Un 13 de Junio, en las celebración del santo de su papá, Don Antonio, María Elena Valdez hizo su debut como cantante de Mariachi, uno de los géneros de música regional más representativos y tradicionales en México.
Fue “Libro abierto” un tema del compositor Gerardo Reyes, la canción que María Elena dedicó a su papá ese día, con impulso de su hermana Lupita, quien en vida fuera su mentora, su segunda madre y su idola.
Foto Cortesía María Elena Valdez
“Ella cantaba muy bonito y todos los años en San Antonio hacíamos la pachangona, mi hermana traía el mariachi y ella era la que cantaba precioso, todos los años era lo mismo y ya sabía que iba a hacer, ella me subió a una sillita para que no me bajara y me decía cómo me moviera, hizo que me aprendiera una canción, para cantársela a mi papá, con el Mariachi Vargas, eso dicen no se si sea cierto que era ese Mariachi” recuerda emocionada la cantante.
María Elena Valdez
Su verdadero apellido es Contreras, pero en Charlotte se ha convertido y se reconoce como “La Reina del Mariachi”, aunque para ella la verdadera reina es su hermana Lupita para quien con orgullo y para honrarla no deja de cantar desde esas fiestas familiares en las que se moría de nervios durante su infancia o cuando fue a ver al Tío Gamboin y ganó el segundo lugar en la XEW en un concurso de canto.
Ella era tímida, recuerda, pero eso se le ha quitado con los años y ahora que se dedica a la música lo hace feliz recordando esa canasta de chocolates que le dieron de premio en aquel concurso.
De aquellos días quedan solo recuerdos. La vida dio muchos giros, su papá falleció cuando ella tenía 20 años, tuvo la trágica experiencia del sismo del 85, un sismo que devastó a su natal Ciudad de México y la muerte de su hermana y mentora Lupita. Para cambiar de aires, independizarse y seguir adelante, emigró a Los Ángeles, ahí trabajó en una bodega de ropa, empacando periódicos y en una boutique. Después se casó y junto con su familia decidieron mudarse a Carolina del Norte, un estado más tranquilo en donde es más fácil cuidar de los hijos.
Hace 26 años de eso. Entonces llegó a Mooresville sin conocer gente y embarazada de su tercer hijo, una niña. En medio de todos esos cambios, María Elena recuerda y asegura que los mejores momentos de su vida son alrededor de la música y agradece a su hermana y también, aunque con tristeza a su madre, quien hace cuatro años falleció y le dejó de encargo que no fuera egoísta y compartiera su voz.
Es triste cantar y recordar a las personas que ha perdido en este viaje, pero ella canta con el corazón, y siempre mantiene una canción dentro de él.
“Si mantienes una canción en el corazón eso va a traer un recuerdo triste o alegre, las canciones son nuestra terapia y psicólogas, nos sirve para desahogarnos. Con la música ríes, enamoras, bailas, lloras la música es amor, enseñanza y la amo, eso me recuerda mucho a mi familia” dice María Elena.
Con un traje amarillo que le regalo su madre antes de morir, la cantante ha compartido su voz con los Charlotenses desde hace 4 años que se dedica de tiempo completo a la música con la ayuda del promotor Juan López, quien le dio el nombre de “La Reina del Mariachi” y la hizo debutar un 14 de febrero en el restaurante “Che Gaucho”.
Foto Cortesía María Elena Valdez
La cantante, también de origen Purépecha, debido a que sus papás son de Tangancicuaro Michoacán, ha forjado su carrera presentándose en diferentes eventos de la Ciudad y sus alrededores y en cada presentación recuerda a su familia que aunque lejos, siempre los lleva en su corazón.
“El mariachi me recuerda las raíces, mi familia y lo que amo, lo que uno más ama son los recuerdos de su madre cuando lo empiezan a alimentar. Mi méxico me enseñó a caminar a moverme, a vivir, mi música mexicana es mi sangre, mi herencia, cuando escuchó aquel ‘pom pom pom’ de las trompetas y los violines, mi corazón empieza a latir, y me transformó totalmente”
Es que uno se transforma, y ella siempre trata de estar bien arregladita, con sus listones y sus trajes llenos de colores representando a su patria, su gente mexicana, no solo a su familia, también a su bandera.
Fotos Cortesía María Elena Valdez
Actualmente, la cantante está trabajando en la realización de su primer disco al lado de “El Ranchero de México” el compositor y cantante Martín Carrión, que tiene una estación de radio en Philadelphia.
