Hecho por Manos Inmigrantes; el tradicional ‘Pan Dulce’

Por VozEs

 

Una de las cosas más sagradas para Manuel Betancourt es el olor y el sabor en su panadería cuando las conchas, mantecadas o pasteles salen del horno, sin embargo, ese aroma y gusto al paladar que las piezas horneadas provocan a sus consumidores, no sería posible sin las manos de los panaderos que trabajan en Manolo’s Bakery.

Son sus manos inmigrantes las que ayudan al colombiano a vender la alegría y dar vida a una de las tradiciones gastronómicas más grandes de México: El pan dulce. 

Y aunque el  pan dulce se consume en otros sitios de latinoamérica, su consumo y creación es más latente en México; en la panadería de Manolo, con el tiempo y la llegada de trabajadores de diferentes países, ahora convergen los diferentes estilos del pan, desde el salvadoreño, colombiano o cubano, hasta la famosa trenza portuguesa o el pastel de maracuya, sin embargo, la receta principal de las conchas, las mantecadas y la variedad mexicana viene de Chihuahua. 

«Qué sátira tan grande, en nuestros países de origen hacemos trabajo para empresas de aquí, son manos de nuestra gente, son cosas hechas para América, pero todo se ensambla allá afuera en maquiladoras, pero el pan, este pan es de aquí es hecho por manos inmigrantes. Pensando en el pan mexicano que hacemos aquí. Es hecho en América, por manos inmigrantes» comenta Betancourt.

Pero ¿cómo es que un inmigrante colombiano decidió dedicarse al negocio del pan dulce y tomar la misión de heredar y dar a conocer esta tradición mexicana?  Por accidente.

“Me convertí en panadero por accidente, no conocía nada del pan dulce, no conocía ni el chile, en Colombia no comemos picoso” dice Manolo entre risas sentado en su oficina, a la que por cierto llega el aroma del pan recién salido del horno. 

Bajo la influencia de Estados Unidos en Latinoamérica, Manuel siempre escuchó sobre el sueño americano, y en el año 1994 vino por primera vez a Estados Unidos a una competencia de artes marciales. Desde ese momento, Betancourt se enamoró de EEUU. Después, ya de regreso a su país, vivió la experiencia ilógica de la guerrilla colombiana como teniente de marina y posteriormente, dejó las armas para regresar al país del norte a estudiar política, fue entonces que decidió quedarse a vivir permanentemente en este país.

Después de trabajar en Americorps con inmigrantes se dio cuenta de la realidad que viven y lo mucho que se sufre en este país ya que no tienen todos la fortuna de llegar aquí con una visa de estudiante o de trabajo; durante este tiempo también conoció a su primer esposa, madre de sus hijos, hija de los fundadores de la panadería y con quien llegó a vivir a Charlotte.

«Yo creía que todo el mundo tuvo la fortuna que tuve yo de venir con visa y seguro y licencia, cuando vi cómo se maltrataban a los campesinos, eso fue un golpe muy fuerte  para mí. Decido quedarme aquí y no vuelvo a Colombia. En el proceso de arreglar mi estadía aquí en EEUU perdí una cita con inmigración y me dieron una orden de deportación. Pasé de un estatus a otro, como la mayoría, sin licencia, me di cuenta de la realidad de conducir sin licencia y la realidad de mi burbuja de venir con visa.» expresa Manuel. 

De familia de negociantes, Manolo quiso engrandecer más la tradición y el trabajo de las manos de los inmigrantes, después de separarse de la mamá de sus hijos, él siguió con la panadería y se ocupó de lleno a aprender la tradición e historia del pan mexicano, así fue que aprendió que el pan de México es de origen francés y que a las mantecadas en Chihuahua les dicen chinos por la migración asiática en el norte de México, entre otras cosas. 

Para Betancourt, es muy importante heredar las tradiciones gastronómicas a las nuevas generaciones y demostrar la autenticidad  y el talento de las manos inmigrantes al dar vida a la cocina latinoamericana en Estados Unidos.

«Lo más sagrado son las manos de mi gente, no puedo tener  panaderos sin manos, el futuro, las manos de la gente, mis hijos, la tradición, heredarla a generaciones nuevas. Eso es valioso.» 

«Nuestro pan , nuestra gente, nuestro futuro.” recalca el emprendedor y activista.

