EL ÁRBOL

Por Loli Molina

Carmela plantó el árbol el mismo día que supo que estaba embarazada de su primer hijo, al que llamaría Antonio, como su padre. Sorteando el barro por la lluvia de los días anteriores, salió al patio y cogió dos aguacates para acompañar a un tomate que había comprado en el mercado. A pesar de la escasez todavía había buenos tomates, de esos carnosos que solo necesitaban de un poco de sal para alegrar cualquier comida por humilde que fuera. Al meter los aguacates en el bolsillo de su delantal se dio cuenta de que había dos ramas que habían decidido saltar el muro y meterse en la casa vecina, dejando el fruto a su disposición. Allí vivían dos extranjeros, gente de bien sin duda, pero en el pueblo se había corrido el rumor de que eran artistas y tenían aficiones mal vistas a los ojos de Dios. En realidad eran escritores y lo más que hacían eran reunirse con otros escritores. A veces, venían de otros países a visitarlos y compartir tertulia, otras venían porque el mar estaba cerca y el sol calentaba sus huesos calados por la humedad inglesa. Carmela, ajena a unos rumores que ni le iban ni le venían, volvió a entrar en casa y se dispuso a preparar la comida antes de que llegase Antonio del ayuntamiento, del que era alcalde desde hacía cinco años. En la mesa, esperando con una paciencia inusitada, el primogénito, que ya tenía siete años y compartía reino con Carmencita, capaz de alcanzar lo inalcanzable desde su posición de gateo. Para ellos, que no habían conocido los males de la guerra, la comida era algo que aparecía por arte de magia tres veces al día y si había puchero tres veces a la semana no se daban cuenta porque Carmela se encargaba de que cada día tuviera algo que lo hiciera parecer distinto. Un día con fideos, otro día con arroz y al tercer día había croquetas. Hoy había pescadilla frita y tomate picado con aguacate y cebolla. A los niños les encantaba la pescadilla porque se mordía la cola y eso les parecía gracioso. Mira mamá, soy capaz de comérmela sin desenroscarla, decía Antoñito siempre y luego soltaba una carcajada tan inmensa que a Carmela se le formaba una arteria nueva en el corazón. Para cuando llegó Antonio del ayuntamiento, los niños estaban a punto de lanzarse sobre su madre porque ella siempre insistía en que no se comía hasta que todos estuvieran en la mesa. Antonio, con la sonrisa siempre a cuestas, dio un beso a Carmen en la frente y otro a sus hijos en la mejilla. Vamos a comer, niña, que hoy me comería una vaca del hambre que tengo. Y comieron, como comían muchas familias en aquella época, con la radio de fondo y el miedo de que algún día volviera la guerra. Luego llegaba la siesta para ellos y recoger la cocina para ella, menos mal que siempre había una copla que tararear y un recuerdo no contaminado por el miedo al que recurrir. 