Junto con él, María Elena grabará sus composiciones, que prometen ser un homenaje a la música y la gente mexicana.
La cantante, sabe que habrá momentos difíciles, así lo fueron estos meses de pandemia, de inseguridad y de mucho esfuerzo, pero asegura y quiere compartir con su gente aquello que una vez le dijo su hermana Lupita: que pase lo que pase en la vida, el show debe continuar, aunque a veces nos equivoquemos y las cosas se pongan difíciles, hay que seguir siempre con una canción en el corazón.
Para contrataciones y conocer mas de la cantante, visita su Página de Facebook María Elena Valdez o llama al (704) 534-0052
La naturaleza, es una de las inspiraciones más grandes para Jonay Di Ragno, artista plástico internacional, con sus orígenes boricuas y en las Islas Canarias este artista honra en sus creaciones a la piedra, el agua, el sol, la luna, pero ante todo a su hijo Lorenzo Niccolo quien aunque a distancia, porque “Nico” vive en Puerto Rico y Di Ragno en Charlotte, él es la motivación principal para esos momentos difíciles.
Jonay Di Ragno y su hijo Lorenzo Niccolo
Aunque la distancia y el esfuerzo fueron mayores durante la pandemia, el artista buscó la manera de tener a su hijo siempre presente, acercarse más con la naturaleza, construir relaciones y compartir su arte con la comunidad. Y vaya, cabe decir que la primera vez que hablé con Jonay fue durante la pandemia, sí, esta relación entre VozEs y el boricua fue una de pandemia.
A más de 14 meses de que nos mandaron a confinamiento, volvimos a platicar sobre su arte, su experiencia y lo que lo motivó para que en cuanto bajaron las restricciones sanitarias el artista en colaboración con amigos y colegas ofrecieran un show de arte este 21 de Mayo pasado para empezar a sanar y despertar unidos con la fuerza del arte.
A continuación les dejo una conversación que tuve con Jonay sobre lo que ocurrió en estos 14 meses y su opinión sobre lo que nos dejó esta pandemia.
Jonay, después de más de un año volvemos a platicar, cuéntame, ¿Cómo viviste la cuarentena y cómo fue tu proceso de adaptación a nivel creativo?
Fueron momentos en el que el mundo estuvo en un cambio, esto pasa cada cierto tiempo en determinado momento, cada 100 o 200 años, este 2020 fue uno de esos momentos grandes en la historia. La viví recolectando información, estéticas nuevas, investigando, aprendiendo, fue un gran momento para reflexionar sobre la sombra; sobre a quién le pertenece, si a la luz o al sujeto. Creo que pase lo que pase, sea negativo o positivo no hay que bajar las espadas, siempre hay que estar preparados, esto nos cogió no preparados, pero hemos aprendido mucho.
Foto por SpeedPro Design Studio
El encierro no me afectó, porque yo como artista estaba encerrado ya, no se me hizo tan difícil en cuanto a la soledad, creo que hice más piezas que antes, tuve mucha libertad para crear y explorar. Pero no estoy contento por las personas que perdieron gente, eso fue muy triste
Para mí el arte fue una forma de respirar.
¿Cómo consideras que va a avanzar el flujo del arte después de esta experiencia de confinamiento durante la pandemia? ¿Se quedará virtual en algunas disciplinas? Crees que lo virtual nos ayudó a acercarnos o alejarnos del arte?
Hubo mucha información que no creo que sea nueva, ya estaba sucediendo en los últimos años la relación con las redes sociales y el internet, esas relaciones han creado más oportunidades para el artista, nos ha dado 30 o 40 por ciento de más espacio para explorar aprender arte y negociar. Sí, se intensificó ahora en los últimos meses, porque yo creo que muchos artistas que trabajaban de la manera tradicional tuvieron que ponerse a la tarea de tener más presencia en internet.
Muchos de esos artistas, mucha gente que trabajo desde la casa están viendo una perspectiva nueva de trabajar más a distancia, y mantenernos así, si pudiera ver en una bola de cristal yo creo que el 80 por ciento del arte virtual se quedará y crecerá mucho más.
Pero las galerías y el arte donde las piezas se pueden palpar creo que eso siempre existirá.
En referencia con el arte, yo tuve personas coleccionistas, fanáticos del arte, amistades, gente del mundo del arte que me contactó y hablamos mucho, hubo mucho intercambio de esa hambre para el arte, creo que nos acercó mucho más, durante la pandemia yo vendí el doble de piezas también.
¿Qué aprendiste durante Covid-19?
