El arte de extrañarte

Por Andrea Bredar

El arte  de extrañarte, si se contextualiza entre tiempo y espacio pasa de ser una rima a un oficio exhaustivo, donde he elaborado por más de una década complejos laberintos para que deambules entre mi consciente y mis sueños.  Un ritual de memorias, letras de canciones, labios que no se cansaban de besar, excusas para estar a solas y todos aquellos excéntricos lugares donde hicimos el amor una y otra vez. 

Dejar la tranquilidad que vivo y en la que me refugié todos estos años, para andar moviendo troncos de leña vieja añorando vuelvan a lanzar una chispa es sin duda un arma de doble filo.  Sé que no puedo tener una vibrante fogata como ya lo fue una vez,  pero si anhelo calentar un poquito mi alma. Tengo presente que hay cientos de millas, dos personas que ahora son nuestro presente y a quienes llamamos familia, pero que puedo hacer, si está prohibido o no, ¡yo siempre te he querido!

Como un zorro tonto que le urge ser  domesticado, aquí ando merodeando una noche más. Sigilosamente espero, doy vueltas, miro el reloj, como ansío que aparezcas. Y es que en tiempos virtuales, felicidad son las palabras “en línea”.  El éxtasis absoluto es leer  un “escribiendo”.  ¡Ya estás aquí! ¡Llegaste a mí! Y es que el poder de un solo mensaje, un comentario, un saludo, es más efectivo que un café o cualquier antidepresivo. 

Te necesito.  Confieso que esperé tanto tiempo que volvieras por mí, que regresaras a recoger nuestra historia que entre melancolía y ríos de lágrimas se negaba a sumergir.   Así que desesperación es no encontrar más preguntas, más excusas para que te quedes hablándome.  Sigo siendo caprichosa,  quiero ser yo, tu mundo por un segundo.  Que se acabe el día y digas que quieres ir a descansar, es  reiniciar el cronómetro y suplicarle al universo que continúes con tu pensar de ser mi amante al despertar.  

Eres sabor agridulce, adrenalina que sube a su cumbre y entre erotismo y picardía,  el cielo puedes hacerme alcanzar.  Ruleta que finaliza con largos silencios y el sentimiento de ser usado y abandonado.  Amor mío, acaso no te das cuenta que no solo le haces daño a ella, también me estás lastimando. 

Recordamos con emoción muchas cosas bonitas y con tristeza entendimos que un amor tan grande es en vano reemplazarlo.  Construimos con preguntas y respuestas todo lo que fue un día suposiciones en nuestra cabeza. Sin embargo, idolatrarte tantos años de manera tan detallada me hace entender que no eres  tú de quien me enamoré.  Lo mejor es que ella se quede con el hombre que eres y yo con el joven que fuiste una vez.  Es hora de soltar este hilo rojo y dejarte ir. Vuela alto, vete lejos, sé feliz. 

Vendrán días de remordimiento y suspiros  desgarradores.  Me cuestionaré una y otra vez mi decisión pues al soltarte te  llevaste la mitad de mi vida.  Con la desolación de convertirme en un ser vacío, me encerraré en aquel laberinto.  Allí podré soñar libremente que todo vuelve a empezar.  Que entrarás por la puerta para encontrarme en tu estudio, me mirarás sonrojado, te lo puedo asegurar. Sabes que te volveré a enamorar.  Te prometo que te volveré a enamorar.

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