Cuando hubo acabado, y mientras todos dormían, se acordó del árbol intruso y pensó que quizás debería ir a pedirle disculpas a los vecinos, al fin y al cabo, fue ella quien plantó el árbol que decidió crecer más allá de sus dominios y se sentía responsable. Con el sigilo que aprendió cuando se escapaba de casa siendo muy niña, salió cerrando la puerta sin que nadie se diera cuenta, no sin antes coger la cafetera y el azucarero, y pegó suavemente en casa de los vecinos. A esa hora, el señor Gerald solía dormir también porque se había adaptado perfectamente a las costumbres españolas y la señora Gamel se sentaba en el patio a leer. Manolita, la chica que se ocupaba de la casa, abrió la puerta y le indicó que fuera hasta el fondo con una mano y que no hiciera ruido con la otra. Gamel, sumida en su lectura, tenía el rostro feliz porque era su hora favorita del día y había un pájaro que había decidido cantar para ella al estilo de Maria Callas. Cuando entró Carmela, para la que ese momento también era único, alzó la cafetera y Gamel se rió con la mano sobre su boca para que Gerald no se despertara. Manolita, que ya conocía el ritual, llegó con dos tazas y una lechera que Gamel había traído desde Inglaterra y que sirvió leche a la mismísima Virginia Woolf. La tarde era propicia porque, aunque había llegado diciembre, aún llegaban unos tímidos rayos de sol hasta la mesa y el café, aunque no duraba más tiempo caliente, sabía extrañamente mejor. No había muchas palabras entre ellas, principalmente porque Carmela no hablaba inglés y Gamel chapurreaba lo justo de español, pero eran suficientes para entender que Carmela se sentía muy apenada porque al árbol se había colado en su casa sin permiso. Gamel, a la que Churriana le recordaba a su Aiken natal, posó su mano sobre la de Carmela, le dijo que no importaba y le dio las gracias por los aguacates que se habían comido. Sonrieron las dos y dieron un sorbo al café. Todavía disponían de un rato más y Gamel decidió enseñar a su amiga un álbum de fotos que guardaba desde que abandonó Estados Unidos. Carmela, que lo único que conocía de aquel país era un actor muy guapo que una vez vio en una película y que le hizo sonrojarse tanto que tuvo que taparse la cara para que no se diera cuenta Antonio, abrió los ojos de par en par al ver la foto de la plantación en la que Gamel se crió. Breeze Hill Plantation fue comprada por el padre de Gamel, que se mudó desde Nueva York hasta Carolina del Sur porque padecía de tuberculosis y el clima era más beneficioso para él. Allí, entre patatas y vacas, se crió ella hasta que su padre murió y su madre decidió que tenían que mudarse a Charleston. La plantación, que estaba repleta de árboles majestuosos cuyas hojas acabarían formando un pasillo de bienvenida para turistas, atesoraba los primeros recuerdos de una chiquilla a la que le gustaban los libros y los caballos. Carmela, que no sabía mucho de libros y mucho menos de caballos, sí sabía de recorrer las tiendas del pueblo para comprar fiado, porque era la mayor de ocho hermanos y porque su padre hacía tiempo que se había ido a recorrer el mundo y su madre se pasaba las horas cosiendo para darles de comer. Sin embargo, en aquel espacio y tiempo, las dos mujeres compartían un café y recurrían a las señas si las palabras chocaban con la barrera del idioma. Entonces, ante la sorpresa de la americana, Carmela metió la mano en su pecho izquierdo y sacó una foto que puso sobre la mesa. La mano de Gamel se acercó para cogerla y observar la imagen de una niña y sus padres sentada sobre una manta de picnic y rodeada de girasoles mirando hacia el mismo lugar. Esa niña era Carmela y esa foto fue el único recuerdo tangible que salvó de las bombas. Gamel halagó su vestido y miró la foto como si quisiera reconocerse en ella. Al fin y al cabo, llevaba tantos años lejos de su familia que en el fondo se sentía como si alguien la hubiera arrancado de ella. Cuando le devolvió la foto, que había sido tomada con un vieja cámara que su padre trajo desde Alemania, Gamel echó la mano a su propio pecho, donde no había foto ni secreto inconfesable, pero sí comenzaba a crecer un mal que se la acabaría llevando un año y dos meses más tarde. Carmela, que sabía que algo malo pasaba, acercó su mano a la de ella y pudo notar un bulto que se clavó en su cabeza como uno de esos dolores que tardan horas en irse. Las dos amigas bajaron la cabeza unos segundos en los que el pájaro dejó de cantar y un aguacate decidió caer desde su rama. Carmela, sin mediar palabra, se levantó, cogió el aguacate y lo posó en la mano de Gamel. Good for you, dijo Carmela poniendo en práctica el inglés que le había enseñado su amiga y sonriendo porque sabía que no lo había hecho perfectamente pero había estado muy cerca. Después, recogió la cafetera y el azucarero y se marchó antes de empezar a llorar delante de ella porque Carmela era dura como una piedra, pero podía llorar tanto que los ojos se tornaban fuego y la nariz se bloqueaba como si hubiera un muro infranqueable. Como había hecho antes, cerró la puerta en silencio y entró en su casa con más silencio aún. Ya casi era la hora de que despertaran y el sol empezaba a ponerse vistiendo el patio del color de la tierra. Solo quedaba un suspiro de luz en el árbol, que seguía en pie con la majestuosidad que otorgan los frutos, y Carmela se abrazó a él para soltar sus lágrimas en silencio, al fin y al cabo, qué eran las palabras si no eran capaces de curar a los enfermos ni revivir a los muertos. Antonio, que nunca estuvo dormido, sino que se lo hizo para que ella tuviera ese rato de tranquilidad, despertó a los niños y preparó el brasero porque empezaba a hacer frío. Al otro lado, Gamel daba vueltas al aguacate y miraba la lechera, testigo mudo que atesoraba cafés y conversaciones, y veía cómo su esposo salía al patio aún dormido y quizás con una arruga nueva, pero con la mirada que la enamoró cuando se conocieron. Después, se acercó a ella y le dijo que tenían que contarle a los vecinos que se estaban comiendo los aguacates, a lo que Gamel le contestó que eso ya estaba arreglado. El sol estaba apunto de irse y se quedaron observándolo y marcándolo en sus memorias como un día más y a la vez un día menos. Carmela escuchó ruidos, así que se secó las lágrimas y entró en casa. Al cerrar la puerta del patio miró al árbol y le pidió que diera frutos sanadores para curar a su amiga. No es que creyera en la magia, ni mucho menos, es que estaba cansada de que la vida le quitase a gente y el árbol, en cambio, le había dado. 

