Reinventarse ante la adversidad

Acompañada de la escritura desde los 9 años, Margarita Dager Uscocovich ha aprendido junto con su familia a crecer y adaptarse al  sistema y cultura de Estados Unidos a donde llegaron hace ya más de 20 años. Actualmente cuenta con una novela publicada No es tiempo de morir y una más que viene en camino.

Ecuador, su tierra natal no ofrecía un futuro muy próspero y junto con su esposo y su hija de 8 años decidió lo que muchos hacen ante esa situación, desplazarse de su tierra.

“La política no nos da las oportunidades que el  Ecuatoriano necesita y se merece, hay demasiada gente preparada y estudiada que puede aportar mucho.” dice Dager, quien en su tierra trabajó en el área de aviación haciendo buen uso de los 4 idiomas que domina.

La también gastrónoma y catadora, quien actualmente trabaja como interprete de español para escuelas y hospitales, junto con su esposo también ha establecido un negocio familiar en Charlotte; el punto de partida de su éxito ha sido confiar en ellos mismos como familia y adaptarse al sistema, las leyes y la cultura. 

En su novela  No es tiempo de Morir, la escritora nos lleva a conocer uno de los muchos caminos del inmigrante, un niño y su enfermera conversan en un cuarto de hospital sobre su experiencia de guerra y el desplazamiento forzado que ambos tuvieron que hacer debido a la violencia del Estado Islámico. El texto es muestra de que si bien el camino del inmigrante a veces es trágico, al final es la esperanza y la belleza de la vida lo que logra mantenernos a flote.

En entrevista con VozEs, la escritora compartió sus experiencias sobre estas dos décadas que lleva en Charlotte y nos platicó sobre su libro, su  trabajo en la escritura,  su gusto por la pintura y la promoción cultural.

Platícanos sobre No es tiempo de morir y el por qué el tema sobre la  guerra del Estado Islámico.

No es Tiempo de Morir fue publicada en 2018, el año pasado salió en inglés y ha tenido buena acogida. Sin embargo, como escritores independientes tenemos que movernos al ritmo que se permite. Con ayuda de pequeñas ferias del libro se ha promocionado.

Como me fuí a Siria pude haberme ido a Yemen, a Venezuela, o a retomar el Holocausto; este es un tema que me llama mucho la atención, un tema actual que se está viviendo. Me tocó como madre, como mujer, porque siempre he dicho que en estos casos de violencia, siempre es recurrente que la mujer sea un arma de guerra, la dignidad de una mujer siempre está en la línea de fuego en estas situaciones. Era necesario hablar de este tema.

Vengo de una familia árabe, conozco su cultura y no estoy muy lejos de tener familiares sirios y libaneses, nos atañe como comunidad, a veces la comunidad árabe es egoísta, hay lugares en los que tienen capacidad de ayudar y lo hacen pero no es suficiente para sacar a esas familias y ayudarlos.

En esos países que viven del turismo hay mucha prostitución y tráfico de niños y mujeres; la relación que hay entre la sociedad y la religión es demasiado fuerte, es un lazo que no se ha podido romper ni aún en las sociedades modernas con la influencia de occidente. No me enfoqué en la política sino en la historia, la forma de vida, los recuerdos, lo que los niños y madres enfrentan.

Quise hablar del desplazamiento forzado, esa falta de tu tierra; hay casos en los que los migrantes que decidieron irse fue porque hay momentos de desolación, desamparo y ambigüedad, de que no sabes que va a pasar en tu país. Es difícil dejar a tu familia con alguien, y hay que entender y ver la moneda desde los dos lados, el del desplazado y también el del que se queda.

¿Cómo ayudan el arte y la belleza a procesar la tragedia que a veces genera este desplazamiento?

Dos de mis protagonistas solamente recordaban cosas bonitas dentro de su tragedia. Eso es lo que llevamos adentro, eso es parte de nosotros, a veces el miedo nos hace recordar cosas bonitas, ellos están rodeados de miedo y puede esa ser su primera opción pero por el contrario, sacan fuerza y comienzan a recordar cosas bonitas, para darse aliento y decir que no todo puede ser tan malo.

