque existe esa idea de no contar lo que nos pasa, no “hacernos la víctima”. Para mí ha sido un test, el ir en contra de lo que me han dicho, de cómo debo de hablar de las bendiciones que Dios me ha dado.
¿Cómo lo he hecho? He tenido que decir lo difícil que ha sido y que es igual para otras latinas, sigo sintiéndome una impostora, pero sé que no es mi culpa, y eso es lo que me ha quitado el sentimiento de que hubiera podido haber hecho algo mejor.
Hay que desahogarse y contar nuestros cuentos, nos mantenemos muy cerrados y eso no nos ayuda, en específico no en este país.
Tu audiencia, en esta versión en español, ¿cómo crees que la van a recibir? Sobre todo a quien no vive en Estados Unidos, la cultura es diferente a la de nuestros países, y esas experiencias quizás son hasta cierto punto distintas y ajenas.
Te cuento que cuando terminé de escribir el libro en septiembre de 2020 y no se publicó y salió a la venta hasta septiembre de 2021, la versión en inglés. Creí que todo mundo lo iba a odiar, me dije todas las cosas feas, te puedo decir que página y que secciones creía que me iban a destruir, pero creo que no me van a decir nada que no haya ya anticipado.
Creo que le voy a caer mal a alguien, entre ellos mis papis, mis amigas de la iglesia, mis primas, todavía tienen esos refranes, frases que justifican los conceptos que hablábamos antes. Quizás, me digan: siempre había comida en la casa, ¿qué más necesitabas? ¡Mucho más!.
Ojalá que la manera en que escribí el libro les llegue y entiendan que fue con mi vulnerabilidad de frente, espero que cualquier defensa que vayan a tener, se baje cuando vean que les estoy dando lo que quieran para destruirme con todos mis cuentos.
Me estoy parando desnuda frente a todo el mundo, y me puede doler tanto, pero si eso es lo que se necesita para que una familia pueda cambiar la historia y que cambie perspectivas y se puedan llegar a sanar generaciones, then it’s ok.
Prisca Dorca Mojica Rodríguez
Prisca es líder, activista, escritora, teóloga, feminista y conferencista, es la fundadora de la plataforma Latina Rebels en la que cuenta con más de 300 mil seguidores orgánicos en línea. Ha aparecido en Telemundo, Univision, Mitú, Huffington Post, Latino Voices, Guerrilla Feminism, Latina Mag, NBC, MTV, Cosmopolitan, Everyday Feminism, PopSugar, y la lista continúa. Debido al extenso trabajo de Prisca, también ha trabajado con la Iglesia Metodista Unida, el Fondo Nacional de las Artes, el Smithsonian, NALAC, Planned Parenthood e incluso fue invitada a la Casa Blanca de Obama en 2016.
Es Magister en Divinidad por la Universidad Vanderbilt. Actualmente, está escribiendo una antología nicaragüense de recetas. Esperando recopilar y salvar todo ese patrimonio culinario, las historias de su cultura y mantener vivas las enseñanzas de las abuelas.
Keudis Sanchz supo que se dedicaría al arte, en el momento que un profesor del décimo grado le dijo que tenía talento, cuando visitaba al señor de la bodega en su barrio y le pedía que lo enseñara a dibujar, y desde que hacía de estatua viviente en Venezuela de donde es originario.
El artista llegó a Estados Unidos en el 2017, junto a ‘Mila’, su esposa, musa y acompañante de viaje, quien entonces tuvo oportunidad de venir a trabajar a este país en una escuela en la que ambos aún laboran.
En Venezuela hizo fotografía de producto de moda, fue profesor de fotografía llegando a Charlotte, trabajo en pasarelas, bodas y quince años, pero decidió retomar el gusto que desde “chamo” ya traía en la sangre, el gusto por la pintura.
Actualmente, Sanchz trabaja haciendo “print-making” o grabado“ scratching”, sus dibujos son de líneas con crayones, marcadores y pincel; su background son retratos, enfocado en contar una historia a través de una foto, Keudis se centra en los ojos que para él son la ventana del alma.
“Me enfoco en proyectar los ojos de los retratos que sientan esa parte de lo que quiero transmitir, pienso que cada uno tiene una historia detrás, quizá no grande para muchos, pero cada uno es importante.” Cuenta el multidisciplinario artista quien además hace escultura.