Bajo limitaciones, cuando estas cosas pasan tenemos la tendencia a extender nuestra creatividad, esta situación nos provocó a los artistas y a creativos en otras ramas a reciclar y buscar nuevos recursos.
Repito, el arte es una forma de respirar, cuando la pandemia empezó yo estoy segurísimo que la gente que depende del arte como algo sublime, espiritual, como un viento de soplo, se acerco más al él.
Sí, el internet podrá crecer las ventas pero creo que la gente está deseosa de acercarse al arte, a la cultura, aprendí esa necesidad de que es nuestra responsabilidad de hacer belleza y mostrar que estas cosas hagan una mejor vida y felicidad a cualquiera que consuma estos productos.
Aprendí que hay que mantenerse preparados, estábamos muy cómodos y el ser humano debía estar más preparado, orientarnos, no dejar de estudiar y concientizar.
Esto hizo que muchos nuevos talentos salieran a la luz y comenzaran a crear, muchos con temas, estilos nuevos ¿qué opinas de esto?
Dije antes que en la historia siempre hay el momento grande y este 2020 fue el momento grande; eso hace que nuevas formas crezcan, la gente siempre va a querer arte, hace años uno tenía que ir a una galería o feria, ahora en estos días tenemos vida virtual con esto hubo una concientización que hizo que mucha gente viera esos nuevos estilos que quieren pintar ahora, nuevas formas.
Jonay y su familia en el show de arte «Reset» del 21 de Mayo
En el show del 21 de mayo, se vieron parte de los talentos que estuvieron trabajando y se compartieron para empezar a sanar y despertar unidos con la fuerza del arte. Yo creo que el diseño y el arte tiene una responsabilidad con la comunidad. Por eso no podíamos esperar y realizamos ese evento para la gente, para ofrecerles ese escape, y una forma de reiniciar.
Creo también que nos hemos puesto todos los hermanos artistas y la comunidad a trabajar en mandar mensajes más positivos, sobre racismo, ser noble, cambio climático, ayudar a la comunidad, estamos incluyendo todo eso en nuestro vocabulario artístico, hacemos oraciones que promuevan e inspiran. Me gusta el negocio de la inspiración yo estoy en ese negocio en el que podemos ayudar aliviar e inspirar. Todos estos mensajes que vienen ahora los podemos usar para una funcionalidad más íntima y de conciencia para con los niños y juventud.
Tu mayor inspiración ha sido siempre la naturaleza, durante este tiempo, ¿se intensificó esta relación?
Yo pienso que definitivamente hubo un querer o más obligación a querer estar afuera.
La inspiración puede venir de muchas partes, de un libro de un canal de youtube, de muchos lugares pero yo creo que no hay ninguna que se compare a la que ofrece la naturaleza con la paz, el silencio y la comunicación visual que ofrece.
Es muy sagrado poder ir a caminar sobre algunos árboles, trails alrededor del lago, tocar materiales, la madera, las plantas, las flores, a veces se mira hacia el cielo y el color es diferente de acuerdo al momento, el amanecer ayuda a meditar, las luces son saludables, y todo eso influye en el arte, el proceso creativo es único para cada artista y cada uno agarra una energía sublime y un soplo de vida. Para mí que he sido acusado en buena manera de tener texturas tridimensionales y cosas cristalinas y metálicas en mis pinturas porque además me gusta añadir estas cosas ricas, estos elementos de sorpresa, es necesario incluir pedazos de naturaleza, madera, arena, barro, cristal, cuarzos.
Esto que da la sensación de cercanía con la naturaleza, La pandemia y esta experiencia fue una discrepancia extraordinaria, porque si vemos la palabra discrepancia, son asuntos que pasan de la nada que no esperamos o que nos sacan de lo normal, pero si le agregamos lo extraordinario, fue bonito, que esto (la pandemia) nos sacó del estudio y en lo personal tuve el honor de encontrar, descubrir, explorar materiales visuales que me inspiran, esta situación provocó una investigación más profunda dentro de la naturaleza.
Foto cortesia de Jonay Di Ragno
Ahora que volvamos a nuestros trabajos no debemos volvernos tan esclavos, espero que la herencia de la pandemia sea esa, que nos ha dejado salir y estar más en contacto con la naturaleza, como seres humanos, como parte de la naturaleza, debemos continuar más cerca de ella, respetando y cuidándola.
También creo que la intersección más sagrada de cualquier artista y padre con la naturaleza es a través de la familia, en mi caso Lorenzo Niccolo, mi hijo, es lo primero, por más sensacionalista que nos hagan a los artistas, la familia es una de las inspiraciones más grandes, al lado de la piedra, del agua, de la luna y el sol, primero está mi hijo, porque es el elemento de la naturaleza, esas personas a las que más queremos, estos momentos de esfuerzo para subir la montaña, mi hijo está ahí.