@QC_ JAVI

Por Sorayda Díaz

Si ustedes viven en Charlotte, seguramente habrán escuchado hablar de QC Javi o lo habrán visto en uno de sus videos de Youtube o transmisiones en vivo en sus redes sociales. Él se auto describe acertadamente como creador de contenidos, foodie y storyteller, pero es más que eso; es un creativo que representa a su comunidad latina en Charlotte, fotógrafo e influencer que ama su cultura y quiere que el mundo la conozca.

QC Javi

Este mexicano, lleno de energía y pasión por el fútbol y todo lo que la Ciudad Reina tiene que ofrecer, es originario de Guadalajara Jalisco; y al igual que muchos de nosotros, llegó a este país con su familia, buscando nuevas oportunidades, contamos aquí su historia, y les anunciamos que a partir de la siguiente edición de VozEs, QC_ Javi tendrá su columna en este espacio en la que compartirá sus hallazgos en Charlotte.

El fin del mundo

Su viaje como inmigrante inicia en 1999, cuando con solo nueve años de edad, él, su hermano y su mamá viajaron a Los Ángeles, sin muchas cosas en la maleta, Javi Morales recuerda que el momento en que se dió cuenta de que ya no estaba en su país fue cuando se vió sorprendido por un globo publicitario que volaba sobre la gran metrópoli angelina.

“No me había caído el veinte o no lo tome en cuenta hasta que ya estábamos acá, íbamos en el freeway de cuatro cinco carriles y recuerdo que vi un globo aerostático de publicidad y lo veía así encima de la ciudad de Los Ángeles y fue ahí que dije: ahora estoy en Estados Unidos” recuerda Javi.

A Carolina del Norte llegó ese mismo año, con familiares que tenían en Asheville; sin embargo, aunque rentaron una casa para alojarse y se inscribieron a la escuela, decidieron irse a México antes de fin de año, porqu en el 2000 decían que se iba a acabar el mundo, y obviamente, si esa profecía se cumplía, preferían que se les cumpliera en su tierra.

El mundo no se acabó, así que empacaron para regresar a Estados Unidos; pero en el transcurso de regreso las cosas se complicaron al cruzar la frontera, ya que los agentes indagaron a su familia y descubrieron que no viajaban como simples turistas, así que les quitaron sus visas. Fue así que Javi y su familia experimentaron otro tipo de migración a este país, una no muy placentera, un poco arriesgada y algo que Javi nunca va a olvidar. 

“A mi corta edad, ví como funcionaba lo de los coyotes, pasamos relativamente fácil por la línea, pero después estuvimos en un hotel con más gente que no habían comido en días tal vez, fue ahí en donde me di cuenta que mucha gente se arriesga mucho más, para muchos que cruzan de otras formas, puede ahí si acabar su mundo”.

QC_Javi en Charlotte

En el momento en que Javi logró hacerse ciudadano, recuerda que sintió una responsabilidad en aprender más de su cultura, su historia y tradiciones y compartirla con la gente de Charlotte. Ahí comenzó a viajar, y documentar esos viajes para que la gente que lo seguía conociera su país, desde su gastronomía hasta su arquitectura y arte.  

Su contenido tomó un giro y encontró la necesidad de motivar a su gente latina a salir y disfrutar de las cosas que tiene Charlotte, porque se dio cuenta que a los sitios a los que iba, no veía muchas caras latinas, y prefirió entonces que sus publicaciones se enfocarán a la gente que como él llegaron a este país como inmigrantes.