Un mensaje de igualdad, de respeto y de empatía es el que quiere transmitir con sus piezas.
“Debajo de la piel, somos iguales; los huesos todos son blancos y tenemos la misma sangre roja”
En su proyecto “El Alma de la Humanidad” trabajó una serie de retratos con artistas, empresarios y gente que fuera reconocida inmediatamente: Pablo Picasso, Frida Kahlo, por ejemplo; y, por otro lado, gente que nadie conociera. Estas personas plasmadas con líneas blancas en fondo negro, representando lo desconocido con lo que se escribe cada historia y el espíritu blanco y dorado que les da luz.
En otros retratos, Keudis también utiliza el negro, sobre todo en los más realistas; para el abstracto opta por los colores.
El artista es el primer hispano-americano en ser invitado y exponer pintura en el Harvey B. Gantt Center for African-American Arts + Culture con una comisión para Men of Change un proyecto que busca destacar el trabajo de personajes de influencia en la sociedad. El venezolano tuvo a su cargo la pieza sobre el periodista afroamericano Steve Crump.
“Es un museo importante y ser tomado en cuenta cuando tienen a muchos artistas afroamericanos, me sentí con un gran privilegio, Steve es una persona muy ocupada, es un periodista destacado que ha ayudado e influido mucho en su comunidad” comenta Keudis.
Sanchz es cofundador junto a Mila de la organización sin fines de lucro “La Casa de la Cultura“ organización que promueve la cultura, las artes y tradiciones de las diásporas de la Ciudad de Charlotte. Es graduado del CPCC y participó en una pasantía con Diamante Arts Leadership Institute en Raleigh, Carolina del Norte. Su trabajo se ha expuesto en Carolina del Norte, Cameron Art Museum, Wilmington, varias galerías de Charlotte, Raleigh y Nueva York.
A Edgar Marcano le gusta ser libre, independiente y producir su propio trabajo.
Después del deterioro que vivió Venezuela, Marcano, como muchos, decidió irse y perseguir un entorno que no fuese tan complicado, más seguro y con mejores oportunidades. Así llegó a Charlotte, un lugar que ya conocía como turista, sin saber que se convertiría en su hogar.
Aquí en Estados Unidos, y por las limitaciones que un proceso de inmigración supone, el creativo no podía emplearse de lleno en el Diseño Gráfico, carrera que tenía en su natal Venezuela; por eso y por su sed de independencia fue que comenzó a trabajar como freelance.
Parte de trabajar independiente es que esto le permite hacer todo lo que le apasiona, hace diseño corporativo y también hace música (Marcano es músico, percusionista desde la adolescencia) hace fotografía, trabajos audiovisuales, y hasta escultura.
Pero ¿Cómo se logra balancear tantas disciplinas o actividades?¿A cuál le dedica más tiempo? ¿Cómo lo hace?
Para Edgar, todo es parte de una sola actividad: diseñar, ya que como un profesor de su Universidad le decía: “La gente no entiende que todo está diseñado” por eso, la escultura, la música, la fotografía, están implícitos también.
“Parecieran caminos separados, pero van juntos, el diseñar los videos o las fotografías están muy conectados con la música, siempre he tratado de llevar todo a la par.” explica.
Edgar forma parte del grupo musical Café Amaretto y también participa con otras bandas en la Ciudad. Durante la pandemia dirigió un proyecto documental para el grupo creado durante el COVID-19 y liderado por el músico Tony Arreaza “Última Nota”; en dicho documental, Marcano mostró la historia creativa detrás del grupo y un disco creado sin estar los músicos juntos.
“La idea del documental fue básica y espontánea, cómo hacer un disco remoto, Tony estaba muy claro en su concepto con la exploración de música latina con varios estilos, a mi me gusta el rock, soy baterista, mi esencia fue de eso pero también grabé un bossa nova para él»
El documental cierra con la canción cumbre del disco “Mi Sueño” video que también grabó Marcano y en el que se cuentan las historias del inmigrante. Una historia que cuenta varias historias al mismo tiempo.
«Así se fue desarrollando, uno cuando trabaja un video, busca no ser tan literal, y la idea aquí era ser así, mostrar lo que decía la música tal cual como una película cantada.” narra Edgar.