Jonay trabajando en su nuevo mural que va a adornar las calles de NoDa. Otro Fibonacci.
Alejandro Armas, creció en el centro del neoliberalismo de los años 90’s en el Ecuador. Estas nuevas medidas económicas impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional incluyeron la tarea de atraer a una juventud ecuatoriana a un consumo y un nuevo estilo de vida imitando al de los Estados Unidos. Las pobres producciones nacionales que intentaban imitar este nuevo estilo eran muy malas y en su mayoría sus horarios llenos de telenovelas conservadoras y desabridas y programas de fútbol.
Conoció el mundo norteamericano a través de la televisión de cable, cuando un día una amiga lo invitó a su casa y se enamoró de esta nueva utopía llena de felicidad, pizza deliciosa, y juguetes imaginables que pueden volar en el aire y carros a control remoto que saltan más alto que tú, programas llenos de aventuras, microondas, niñeras encantadoras y juegos de béisbol.
“Al día siguiente le pedí a mi tía abuela trabajar en su tienda de licuadoras para poder ejecutar mi gran plan: instalar televisión de cable en mi cuarto, al cabo de un mes conseguí el dinero para 88 canales con una oferta ilimitada de programas de los que no entendía muy bien lo que decían, pero no importaba, porque era tan rápido el cambio de imágenes y todos los personajes eran tan fascinantes que no hacía falta entender mucho”.
Al igual que muchos jóvenes en latinoamérica, Alejandro y su familia estaban enamorados de Mickey, las Tortugas Ninja, Alf… pero el programa que no se perdían era: Los Años Dorados (Golden Girls).
Sin embargo, a sus cuarenta años y después de vivir más de 17 años en Estados Unidos se da cuenta que su cultura no está representada como merece.
“En este programa y en la mayoría de programas con los que crecimos viendo en la televisión, estamos representados siempre como el jardinero o el que entrega un envío, o soy el que intenta seducir a una mujer ingenua. El entretenimiento y la diversión de programas y películas norteamericanas nos convirtieron en espectadores de nuestra propia muerte cultural”.
Para Alejandro, existe una batalla entre el estereotipo y la dignidad; entre los que estamos de este lado de la pantalla, consumiendo nuestra propia imagen distorsionada y los que la construyen, y quienes deben señalarnos el camino de regreso a la comunidad donde el individuo recupera el valor de su identidad.
Estas imágenes recogen algunos estereotipos que percibimos -en la piel- las latinas y latinos cuando nos miran los blancos con quienes vivimos en los Estados Unidos.
“Quiero rastrear de dónde viene esta incomodidad, este desajuste en la imagen, de dónde llegan las ideas racistas que nos retratan con burla, llamándonos criminales, violadores, narcotraficantes u objetos sexuales. A mis cuarenta años me doy cuenta que, en la búsqueda de mi individualidad, he perdido mi colectivo. He crecido embriagado con la fiebre de Hollywood”
Alejandro Armas
Para Alejandro, “algo no cuadra” entre lo que somos y lo que nos dicen ser.
Armas nació en Quito, Ecuador, actualmente radica en Los Ángeles, California.
Conoce mas de su trabajo como fotógrafo en su instagram @westlaportraits
Inspiradas por su sangre Mexicana y su alma mestiza y guerrera, las obras del artista visual Luis Sahagún proyectan la resistencia cultural generada por sus propias experiencias, revelan la historia de lucha y sueños aún no realizados de los millones de inmigrantes que viven en los Estados Unidos y que no quieren más ser invisibles.
Nacido en México, Sahagún llegó a los Estados Unidos con sus padres siendo aún un niño. En su casa en un suburbio predominantemente Latino de Chicago, siempre se habló español y se mantuvieron las tradiciones de la tierra que los vio nacer. Su madre y sus abuelas siguen siendo sus musas, inclusive cuando su trabajo enfatiza la realidad que vive la clase inmigrante obrera en este país por medio de temas como el racismo, el machismo, e inclusive el efecto del colonialismo.
Diseñador industrial por educación y artista por pura pasión, él entendió el día en que presentó su primera obra, que su arte es una herramienta muy valiosa para empezar conversaciones que muestran la esencia de su herencia y de la comunidad que lo vio crecer. Sahagún recuerda cómo el miedo por ser indocumentado, el racismo que experimentó en sus años de adolescente, y su crisis de identidad al querer “pertenecer” y asimilar la cultura americana, no solo impactó, sino también influenció su arte en los inicios de su carrera.