En esta novela llenó siempre la esperanza, no siempre todo es malo, nosotros somos los responsables de sacar lo mejor de nosotros en los momentos más difíciles.

Las personas en esta pandemia, por ejemplo han sacado lo mejor, muchos se han reinventado, yo por ejemplo me volví a reinventar pintando, había dejado la pintura desde hace muchos años, no soy estudiada en técnica pero me gusta mucho el arte y la decoración, y descubrir nuevas cosas.

¿Qué le dices a los inmigrantes que buscan también retomarse y reinventarse en este país?

No puedo dar un consejo específico porque lo que es mío no le funciona a otro, pero todo ocurre en el momento preciso, si vienes de otro país para lograr una mejor economía lo primero va a ser trabajar. En mi caso, nos asentamos con mi familia y ahora ya vi que es hora de hacer lo que me gusta a mí.

Creo que cada persona sabe y está preparada para retomar eso que a veces dejamos, nunca debemos abandonarlo, no podemos soñarlo sin hacerlo realidad. El “qué hubiera sido” no funciona. Tenemos que ver nuestras prioridades, organizarlas y no abandonar nuestros sueños.

Como escritora tengo la facilidad de aprender a ponerme en los zapatos del otro, es muy difícil pero debemos de aprenderlo, debemos ser un poco menos egoístas, al llegar aquí y despegar nuestras alas, no todas las personas tienen la facilidad y oportunidad de ayudar, a veces la mentalidad es “ráscate con tus propias uñas”,  pero creo que cada quien podemos hacer algo para mejorar la situación de nuestros coterráneos.

Debemos ver que no “soy solo yo” si no todos los que pertenecemos a la comunidad, hay muchas personas que vienen con menos oportunidades, nos tenemos que ayudar con cositas pequeñas. Este país tiene muchas oportunidades para proyectos y para la cultura, y debemos apoyarnos.

Debemos aportar, consumir nuestros productos y nuestro arte, hacer que se nos conozca y reconozca.

También hay que votar es nuestra obligación, y nuestro derecho, así  ayudamos a la comunidad, debemos de ir en contra de políticas de divide y vencerás, tenemos que ver que no es cuestión de partidos sino de beneficios mutuos.

Un libro abre puertas, regala un libro, un libro abre puertas, ve, compra un libro, hay muchísimos libros. Los libros son la puerta al aprendizaje.

En tus 21 años en Charlotte, ¿cómo ha sido el progreso del apoyo al arte del inmigrante latino, lo hay?

Me parece que si lo hay y he sido afortunada ya que por parte de Queens University he aprendido a explayar mis alas con su proyecto de Arte Latino que realizan con el departamento de lenguas españolas o castellanas y la Asociación Art Sí, es un llamado que hacen a artistas, he conocido mucha gente que le ha ido bien en ese proyecto; sin embargo noto que en todo este aspecto del arte hay segregación, si ya llegaste a ser más conocido, pues viene a veces el egocentrismo y una rivalidad que no nos deja salir adelante, aunque también individualmente hay que tener voluntad de buscar espacios, no hay que esperar a que solo se nos invite.

Me gustaría muchísimo que nuestros propios consulados nos apoyaran, en mi país no he visto mucho apoyo en el aspecto cultural, más bien lo hay en promocionar negocios.

Creo que si estás representado un país, se tiene que representar en el aspecto cultural, eso no se ha dado y es una obligación moral del país para contigo, como mexicano, ecuatoriano, español. El gobierno de cada país debe apoyar.

Margarita ya prepara su nueva novela sobre una historia de la vida real y personajes de ficción que dan vida a la triste realidad que vive la ciudad de Charlotte como una de las 10 ciudades con más tráfico de personas.

“Es una historia muy compleja que he investigado, algo muy interesante, a veces de la persona menos esperada puedes sacar algo tétrico. Son temas fuertes pero así es la vida y  a veces creemos que -si no me pasa a mí- no tomo conciencia, pero no esperes a que te pase, no esperes una guerra, una hambruna, hay que tomar conciencia ya” dice la autora.  

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