“No me da miedo tomar asiento dentro de una mesa en donde a veces no somos invitados, quiero que la comunidad también se quite ese miedo que a veces les impide ir a nuevos sitios, quiero que la gente latina pueda disfrutar de lo que pasa en la ciudad, que vayan a los eventos” comenta Morales. 

Por eso también creó la plataforma digital Latinos en Charlotte, en la que además de sus posts en redes sociales y transmisiones en vivo, quiso mantener a la comunidad informada con textos positivos de las cosas que ocurren en la Ciudad Reina y lo que Latinos están logrando y creando en ella.

“La pena no te lleva a la cima” asegura QC Javi, y es precisamente esa personalidad la que lo ha llevado a tener colaboraciones con Ally, Bank of America, Live Nation, y Charlotte FC, aunque no por eso deja de colaborar siempre con negocios de emprendedores latinos para poder resaltarlos en sus múltiples plataformas. 

QC_Javi y el fútbol

Además de ser seguidor de Las Chivas de Guadalajara, el equipo de fútbol que Javi tanto esperaba desde pequeño era el Charlotte FC, y desde su establecimiento en el 2019 ha sido representante de su comunidad dentro del equipo.

“La cultura del fútbol en Guadalajara es muy fuerte, aquí no existía nada, yo trataba de sentir esa conexión con el fútbol americano, gozaba de más grande las fiestas, siempre he sido fan del basketball también, pero la MLS (Major League Soccer) siempre había querido traer el fanatismo a su liga aquí en Estados Unidos, y por fin en el 2019 se anunció que se le otorgaba a Charlotte un equipo de Futbol Soccer, y claro de inmediato empece a involucrarme.” recuerda Javi emocionado.

Javi forma así parte de la historia del establecimiento del equipo de Charlotte FC, ya que en su primer día, QC Javi fue una de las pocas personalidades que repartieron entre sus seguidores la moneda inaugural del equipo, para el fue un gusto y orgullo ser el único representante de la comunidad latina, y sobre todo poderles regalar esa moneda. Desde entonces lo hemos visto en cada uno de los partidos, sentado detrás de la portería echando porras, y contagiando a la gente de su emoción, al mismo estilo mexicano.

QC_Javi y un futuro creativo

Javi ha visto cómo la comunidad creativa ha ido creciendo en Charlotte, pero también ha visto cómo por mucho tiempo han trabajado sin mucho reconocimiento; él sabe que actualmente son las redes sociales las que pueden ayudar a expandir la visibilidad al trabajo que se hace. 

“Con la experiencia y el tiempo da menos pena y miedo mostrar el trabajo, con práctica uno se suelta más a compartir su trabajo, me gusta conocer a esa gente me motiva a seguir creando más, cada vez más creativos están resaltando dentro de la ciudad, así crece mi círculo y creo que ayuda a que crezca el de ellos”

Javi busca en el futuro crear un centro creativo con gente que quiera ser youtuber, fotógrafos y/o influencers, quiere compartir su conocimiento y darles la información necesaria para que se animen a seguir sus sueños.

“Dejamos lo que queremos hacer porque tenemos que sobrevivir, el problema es que el tiempo no para, entonces, debemos ver que si hay oportunidades debemos tomarlas cuando aparecen, todo se está convirtiendo en digital, el mundo digital está explotando y creadores de contenido, fotógrafos, videografos, storytellers, ellos son el espacio que está creciendo para que las compañías puedan dar sus productos».

Javi Morales «QC_Javi»

Bienvenido QC_ Javi a VozEs.

Conoce y sigue a Javi en @qc_javi

Tocando Tierra con Carolina Rubio

Por VozEs

Cuando Carolina Rubio MacWright (Colombia) creó su proyecto  “Touching Land” fue con la intención de empoderar a los inmigrantes, de aterrizarlos, regresarlos a lo más básico que es la conexión con la tierra y darles ese sentimiento de libertad y alegría que la migración puede llegar a quitar. 

La artista y abogada de inmigración se dio cuenta a través de las entrevistas que hacía a sus clientes, que las personas se veían desconectadas, perdidas, intimidadas y un poco asustadas. A partir de eso se ha dado a la tarea de crear talleres de desarrollo, empoderamiento y de información para que los inmigrantes que como ella llegaron a buscar un sitio más seguro que el que dejaron en sus países, conozcan las oportunidades que tienen en este país y hagan valer sus derechos. 