La pandemia fue un golpe fuerte sin duda para todos, y a pesar de que todos sus trabajos de música se fueron para abajo, Edgar se siente afortunado ya que esto le permitió participar en este proyecto que fue seleccionado y nominado en el Festival de Cine Latino de Los Angeles y además explorar y retomar otro arte que le gusta: la escultura.
“Hago escultura también, me gusta experimentar con materiales, en Venezuela no tenía la facilidad de conseguir todo como aquí por amazon o ebay. La pandemia me dio mucho tiempo para hacer lo que me gusta hacer, me puse a aprender sobre técnicas nuevas, moldes y mantenerte actualizado” cuenta el músico.
Y es que cuando las ganas de hacer se juntan con el ocio la mente se abre. Y con hambre de oportunidad y ver qué hacer, Marcano decidió ver la pandemia como un regalo.
En la escultura, el venezolano quiso reencontrarse con sus raíces, sus tradiciones y sus colores dando forma a Los Diablos de Yare, un patrimonio intangible de la UNESCO y que representa un ritual ancestral de la costa venezolana de rendición del mal frente al bien.
“Tuve esta idea de hacer una versión moderna de los diablos, hice 25 durante la pandemia, y ahorita no tengo hechos, los hago bajo pedido solamente. He descubierto que el proceso de creación de las figuras es similar a la música, algo muy inmersivo y personal” explica.
Así, Edgar siempre trata de estar ocupado y se siente afortunado de hacer lo que le gusta. Esto lo explica a su mamá, quien a distancia se preocupa al ver las fotos del baterista cansado después de un día intenso” “Tranquila mamá, que si me muero, me muero haciendo lo que me gusta”
En VozEs hemos realizado una entrevista muy divertida a Christian Cota, quien es originario de Texas, pero vivió en Jalisco y luego sus papás vinieron a Charlotte. Christian acaba de cumplir 10 años y ya tiene un talento artístico muy marcado.
Lo que más le gusta es escribir, dibujar y comer sushi. A continuación, algunas de las preguntas que le hicimos.
¿Qué es lo que más te gusta hacer?
Me gusta ver películas, dibujar, leer y comer. Me gusta mucho más dibujar que pintar y también escribo.
¿Cómo empiezas a dibujar? ¿Recuerdas qué fue lo primero que dibujaste?
Empecé a dibujar cuando tenía cinco años y me gustaba mucho. Recuerdo que hice un huevo, una persona en forma de huevo y tenía ojos, pero no tenía nariz ni boca.
¿Cómo te sientes cuando vas a dibujar? ¿Qué piensas en ese momento?
Pienso primero en los personajes que voy a dibujar, también en el escenario y en el color.
¿De qué se trata tu arte?
Son comics que tratan de ficción y mis personajes son comida o dulces. A veces edito fotos en el iPad, pero lo que más hago es dibujar en papel y escribir.
¿Qué te dicen tus papás de tus creaciones artísticas?
Mis papás me dicen que les gusta mucho lo que hago y siempre leen mis historias. Hicimos el mural de mi habitación, todos pintamos.
¿Cómo es tu clase de arte en la escuela? ¿Cuéntanos de eso, hace poco fuiste seleccionado en tu clase de arte para exponer un dibujo, en dónde encontramos tu arte?
Me gusta mucho mi clase, la maestra es muy divertida y me gusta participar en sus proyectos. A mi maestra le gustó mi obra y me invitó a exponerla, se trataba de hacer algo natural, entonces hice un dibujo que es un bowl de fruta.
¿Qué otros proyectos tienes en mente?
Tengo más comics, uno trata de las historias de Potato ninja y otro es sobre un pepinillo que se llama Sidekick pickle. Publiqué un comic que se llama «NERDS».
¿Cómo te ves cuando tengas 15 años? ¿Cómo te gustaría que la gente recuerde tu arte? ¿Ya sabes que quieres estudiar?
Haciendo más libros tipo comic, quiero que me recuerden como caricaturista y escritor también. No sé exactamente qué voy a estudiar, pero puede ser algo relacionado con el dibujo.
