Folletín: Capítulo 3

Por Loli Molina

M. pren. Artículo literario, novela u otra obra cualquiera

que se publica por partes en un lugar especial de los periódicos. 

Novela truculenta, de escaso valor literario. 

Diccionario Enciclopédico Vox 1. @ 2009 Larousse Editorial, S.L.

LA TRAICIÓN DE MARIELITA

Capítulo 3

Cuando cerró la puerta de casa, Marielita era un cóctel de rabia y arrepentimiento. Rabia por el presente y arrepentimiento por el pasado. Ese batiburrillo era un combustible peligroso pero necesario para bajar las escaleras de los trece pisos con tanta agilidad que ni escuchó el bombeo de la sangre en su cabeza. Quiso evitar coger el ascensor porque tenía la mala suerte de coincidir con algún vecino del piso catorce al que le gustaba conversar sobre el tiempo, y ella no lo soportaba. A Marielita cada vez le gustaba menos la gente. Ella, que siempre había sido extrovertida, se había ido convirtiendo en una sociable selectiva. Simplemente no quería hablar de lo que no quería hablar. Pero el silencio ya no era una opción cuando la traición se instalaba en el centro del hogar.

Había que mirar de frente a la ruptura de la fidelidad. Había que pensar en Ángel.

Ángel era alto, pero no demasiado alto; fuerte, pero no desmesuradamente fuerte; y guapo, pero tampoco sobradamente guapo. Lo que sí era, y con creces, era un mentiroso. Desde que había cumplido los sesenta, cinco años atrás, había empezado a buscar lo que él llamaba «carne fresca»: relaciones extramatrimoniales con mujeres mucho más jóvenes, aventuras veloces que pretendían camuflar el avance implacable de la edad. Se creía astuto, pensaba que sus retrasos y sus excusas corporativas eran perfectas. Qué diablo. Ángel no era un genio, pero jugaba con la ventaja de que, hasta hacía muy poco, él de verdad creía que quería a su mujer.

Marielita aún recordaba el día que fue a aquella exposición de pintura, invitada por un amigo, y lo conoció. Él vio en ella a una mujer bella, con una sensibilidad artística exquisita; la esposa ideal, la perfecta madre para sus hijos. Así que insistió con un cortejo firme hasta que la dejó embarazada y, con sutiles hilos de persuasión, la convenció para que abandonara su prometedora carrera y se quedara en casa. Deseaba un hogar tradicional que custodiar. Primero llegó su primogénito, un varón; su sueño hecho realidad. Luego vino la hembra, Martita. Y podrían haber tenido un tercero, pero Dios no lo quiso, de modo que se quedaron en una familia de cuatro.

Él, mientras tanto, iba escalando puestos en la empresa, convencido de que cada ascenso era el justo pago a su valía. Ella, por su parte, dedicaba las horas a la familia, las tareas de la casa y alguna que otra afición de esas que no estorbaban ni hacían ruido: punto, macramé, crochet. Costura no. Jamás quiso tocar una aguja porque aún conservaba el recuerdo nítido de su madre, con la espalda arqueada y los ojos fijos, echando horas frente a la máquina para confeccionarle los vestidos que ella misma elegía en las revistas de patrones; recordó cómo aquella mujer fue perdiendo la vista poco a poco, consumida por el esfuerzo invisible.

Así habían sostenido la fachada del matrimonio perfecto durante cuarenta años. O al menos eso parecía de cara a la galería.

A Marielita nunca le había gustado hablar de sus intimidades, porque hablando es como terminan saliendo las verdades, y ella se había esforzado mucho para que no salieran. Sabía que si las verdades se escurrían entre sus dedos como agua imposible de retener, se vería obligada a tomar decisiones drásticas, y la rutina la había acomodado a cuatro décadas de silencios compartidos y mentiras toleradas.

Hasta hoy. Tras bajar los trece tramos de escaleras, Marielita cruzó el umbral del que una vez fue el edificio de apartamentos más caro de la ciudad. Salió a la calle como alma que lleva el diablo, pero, por primera vez en toda su vida, con un rumbo completamente fijo.

Lee todos los capítulos de La Traición de Marielita.

Capitulo 1

Capitulo 2

Capitulo 4

Capitulo 5

Deja un comentario

Descubre más desde Vozes de Expresión

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo