LA DESBANDÁ

Por Loli Molina

El 6 de febrero de 1937 el frío y la humedad en forma de  tropas franquistas y sus aliados rodearon la ciudad de Málaga como una ola gigantesca a punto de cubrirlo todo. Mi abuelo Rafael, de quien heredé la afición por los escritorios antiguos, la poesía y las conchas finas, me contó hace ya muchos años, puede que más de treinta, que él tenía catorce años cuando mi bisabuelo llegó a casa y le dijo a mi bisabuela que tenían que abandonar la ciudad porque en breve sería tomada por los golpistas. Como ellos, decenas de miles emprendieron el mismo camino por la única vía que no había sido cortada, la carretera de Almería, con lo puesto y el miedo agarrado a sus entrañas. Cuando salieron del barrio de la Trinidad, los refugiados se agolpaban para cruzar el puente de Santo Domingo. Los niños lloraban, las madres se agarraban a sus hijos, enganchados a ellas con desesperación, y los padres intentaban que el pánico no se les notara en la cara. 

Aún faltaba para Semana Santa y las calles rebosaban de gente que se dirigía hacia su propio calvario. Bajaban por las escaleras de  Calle Carreterías, apresuraban el paso por Calle Larios, rezaban a los santos y las vírgenes por la Alameda y se santiguaban al pasar por la plaza de toros. La carretera de Almería era lo que ahora llamaríamos un corredor humanitario, solo que no hubo humanidad para con ellos. En ella, mi abuelo, sus padres y sus dos hermanas, hicieron el camino más tortuoso de sus vidas, ya que el ejército franquista trató de evitar el éxodo atacando a los civiles por tierra, con tanques y artillería; por mar, con tres buques en las costa de Málaga; y por aire, con la fuerza aérea. A pesar de ello, lograron pasar Rincón de la Victoria, Benajarafe y Torre del Mar, donde, según contaba mi abuelo, así como las crónicas de la época, el farero, Anselmo Vilar, decidió apagar el faro porque los golpistas usaban su luz para los bombardeos nocturnos. Siguieron caminando hasta llegar a Nerja, después de haber caminado 56 kilómetros, donde mi bisabuelo dijo esto es una carnicería, tenemos que volver a Málaga. Así que decidió que pasarían la noche allí escondidos en una especie de cueva y, cuando amaneciera, regresarían a la ciudad. Esa noche, gélida y yerta, se encontraron un caballo junto a una familia asesinada, huérfano, que les sirvió para volver. Supongo que se lo turnaron para descansar de caminar. Supongo que no sabían montarlo pero la necesidad les enseño de golpe. La carretera, asfaltada de muerte, olía a quemado y el humo se mezclaba con la típica niebla matutina malagueña. Intento imaginarme lo que debieron de sentir cuando entraron en la ciudad tomada por el ejército franquista y asumo una mezcla de malestar y, a su vez, de alivio por estar vivos. Sin embargo, el miedo les hizo pensar que quizás deberían devolver el caballo. Mi bisabuelo, que temía las posibles represalias si averiguaban que no era de ellos, obligó a mi abuelo a ir la comisaría y devolverlo alegando que se lo habían encontrado en la calle. 

Al llegar al barrio, la desolación había pintado la cara de aquellos que se habían quedado, así como la de los que habían regresado huyendo de la masacre perpetrada en los 250 kilómetros que separaban Málaga de Almería. Mi abuelo, con solo 14 años, había visto más muertos en un día de los que vería el resto de su vida. Había recorrido más de 100 kilómetros de la mayor masacre de civiles de la  Guerra Civil española. Se había hecho hombre a golpe de bombas. Había regresado al barrio al que dedicaría más de un centenar de poemas después de abandonarlo varias veces más para llegar hasta Rusia, Alemania, Argentina y Venezuela. Había hecho su propio camino al andar. 

NOTA: Este relato es parte historia, parte recuerdos y, lo que no está en los libros de historia, las crónicas de la época, ni los recuerdos, es ficción. Para completar mis recuerdos he contado con los de mi tío Fali, quien mantiene la memoria oral de nuestra familia viva. Quiero dedicar este relato a todos los refugiados que cada día, en cualquier parte del mundo, tienen que abandonar sus casas. Como dijo Julio Anguita, “malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”. 

Algunos recursos para saber más sobre La masacre de la carretera de Almería, también conocida como La desbandá. 

Podcast de Radio Nacional de España: Documentos

Podcast Onda Cero Radio: ‘La Desbandá’: 85 años de la evacuación «histérica» de Málaga

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