En su panadería se han formado muchas manos que hacen el pan, algunas con conocimiento previo y otras sin experiencia, pero todas han llegado y aportado el trabajo arduo que ha puesto a la panadería como una de las más reconocidas y ricas en la ciudad en el ranking the Charlotte Magazine, un título bien merecido ya que este negocio ubicado en la Central Avenue no solo comparte el sabor de sus panes y pasteles con la ciudad, sino la cultura de nuestros países, la autenticidad de su cocina y el activismo siempre en pro del inmigrante latinoamericano. 

«Es gracias a ellos que tenemos esta panadería, y podemos compartir nuestras tradiciones, y demostrar lo que podemos ofrecer y crear» concluye Manuel.

Fotografías: Edmundo Pacheco

Fe

Por VozEs

Conoce al talentoso artista Fernando Gallardo, nacido el 15 de Abril de 1990 y radicado en Charlotte en donde vive con su familia. En una breve plática con VozEs nos cuenta un poco de su trayectoria y su inspiración.

¿De dónde eres y cuánto tiempo tienes en Estados Unidos?

Yo nací en un pueblito llamado Los Algodones, Baja California, México. Mi papá es del mismo pueblo y mi mamá nació en Guadalajara, México; pero se crió en un rancho en Nayarit que le llaman «La Bajada.» Tenemos 24 años en Estados Unidos. Llegamos aquí desde 1996.

Fernando Gallardo

¿Cuando inició tu gusto por el Arte y qué te inspira?

Comenzó como a los 20 años. Me acuerdo que de pequeño me interesó mucho el arte, siempre estaba dibujando o pintando algo. No fue hasta que entre a la High School que tuve mi primera clase de arte y en ese momento descubrí que era y sigue siendo una de mis pasiones.

«Baptism»

«Pintar para mí, es como un escape. Una manera de expresar mis emociones sin tener que decir nada, y también una forma de conectarme espiritualmente.»

Lo que me inspira a pintar es la Biblia. Entender lo que Dios dice, y tratar de expresarlo en pintura. Mi cultura Mexicana también influye bastante en mis pinturas. Por ejemplo, los colores que uso me recuadra a los colores de las casas que se ven en México.

«Butterfly Effect»

¿Actualmente a que te dedicas?

En este momento trabajo para una empresa que se dedica a deshacerse de químicos peligros y desinfectar otros locales que han tenido personas que han salido positivos de COVID-19. Y también soy parte del Navy Reserves de las Fuerzas Armadas de los EU.

Para todos los Inmigrantes talentosos quiero decir que hay que trabajar juntos, mantenernos unidos, y poner a Dios primero para poder lograr nuestras metas y poder ser escuchados.

¨Baptism¨
¨Unknown¨

Para contactar al artista síguelo en su IG @gallardo415 o escríbele a gallardofernando415@gmail.com

La Aventura y yo

Por Tonatiuh Alcantar

Estando dormido una voz de terciopelo sensible femenina a la distancia me llamaba.
Era la bella aventura que a través de mi ventana susurrándome decía: «deja que te enseñe todo y escapemos juntos.»

Su voz era como un canto de sirena en el mar.

Desperté y navegando con mi mente en mi alma náutica, hice una decisión interna que se manifestó externa separándome de dos mundos diferentes.

Me embarqué, no ocupé equipaje porque mi corazón ya tenía lo necesario; en mi travesía pasé por muchos paisajes, por muchas tristezas y muchas alegrías, muchas veces me encontré en un abismo.

Pero la aventura me presentó al silencio y él me enseñó su alma geométrica llena de colores, sensible como el atardecer cuando se disipa sobre la hierba.

Vengo de una raza morena, bella, de bronce, Azteca y guerrera. Los vientos del sur me llaman. ¡ Tráiganlo! Díganle que regrese.

Es el reclamo a la madre tierra: Que escuche el corazón del volcán, de la tierra que lo vio caminar descalzo, lo quiero sentir otra vez como el niño que corría bajo la lluvia con sus sonrisas y alegrías, porque su ausencia duele.

Los recuerdos son como torrente que llevo en mi mente como mochila al hombro, llena de historias de triunfos y derrotas, lienzo bello de mi vida que llevo en mi interior como un amuleto; y aunque ahora mi camino ha evolucionado, cada nuevo paso que doy es calculado.