Durante las conferencias de Welcoming Interactive 2022 que se llevaron a cabo en la ciudad de Charlotte, la colombiana fue panelista en la conferencia titulada “Welcoming and Art”. Durante su intervención, los asistentes salieron del hotel Westin a un parque del centro de la ciudad para “tocar tierra” y reflexionar sobre cómo puede el arte acercar y fortalecer a la comunidad inmigrante.

“Pensé que tenía que haber una mejor manera para que la comunidad se integrara, para que procesara la información que se les daba y que realmente la internalizaran; pensé que un material de arte podía ayudar, me di cuenta que la arcilla es imperfecta así como nosotros, no juzga y es un material ideal para moldear, esto es una metáfora del inmigrante, tenemos que empezar de nada y construirnos, moldearnos nosotros mismos” comentó Carolina, mientras sostenía y mostraba a algunos asistentes a la conferencia cómo moldear la arcilla para crear seed bombs y a otros cómo hacer estampados con la tierra.

Cuando la gente trabaja con la arcilla, se obtiene un efecto tranquilizador y la interacción es mejor, por eso sus talleres fueron tan exitosos en Nueva York, donde la artista reside; tanto así, que lugares considerados de “privilegio” tumbaron sus barreras y abrieron la oportunidad a que Carolina y sus talleristas entraran en estos sitios en donde pudieron fluir conversaciones en torno a prejuicios que la arcilla, los textiles y el arte pueden derrumbar. 

“Cualquier cosa que puedas tener en tu mente en contra de otra comunidad se puede derribar simplemente teniendo conversaciones, y conectando con la  humanidad; nosotros utilizamos el arte como un puente para conectar comunidades”

Si se utilizan esos recursos que se tienen en la comunidad artística se crea un impacto y ese impacto hace resonancia. A final de su intervención, los asistentes compartieron sus experiencias y regalaron sus creaciones a la Ciudad Reina.

Para conocer más de Carolina y su proyecto Touching Land, visita: www.touchingland.org

Luis Alberto Urrea: hacer arte, eso es lo que me salvó

Por VozEs

Como inmigrantes, la mayoría “tenemos dos cosas en este país: el trabajo “feo” que nos dan y debemos tener para poder sobrevivir y tenemos nuestro arte, cualquiera que este sea”, cree el escritor Luis Alberto Urrea.

Nacido en Tijuana, el autor de The Hummingbird’s Daughter, estuvo en la Ciudad Reina durante el ciclo de conferencias de Welcoming America en el Hotel Westin. Al final de su charla, le preguntamos qué significado tuvo el arte en su vida, y esto es lo respondió:

“Hay un conjunto de rap que se llama SalviMex; son un Salvadoreño ‘el tercer discípulo’ y el mexicano ‘drastiko’, ellos llegaron de ilegales a Los Ángeles y comenzaron a rapear, a contar sus historias, a hacer arte, a mi eso es lo que me salvó, el arte, la oportunidad de lanzar tu voz” dijo Urrea a VozEs, antes de ser abordado por sus lectores que buscaban la firma del autor en sus libros.

En su charla, el mexicano incitó a los asistentes a “infectarse de risa” a no perder la alegría y a no dejarnos llevar por la seriedad de nuestros trabajos, a que a través del arte que cada uno creamos, tomemos tiempo para ver la humanidad de los demás, “si te puedes sentar con alguien y escuchar su historia, y reírse juntos, es imposible dejar la mesa, si te puedes reír con alguien, ese es el primer paso a la unidad”.

Una de las cosas que como comunidad debemos derribar es el concepto de “el otro”, de “ellos”, porque somos “nosotros”, América, dijo, está petrificada de “ellos” de los “otros” que son diferentes, piensan que porque somos de otro color, otra religión, queremos algo de ellos, que queremos quitarles algo, pero no, eso es estúpido y ridículo, sin embargo es complicado acabar con ese concepto de “el otro”.

Para eso, el recomendó buscar la bella tradición de las tertulias, en donde poetas, artistas y creativos se reúnen y simplemente discuten y contemplan su trabajo, en donde hablan en un espacio seguro, en el que podamos abrirle las puertas a las personas, integrarlas y darles la bienvenida en nuestra comunidad.

