Volvemos a casa,
hermanos desperdigados,
cada cual con su invierno,
con su pequeña derrota guardada en el bolsillo del abrigo,
con años de puertas cerradas
y trenes que partieron sin nosotros. Volvemos.
Volvemos a casa,
hermanos desperdigados,
cada cual con su invierno,
con su pequeña derrota guardada en el bolsillo del abrigo,
con años de puertas cerradas
y trenes que partieron sin nosotros. Volvemos.
Los fragmentos presentados en este espacio forman parte de una antología comunitaria bilingüe impulsada por Irlanda Ruiz Aguirre y HabilidadX en Charlotte, Carolina del Norte. El proyecto ha sido construido a través de talleres guiados de escritura y edición, donde las historias surgen de las experiencias reales de integrantes de la comunidad latina.
Esta imagen celebra el trabajo, la presencia y la influencia de la comunidad hispana. Espero que, además de llenar de color residencias y espacios de trabajo, se convierta en una declaración de identidad y pertenencia: “Estoy aquí para quedarme, porque esta es [también] mi casa”.
El aroma del café puede viajar más lejos que una maleta.
A veces cruza países enteros antes de instalarse nuevamente en una cocina, en una conversación o en una memoria. Para Cristina Lozano, ese aroma siempre regresa a la costa ecuatoriana, al calor húmedo de la playa, a las mañanas familiares, al sonido de la licuadora preparando jugos frescos y a una taza de café que aparecía incluso bajo el sol intenso del Pacífico.
Hay personas que parecen cargar dentro de sí un paisaje entero. Como si ciertos lugares del mundo no solamente las hubieran marcado, sino que siguieran respirando a través de ellas. En el caso de Sydney Duarte, ese lugar tiene nombre: el Lago Atitlán, en Guatemala.
Con la respiración recuperando su ritmo natural, llegó hasta el pequeño sofá frente a la tele y ahí, soltando una carcajada, estaba Mariana.