Me hice amigo del miedo, y juntos nos reímos a carcajadas, cuando la vida se hizo incierta el me mantuvo alerta y aunque tomó tiempo, restauré mi cuerpo y vitalicé mi mente renaciendo como el ave fénix de entre las cenizas.

Sigo de pie peleando como un lobo temerario, en esta selva de concreto sigo superándome a mí mismo.

Juntos, la aventura y yo seguimos caminando como nómadas sin rumbo, sin tierra, sin tiempo.

Libres como la hoja que cae del árbol por el viento

Reinventarse ante la adversidad

Acompañada de la escritura desde los 9 años, Margarita Dager Uscocovich ha aprendido junto con su familia a crecer y adaptarse al  sistema y cultura de Estados Unidos a donde llegaron hace ya más de 20 años. Actualmente cuenta con una novela publicada No es tiempo de morir y una más que viene en camino.

Ecuador, su tierra natal no ofrecía un futuro muy próspero y junto con su esposo y su hija de 8 años decidió lo que muchos hacen ante esa situación, desplazarse de su tierra.

«La política no nos da las oportunidades que el  Ecuatoriano necesita y se merece, hay demasiada gente preparada y estudiada que puede aportar mucho.» dice Dager, quien en su tierra trabajó en el área de aviación haciendo buen uso de los 4 idiomas que domina.

La también gastrónoma y catadora, quien actualmente trabaja como interprete de español para escuelas y hospitales, junto con su esposo también ha establecido un negocio familiar en Charlotte; el punto de partida de su éxito ha sido confiar en ellos mismos como familia y adaptarse al sistema, las leyes y la cultura. 

En su novela  No es tiempo de Morir, la escritora nos lleva a conocer uno de los muchos caminos del inmigrante, un niño y su enfermera conversan en un cuarto de hospital sobre su experiencia de guerra y el desplazamiento forzado que ambos tuvieron que hacer debido a la violencia del Estado Islámico. El texto es muestra de que si bien el camino del inmigrante a veces es trágico, al final es la esperanza y la belleza de la vida lo que logra mantenernos a flote.

En entrevista con VozEs, la escritora compartió sus experiencias sobre estas dos décadas que lleva en Charlotte y nos platicó sobre su libro, su  trabajo en la escritura,  su gusto por la pintura y la promoción cultural.

Platícanos sobre No es tiempo de morir y el por qué el tema sobre la  guerra del Estado Islámico.

No es Tiempo de Morir fue publicada en 2018, el año pasado salió en inglés y ha tenido buena acogida. Sin embargo, como escritores independientes tenemos que movernos al ritmo que se permite. Con ayuda de pequeñas ferias del libro se ha promocionado.

Como me fuí a Siria pude haberme ido a Yemen, a Venezuela, o a retomar el Holocausto; este es un tema que me llama mucho la atención, un tema actual que se está viviendo. Me tocó como madre, como mujer, porque siempre he dicho que en estos casos de violencia, siempre es recurrente que la mujer sea un arma de guerra, la dignidad de una mujer siempre está en la línea de fuego en estas situaciones. Era necesario hablar de este tema.

Vengo de una familia árabe, conozco su cultura y no estoy muy lejos de tener familiares sirios y libaneses, nos atañe como comunidad, a veces la comunidad árabe es egoísta, hay lugares en los que tienen capacidad de ayudar y lo hacen pero no es suficiente para sacar a esas familias y ayudarlos.

En esos países que viven del turismo hay mucha prostitución y tráfico de niños y mujeres; la relación que hay entre la sociedad y la religión es demasiado fuerte, es un lazo que no se ha podido romper ni aún en las sociedades modernas con la influencia de occidente. No me enfoqué en la política sino en la historia, la forma de vida, los recuerdos, lo que los niños y madres enfrentan.

Quise hablar del desplazamiento forzado, esa falta de tu tierra; hay casos en los que los migrantes que decidieron irse fue porque hay momentos de desolación, desamparo y ambigüedad, de que no sabes que va a pasar en tu país. Es difícil dejar a tu familia con alguien, y hay que entender y ver la moneda desde los dos lados, el del desplazado y también el del que se queda.

¿Cómo ayudan el arte y la belleza a procesar la tragedia que a veces genera este desplazamiento?