“Son esas pequeñas cosas que resuenan por siempre que le dan valor a las personas” dijo a los asistentes, motivándolos a confiar en la gente, a dejar que cada quien se represente como es, a darles el espacio y a invitarlos a la mesa, a notarlos, y estar exclusivamente atentos de la etnicidad de los demás, reírnos con ellos, verlos a los ojos y ser felices.

Foto tomada del Instagram de Welcoming America

Luis Alberto Urrea es un aclamado escritor finalista en 2005 al Premio Pulitzer por su trabajo de no ficción, y es parte del Corredor de la Fama de Literatura Latina. Urrea es un autor de 17 libros, ganador de múltiples premios por su poesía, ficción y ensayo. Nació en Tijuana. Urrea es reconocido por escribir acerca de la frontera, aunque como explica en su página web: «estoy más interesado en los puentes, no en fronteras».

Sigue al autor de The Devil’s Highway en su sitio web: luisurrea.com

Una Jarana; la llave al mundo para Jorge Mijangos

Por Sorayda Díaz

La música es un idioma universal. Para Jorge Mijangos, oriundo de San Cristóbal de las Casas Chiapas, México, la Jarana fue su llave al mundo, su amuleto de la suerte; decorada con una Guadalupana, ese instrumento que lo acompaña en sus giras le ha ayudado a no sentirse un extranjero en tierras lejanas a su patria.

Jorge Mijangos

Llegó en 1997 a establecerse a Santa Bárbara, California con las maletas cargadas de esperanza, sueños y el anhelo de poder concretar algo que en México no pudo, lo que le hizo cargar también con un poco de frustración y la nostalgia de dejar a su familia.

Fue ahí en California que conoció a su mentor Francisco Gonzales (QEPD), miembro fundador de la emblemática banda de East L.A. “Los Lobos».

“El fue como una puerta que se abrió para mí, trabajé con él en ‘Guadalupe Custom Strings’ y ese fue el portal para conocer músicos; empecé ha hacer jaranas, ensambles, me gané una beca, todo se fue dando poco a poco, decidí quedarme un año más, luego otro, y aquí sigo en este país.» recuerda el músico y laudero.

Sin embargo, su amor por la música nació desde que tenía cinco años, entonces aprendió a tocar la guitarra y jugaba con primos y amigos; en sus años de adolescente quería tocar jazz, rock o blues – contrario a los sones de marimba que escuchaba en casa- la música se convirtió en su carrera, una aventura que empezó como integrante del grupo veracruzano “Matraka” en su natal Chiapas y con quienes vino por ocasión primera a Estados Unidos. 

Con “Matraka” pudo explorar y fusionar, tocar la música tradicional con letras modernas; viajando con ellos se dio cuenta que en Estados Unidos le pedían canciones mexicanas, tradicionales, algo que le sorprendió, ya que él, entonces no valoraba la gran riqueza cultural que tiene México.

“Yo decía: por qué quieren escuchar eso, ahora después de tantos viajes, tengo entendimiento de la riqueza que teníamos; después de ese viaje a Estados Unidos, quise descubrir esa riqueza, mi propia identidad como mexicano, recuperar la riqueza que siempre he tenido y que por ciertas cuestiones no quería que me pertenecieran, quería quitarla, quería algo diferente, pero venir a Estados Unidos fue redescubrir y valorar mi riqueza cultural y aceptarme” comenta el músico.

Fandanguero y «Cafetero»

En los ‘90’s ya en los Estados Unidos y después de sus aventuras como músico en su país, se siguió dando cuenta que a la gente le gustaba lo tradicional, sobre todo el son jarocho. Por eso decidió comenzar un festival dedicado a ese elocuente y colorido ritmo. 

Empezó entonces a hacer “fandangos” con enfoque en el son llanero, ese que representa más la vida del campo.

“Eramos dos personas que lo organizamos y en el festival, yo invité a un grupo para que cerraran. ‘Las Cafeteras’ cerraban ese festival, el primer año tocaron son jarocho, eran como 10 o 15 músicos y movían a la gente, de ahí sentí que quería proyectar a los chavos como ellos, que son de aquí con ganas de hacer algo allá de México, pero desde aquí”, recuerda Jorge, también conocido como Pok’oko Mijangos.