Mucho se habla del famoso “sueño americano”. Tanto los estadounidenses como quienes han emigrado, o sueñan con emigrar a los Estados Unidos, han oído hablar con frecuencia de este arraigado mito, tan central a la cultura estadounidense. Si bien es cierto que en años recientes se han publicado un sinnúmero de artículos de millenials desencantados que, ante las realidades económicas que han impactado a su generación, declaran con tristeza la muerte del sueño americano, también es cierto que este mito sigue ejerciendo una enorme fuerza sobre todos aquellos estadounidenses, inmigrantes y extranjeros que sueñan con una vida mejor. Esta crónica no pretende ser un análisis detallado de la evolución de la economía estadounidense en los últimos años (no tengo los conocimientos necesarios para escribir un texto de esa naturaleza, pero puedo recomendarle al lector ver el magistral documental Requiem for the American Dream, lanzado en 2015), simplemente pretendo contar la historia de mi relación personal con este mito, y con algunos conceptos que asociamos al mismo. Tal vez ustedes, queridos lectores, puedan reconocerse, así sea un poco, en mí. Tal vez algunas de sus experiencias no son tan diferentes de las mías. Tal vez su opinión acerca del sueño americano es equivalente a la que expreso en este breve texto. Al fin y al cabo, todos somos seres humanos.
Nací en Bogotá, Colombia, en febrero de 1986 (meses después de la tragedia de Armero y de la Toma del Palacio de Justicia y casi un año antes de la masacre en el restaurante Pozzetto). Crecí en una familia colombiana de clase media. Tuve una infancia privilegiada. Para mi fortuna, no tuve que pasar penurias ni necesidades; por el contrario, disfruté de muchas comodidades y tuve una infancia feliz. Tal vez por eso no soñaba, como tantos colombianos, con irme a vivir a los Estados Unidos. Por otro lado, debo aceptar que soy una persona nostálgica y sentimental. Siento un arraigo particular por Bogotá, y aunque tengo sentimientos encontrados con respecto a la ciudad, puedo decir sin lugar a dudas que este es mi hogar.
En el año 2010 fui aceptado al programa de maestría en literatura comparada de la University of South Carolina. Aunque inicialmente pensaba que mi paso por Norteamérica sería breve, después de graduarme de la maestría decidí empezar un doctorado. Estuve estudiando y trabajando en USC hasta mayo de 2018. Concluida esta etapa de mi vida trabajé por un año en el pequeño pueblo de Clinton (Carolina del Sur). En otoño del año 2019 regresé finalmente a Colombia.
Mis años viviendo como inmigrante en los Estados Unidos fueron, sin lugar a dudas, algunos de los más importantes y formativos de mi vida. De alguna forma, fue en los Estados Unidos en donde me convertí en un adulto autosuficiente. Mi afecto por Columbia y sus calles tranquilas es algo que llevaré conmigo por el resto de mi vida. No obstante, debo admitir que como inmigrante nunca tuve una vida de lujos. Mis ingresos como estudiante de posgrado no eran altos, y el mercado laboral en el área de las humanidades (al menos en el contexto universitario) se ha hecho cada vez más pequeño y competitivo. Al no lograr conseguir un empleo de tiempo completo en una institución de educación superior decidí regresar a mi país natal.
El precario mercado laboral de las humanidades no fue el único factor que me convenció de regresar a Colombia. Mis abuelos (tres de los cuales seguían vivos para mediados de 2019) pasaban ya de los 90 años, y era evidente que ya no me quedaba mucho tiempo para compartir con ellos. Mi novia, con quien habíamos sostenido una relación a larga distancia por muchos años, también vivía en Bogotá. A demás de esto extrañaba a mis padres, a mis hermanos, a mis sobrinas y a mis amigos. Aunque me dolió dejar atrás a las personas maravillosas que conocí durante mi tiempo en Carolina del Sur, en 2019 decidí regresar a mi país de origen.