Dos de mis protagonistas solamente recordaban cosas bonitas dentro de su tragedia. Eso es lo que llevamos adentro, eso es parte de nosotros, a veces el miedo nos hace recordar cosas bonitas, ellos están rodeados de miedo y puede esa ser su primera opción pero por el contrario, sacan fuerza y comienzan a recordar cosas bonitas, para darse aliento y decir que no todo puede ser tan malo.

En esta novela llenó siempre la esperanza, no siempre todo es malo, nosotros somos los responsables de sacar lo mejor de nosotros en los momentos más difíciles.

Las personas en esta pandemia, por ejemplo han sacado lo mejor, muchos se han reinventado, yo por ejemplo me volví a reinventar pintando, había dejado la pintura desde hace muchos años, no soy estudiada en técnica pero me gusta mucho el arte y la decoración, y descubrir nuevas cosas.

¿Qué le dices a los inmigrantes que buscan también retomarse y reinventarse en este país?

No puedo dar un consejo específico porque lo que es mío no le funciona a otro, pero todo ocurre en el momento preciso, si vienes de otro país para lograr una mejor economía lo primero va a ser trabajar. En mi caso, nos asentamos con mi familia y ahora ya vi que es hora de hacer lo que me gusta a mí.

Creo que cada persona sabe y está preparada para retomar eso que a veces dejamos, nunca debemos abandonarlo, no podemos soñarlo sin hacerlo realidad. El «qué hubiera sido” no funciona. Tenemos que ver nuestras prioridades, organizarlas y no abandonar nuestros sueños.

Como escritora tengo la facilidad de aprender a ponerme en los zapatos del otro, es muy difícil pero debemos de aprenderlo, debemos ser un poco menos egoístas, al llegar aquí y despegar nuestras alas, no todas las personas tienen la facilidad y oportunidad de ayudar, a veces la mentalidad es «ráscate con tus propias uñas»,  pero creo que cada quien podemos hacer algo para mejorar la situación de nuestros coterráneos.

Debemos ver que no “soy solo yo” si no todos los que pertenecemos a la comunidad, hay muchas personas que vienen con menos oportunidades, nos tenemos que ayudar con cositas pequeñas. Este país tiene muchas oportunidades para proyectos y para la cultura, y debemos apoyarnos.

Debemos aportar, consumir nuestros productos y nuestro arte, hacer que se nos conozca y reconozca.

También hay que votar es nuestra obligación, y nuestro derecho, así  ayudamos a la comunidad, debemos de ir en contra de políticas de divide y vencerás, tenemos que ver que no es cuestión de partidos sino de beneficios mutuos.

Un libro abre puertas, regala un libro, un libro abre puertas, ve, compra un libro, hay muchísimos libros. Los libros son la puerta al aprendizaje.

En tus 21 años en Charlotte, ¿cómo ha sido el progreso del apoyo al arte del inmigrante latino, lo hay?

Me parece que si lo hay y he sido afortunada ya que por parte de Queens University he aprendido a explayar mis alas con su proyecto de Arte Latino que realizan con el departamento de lenguas españolas o castellanas y la Asociación Art Sí, es un llamado que hacen a artistas, he conocido mucha gente que le ha ido bien en ese proyecto; sin embargo noto que en todo este aspecto del arte hay segregación, si ya llegaste a ser más conocido, pues viene a veces el egocentrismo y una rivalidad que no nos deja salir adelante, aunque también individualmente hay que tener voluntad de buscar espacios, no hay que esperar a que solo se nos invite.

Me gustaría muchísimo que nuestros propios consulados nos apoyaran, en mi país no he visto mucho apoyo en el aspecto cultural, más bien lo hay en promocionar negocios.

Creo que si estás representado un país, se tiene que representar en el aspecto cultural, eso no se ha dado y es una obligación moral del país para contigo, como mexicano, ecuatoriano, español. El gobierno de cada país debe apoyar.

Margarita ya prepara su nueva novela sobre una historia de la vida real y personajes de ficción que dan vida a la triste realidad que vive la ciudad de Charlotte como una de las 10 ciudades con más tráfico de personas.

«Es una historia muy compleja que he investigado, algo muy interesante, a veces de la persona menos esperada puedes sacar algo tétrico. Son temas fuertes pero así es la vida y  a veces creemos que -si no me pasa a mí- no tomo conciencia, pero no esperes a que te pase, no esperes una guerra, una hambruna, hay que tomar conciencia ya” dice la autora.