Al siguiente año, ‘Las Cafeteras’ regresaron al Festival y desde entonces, hace 9 años, Mijangos se dedicó de lleno a ese grupo, tanto así que se unió a él. Con ellos recordó su época en la que el quería tocar blues, porque ahora era este grupo el que quería tocar algo que, por así decirlo, no les pertenece. Entendió aún más que la autenticidad cultural es la clave para sobresalir, ser honestos y honrar nuestras raíces, de dónde venimos.

Jorge Mijangos en el grupo Las Cafeteras

“Les sugerí que cantaran algo relevante a su momento; fue como sembrar semilla. Las Cafeteras no son jarochos, y aunque lo tocaban muy bien nunca iban a tener eso que da estar y crecer allá en México; tiempo después los volví a escuchar con un son jarocho diferente, con letras de aquí, temas que ocurren aquí en lugares de aquí, letras con las que la gente se identifica” menciona Jorge.

Desde entonces no han parado de llevar esos ritmos y letras que hablan de la comunidad inmigrante y Chicana al ritmo del son jarocho y la jarana.

“Yo No Creo En Fronteras”

Así lo dice el título de la canción de Las Cafeteras, y Jorge agrega que sí, en efecto las fronteras son mentales, “tu, yo y el vecino somos iguales, sin importar la lengua, uno mismo crea esas jaulas invisibles”.

“Ir a un lugar nuevo es traumáticamente impactante, uno se tiene que adaptar inmediatamente, el crecimiento no es escalonado, es una experiencia traumática pero todos lo pasamos y superamos, porque los inmigrantes somos seres fuertes”

Al inmigrante no se le reconoce esa fortaleza y todos la tenemos, pero debemos empezar por reconocerla nosotros mismos, dice el músico quien no se siente extraño en este planeta aunque haya en ocasiones atravesado momentos de discriminación que lo incitaron a fortalecerse.

Mijangos, quien ahora está en este país con los dos pies sobre el suelo (porque hubo momentos en que tenía uno aquí y otro en México) regresa a casa a cualquier sitio que va, y lo mismo le ocurre si está en Nueva Zelanda o Canadá, ese es regalo que le otorgó su Jarana.

Además de ser parte de Las Cafeteras, forma parte de una organización que se llama Harmony Project, con el que regala su música en áreas donde hay mucha pobreza, «dónde está dura la cosa, donde hay gente de arduo trabajo».

Alumnos de Harmony Project

Para conocer más de Jorge, de Las Cafeteras y de Harmony Project sigue los siguientes Links:

Las cafeteras

@mijarana

Harmony-project.org

Futuro Latino: Miriam Espaillat

Por Paola Argüello

¿Qué pasa cuando los inmigrantes se convierten en empresarios? ¿Qué pasaría además si estos inmigrantes están preparados y tienen todas las herramientas necesarias para ayudar y colaborar en su comunidad? ¿Qué pasaría si todo este experimento está ocurriendo hoy en día en la Ciudad Reina?

Hola!

Esto es Futuro Latino, y en esta oportunidad tengo el placer de presentarles la historia de Miriam Espaillat.

Miriam es Salvadoreña, Madre, Esposa, Empresaria y hoy en día parte fundamental de Raydal Hospitality Group donde se desempeña como Directora de Participación Comunitaria.

Emigra a Estados Unidos con 7 años y reside junto a su familia en Queens, New York. Allí crece, estudia, y da sus primeros pasos como empresaria, ayudando  a sus padres con sus negocios. También es en New York donde logra su título en Psicología. 

Miriam Espaillat

Llega a Charlotte a los 22 años luego de terminar su carrera, donde conoce a su futuro esposo Dalton Espaillat, y convierte a Charlotte en su nuevo hogar. 

Nada fácil este cambio de ciudades que, en un principio y para bien, hace reconsiderar a Miriam todas sus raíces como Latina, como Salvadoreña y es acá en Charlotte donde comienza a cuestionarse su rol como inmigrante. Con esta semilla, regresa a la universidad a estudiar una Maestría en Trabajo Social.

Junto a Dalton conforman Raydal Hospitality,  dueños de los conocidos restaurantes, Sabor Latin Street Grill, La Caseta y Tres Amigos Mexican Grill and Cantina, todos ubicados en Charlotte, todos con ofertas culinarias netamente latinoamericanas. 

