Folletín

Por Loli Molina

M. pren. Artículo literario, novela u otra obra cualquiera que se publica por partes en un lugar especial de los periódicos. 

Novela truculenta, de escaso valor literario. 

Diccionario Enciclopédico Vox 1. @ 2009 Larousse Editorial, S.L.

LA TRAICIÓN DE MARIELITA

Capítulo 2

El día de su boda fue memorable a medias. Un recuerdo cómodo para él, mejorable para ella. Demasiados errores evitables. Que si el vestido no cerraba bien, que si las medias tenían una carrera, pero no pasaba nada porque nadie lo notaría, que si algunos invitados no estaban contentos con la mesa que les había tocado en el banquete. Ahora que echaba la vista atrás veía todo con más claridad: no tendría que haberse quedado embarazada antes de tiempo, debería haber comprado unas medias de repuesto, y los invitados se quejarían, pero no recordarían nada después de las dos primeras copas de la barra libre. 

Por un momento, experimentó un breve sentimiento de culpa por haber deseado no haberse quedado embarazada tan pronto, porque la culpa de las mujeres es así, siempre viaja con ellas a través de las hijas, las madres y las abuelas como una mochila que nadie se atreve a quitarse por el qué dirán. Pero luego se reafirmó en su pensamiento. Quizás, si Luciana hubiera nacido unos años después, ella podría haberse dedicado a su gran pasión, la pintura. 

Y es que muy a sus adentros, Marielita siempre tuvo la corazonada de que ella podría haber sido una gran pintora reconocida internacionalmente. No, no era un hecho aislado de autopercepción, sino que, ya en sus años mozos, un profesor de arte en la universidad le había insistido en que no dejara de pintar y, siguiendo su consejo, fue como logró llevar a cabo su primera -y última- exposición. Su pintura, inspirada en Georgia O’Keeffe, mostraba los rincones del pueblo en el que pasaba todos los veranos con su abuela cuando era niña y de la que heredó el nombre. Mientras sus padres trabajaban en la vendimia, ella acompañaba a su abuela a hacer la compra, lavar la ropa en el lavadero vecinal y escuchar las historias de las vecinas cada noche después de cenar, a la fresca, como se decía en el pueblo.  Era la hora en la que el sol se ponía y los maridos estaban ya durmiendo porque tenían que levantarse antes de que el sol saliera para ir a faenar. A la fresca, la abuela y sus vecinas comían pipas y comentaban el día y Marielita, que ya apuntaba maneras, dibujaba a esas mujeres, fijándose cuidadosamente en sus rostros, sus manos y sus delantales. Hasta que se fue a la universidad a estudiar Historia del Arte y nunca volvió. 

Quizás por eso sus cuadros retrataban el pueblo, quizás era su forma de rescatar los espacios en los que había sido feliz. Ojalá nunca hubiera dejado de pintar, pensó Marielita. Ojalá no se hubiera quedado embarazada de aquel hombre que conoció en la exposición. Ojalá no se hubiera casado. Ojalá no le hubiera cogido el teléfono y no hubiera escuchado su voz nunca más. Ojalá quemarlo todo. Así, con ese pensamiento ocupando su cabeza como un gas a punto de estallar,  se comió las últimas patatas fritas, tiró la bolsa en la basura, sacó la bolsa de la basura, la llevó hasta la cama estilo mid century, la puso encima de una radiante colcha blanca, se dirigió con paso firme hacia la cocina, agarró el mechero que guardaba para encender las velas de cumpleaños, volvió a la habitación con la cabeza tan fría como el corazón, encendió el mechero y volvió a pensarlo. Ojalá quemarlo todo. Pero no lo hizo. En su lugar abrió la bolsa de basura, la esparció sobre la cama y devolvió el mechero a su cajón. Después, fue en busca de su bolso, las llaves del coche y el teléfono y se marchó de casa sin dejar una nota. Pero se olvidó la cena en el fuego.

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