Al volver Bogotá pude acompañar a mi abuela paterna en sus últimos meses de vida, también pude casarme con mi novia, después de tantos años de visitas esporádicas y de largas llamadas telefónicas. Pude volver a pasar tiempo con mis padres, con mis hermanos, con mis sobrinas, con mis abuelos y con mis amigos. Estos cambios realmente tuvieron un efecto positivo en mi vida. Pero adaptarme nuevamente a la vida en Colombia no fue nada fácil. Como es natural, muchas personas no entendían mi decisión, ya que veían el evidente declive de la economía nacional y sabían que, a fin de cuentas, las oportunidades laborales que existen en los Estados Unidos no pueden compararse con las que hay en un “país en vía de desarrollo” como el nuestro. Conseguir empleo en Colombia fue un proceso largo y difícil, a veces pensaba que había cometido un error irreparable. ¿Me había convertido en un perdedor? Sufrí una depresión seria y tuve que estar medicado por un par de meses. A pesar de estar rodeado por mis seres queridos, podría decirse que durante estos meses de mi vida “toqué fondo”. Sin embargo, a veces pienso que de haber estado solo en Clinton cuando inició la pandemia, probablemente la habría pasado mucho peor. No lo sé. El caso es que la vida siguió adelante, me casé, conseguí un empleo, seguí escribiendo y, poco a poco, he logrado alcanzar algo de paz interior. Claro, supongo que esta paz es siempre efímera y momentánea, y que debemos buscarla constantemente, porque tiende a escaparse en un instante. Pero al menos sabemos que puede alcanzarse.
Tengo una amiga italiana que critica la tendencia estadounidense de dividir a las personas entre winners y losers. “Perdedor” es, realmente, un insulto muy estadounidense. Como dice mi amiga: “Si un latino o un italiano te insulta, ofende a tu madre, a tu abuela, a tu hermana, en fin, a las personas que amas; si un estadounidense te insulta te dice que eres un fracasado”. Sin entrar en detalles sobre el tema del machismo en las culturas latinas, lo que esta frase evidencia es que el énfasis en el individuo es, sin lugar a dudas, parte fundamental de la cultura estadounidense. Creo que estas ideas de victoria y fracaso individual están íntimamente relacionadas con el concepto del sueño americano; al fin y al cabo, el ganador consigue el sueño americano y el perdedor no. Pero esta forma simplista de ver la vida me desagrada. Con el tiempo he llegado a creer que no hay ganadores ni perdedores. ¿En qué categoría estaría el inmigrante que regresa a su hogar? ¿Ulises sería un héroe o un fracasado? La respuesta evidente a estas preguntas es que estas etiquetas son arbitrarias, estúpidas y, lo que es peor, terriblemente nocivas. La derrota y el fracaso son relativos. En verdad, todo depende de cómo nos contamos a nosotros mismos la historia de nuestra propia vida. Yo, por ejemplo, podría pensar que soy un perdedor que desperdició su oportunidad de quedarse a vivir en los Estados Unidos, disfrutando de los idílicos frutos del famoso sueño americano; pero también podría decirme a mí mismo que logré mi cometido en Norteamérica (obtener mi título de doctor), y que regresé como un ganador (con algunos libros publicados y un nuevo aire cosmopolita) a la tierra de mis ancestros. Ambas historias me resultan similarmente insuficientes, ridículas y simplistas. La vida es mucho más interesante y compleja que eso.
Tal vez nunca se deje de hablar del sueño americano, pero podríamos hablar también del sueño sudamericano, del sueño asiático, del sueño europeo, del sueño australiano o del sueño africano. Al fin y al cabo, es posible ser feliz en cualquiera de estos lugares. No estoy diciendo que la felicidad sea simplemente una cuestión de actitud (¿quién puede ser feliz en medio de la guerra, de la miseria o de la opresión?), pero pienso que no es necesario ir a un lugar específico para alcanzarla. Tal vez la felicidad, como dice el dicho, está en el camino y no en el destino. ¿Qué es entonces el sueño americano? ¿Qué podría ser el sueño sudamericano? Las respuestas a estas preguntas debemos buscarlas en nosotros mismos.
Entonces propongo que dejemos de pensar en ganadores y perdedores. La existencia humana no es ni un sueño eufórico ni una pesadilla insoportable. Lo más importante que me llevé de los Estados Unidos no fue el título de doctor, fueron las experiencias vividas, el crecimiento personal y los grandes amigos que hice en el camino. No puedo ver esto como un fracaso, pero también me niego a verlo como una victoria. Prefiero verlo, simplemente, como una vida (la mía).
Juan David Cruz Duarte (Bogotá, Colombia, 1986). Sus cuentos y poemas han aparecido en Axxón, El Axioma, Anapoyesis,Máquina Combinatoria, Five: 2: One, Burningword, Jasper, Fall Lines,The Dead Mule School of Southern Literature, etc. Cruz Duarte es el autor de Dream a little dream of me: cuentos siniestros, La noche del fin del mundo y Léase después de mi muerte (poemas 2005-2017).