En 2010 se abre el primero de sus restaurantes, “Tres amigos” y a la fecha, Raydal cuenta con más de 20 restaurantes en Charlotte y ciudades aledañas. 

Responsabilidad Social.

Ya con la empresa y su familia más estable, Miriam se dedica a desarrollar el primero de sus proyectos de ayuda comunitaria. Motivada por las dificultades que experimentan ellos mismos en la búsqueda de empleados para sus restaurantes, inicia un programa de ofrecimiento de Empleos de Segunda Oportunidad. 

Este proyecto le abre a Miriam un abanico inmenso de posibilidades de ayuda para las personas, al darse cuenta de que no solo es el empleo lo que necesitan, se lanza también a brindar ayuda en la búsqueda de soluciones de vivienda, bancarias y de salud. 

Con esto en mente unido a sus contactos corporativos y académicos, Miriam logra establecer una alianza con varias instituciones locales, entre ellas: Charlotte Bilingual Preschool,  de la cual es miembro activo de su Junta directiva; SocialServe que ayuda en la búsqueda de soluciones de vivienda, Leading on Opportunity, cuya misión se enfoca en la ayuda a los niños y Center for Prevention Services que se enfoca en la prevención del abuso de sustancias en jóvenes.

En sus palabras:

“… la mejor ayuda que puede recibir un empleado es lograr la estabilidad laboral, social y económica de él y de su propio grupo familiar.”

Miriam Espaillat, empresaria.

Desde el 2016 ya son varias las personas empleadas por Raydal Hospitality bajo este programa que Miriam continúa desarrollando.

Su segundo proyecto está todavía en fase de planificación, Los Espaillat están trabajando en una plataforma donde puedan compartir su experiencia tanto técnica como financiera, contactos y “know how” para que aquellos empleados de Raydal Hospitality que deseen independizarse encuentren en ellos una mano amiga para comenzar su nuevo camino.

Estos dos proyectos mantienen actualmente ocupada a Miriam en la empresa y se han convertido en sus banderas de Responsabilidad Social Corporativa.

¿Por qué Charlotte?

Miriam y su familia llegan a Charlotte a raíz del traslado de uno de sus hermanos, y luego de una breve visita decide toda la familia arraigarse en la Ciudad Reina. 

Indudablemente Miriam reconoce todo el crecimiento de Charlotte y de su comunidad Latina desde su llegada. Atrás quedaron los días donde ella y su esposo debían explicar a los locales cada plato preparado en sus restaurantes.

Sin embargo, está consciente de que queda mucho por hacer. Considera que todavía hay mucho por desarrollar en el área de servicios… “han mejorado, pero no lo suficiente, en sus palabras. 

Los servicios de salud más que todo, según ella requieren de mucha más atención. Área donde los latinos, a pesar de la experiencia y conocimientos que podamos traer de nuestros países, nos cuesta mucho más poder colaborar con la comunidad debido a los procedimientos técnicos y administrativos que se deben cumplir para poder ejercer nuestras profesiones en este país.

Sí, aplaude en cambio, todo el avance en el campo de los servicios financieros destinados a los clientes Latinos. Actualmente considera que existen una considerable variedad de  programas y plataformas disponibles en la banca local para el emprendedor latinoamericano, que no se conocían hace 10 años. Miriam ciertamente siente este cambio en la comunidad y lo ve palpable en el crecimiento de su propio negocio.

Miriam y Dalton siguen con sus planes de desarrollo y con sus planes de ayudar a sus empleados, sus familias y a la comunidad. Son un fiel ejemplo de que la constancia, el trabajo duro, de la mano con la educación, son siempre las mejores herramientas para el desarrollo personal y social.

Los Espaillat siguen con su apuesta personal y corporativa en la Ciudad Reina. Miriam, Dalton y Raydal Hospitality son y seguirán siendo parte del Futuro Latino de la Ciudad Reina.

Si te interesa formar parte de Raydal Hospitality o quieres conocer más de estos programas puedes contactar a Miriam a través de sus contactos corporativos https://www.raydalhospitality.com/ 

Nos vemos pronto.

Paola Argüello es Ingeniero Industrial con Maestría en Negocios en la Universidad de los Andes, Colombia.
Mamá de Julieta, esposa de Edgar, ciudadana del mundo y a veces también escribe. Vive en Charlotte desde Junio del 2015. Nació hace tiempo ya en Maracaibo, Venezuela.