Hoy en día, él siente que aunque sus obras en sí no generan cambios sociales, ellas son un vehículo importante para promover dichos cambios, ya que crean oportunidades de conversación entre personas de diferentes clases, edades, lugares, y ámbitos de la vida.
Un artista nunca deja de crear, y es por eso que las obras de Sahagún representan la conexión de sus propias memorias pasadas con las experiencias que vive día a día, lo que hace también que constantemente aprenda algo nuevo de si mismo, del país donde vive, y de su cultura, y luego transfiera ese conocimiento a sus exposiciones.
Sahagún se entrenó en pintura, pero también esculpe. En realidad, él pinta, esculpe, dibuja, toma fotografías. Opina que en el presente, la idea de disciplinas ya no es tan estricta como antes.
“Para mí el lápiz es lo mismo que un martillo, es lo mismo, haces una marca, puedes quebrar algo o lo puedes poner. Osea, hay principios en arte que son formales, que no importa a qué se lo pones o a que se lo aplicas. Yo veo todo lo mismo. Cuando hago una escultura, para mí es un dibujo, te puedes mover a un lado y ves otro dibujo, como un dibujo que se mueve en el espacio.”
Luis Sahagún
Lo que grita mi piel. Instalación.
Mientras estudiaba con el artista Mexicano Javier Chavira en la técnica europea de pintura Flamish, la cual se enfoca en pintar rostros exactos y muy bellos en un largo periodo de tiempo, Sahagún descubrió su lado rebelde al decidir usar cartón reciclado como fondo para sus pinturas, teniendo en cuenta el alto grado de descomposición de éste, inclusive cuando sabía que volvía loco a su maestro. Así fue como el cartón que recogía de las calles se volvió uno de sus materiales favoritos, y al reflexionar en el porqué, Sahagún se dio cuenta de que él se veía a sí mismo en el cartón.
“Porque el cartón es café, está tirado en la calle, así me sentía yo. Entonces agarro este cartón, que para mí siempre ha sido bello, y empezaba a dibujar en él. Me sentía que era una relación íntima…y la idea de la sociedad que nos tira a la calle, no nos valora, pero realmente el cartón de muchas maneras es físico como el Mexicano, el Latino…construimos las casas, nos usan nomás, no quieren nuestros cuerpos pero quieren nuestros tacos.”
Cartón, plástico, metal, madera, y cemento, son algunos de los materiales que Sahagún utiliza en sus creaciones para representar los trabajos que realiza la clase obrera, y que le recuerdan el tiempo en que trabajó en construcción y notó las cosas bellas y creativas que hacían él y sus compañeros con ellos, siendo que cada material tiene su propia herencia y su propia historia, y que merecen ser celebradas. Igualmente, fue una oportunidad para crear conversaciones sobre clases sociales y comunidad con niños que veían sus esculturas y se inspiraban y enorgullecían de sus padres constructores.
Desde el 2008, cuando se convirtió en artista a tiempo completo ha madurado formalmente y su experiencia dando clases en museos lo ha ayudado en aprender a conectarse y tener conversaciones con estudiantes de todas las edades por medio del arte.
Enseñar es su segunda pasión. Sus maestros de secundaria fueron una parte importante en su desarrollo no solo académico, sino también emocional y personal y Javier Chavira fue esencial en su formación como artista, lo que le ha permitido llegar donde está hoy.
Sahagún ama establecer relaciones, conocer gente, hablar de arte, y transferir su conocimiento a otros para que se sientan igual. Su casa de Chicago siempre estaba llena. Sus familiares llegaban de México buscando un futuro mejor, y siempre eran recibidos con las puertas abiertas. Era un placer para él escuchar las voces, la música, sentir la alegría en el ambiente, y ser maestro le permite repetir esa experiencia. Su sueño es ser una influencia positiva en la vida de los jóvenes de su comunidad, y utiliza su arte como un medio.
El creativo piensa que en estos trece años ha evolucionado y crecido mucho como artista, no necesariamente cambiando su forma de trabajo, pero sí al tratar de generar un mayor impacto social con sus obras. También cree que para generar cambio es necesario salir a la comunidad y empezar a construir relaciones para así mejorar el futuro de todos.
“El arte para mí es mi maestra, me ha enseñado tanto. Sobre mí mismo y el mundo, en mis implicaciones en él y cómo puedo contribuir. El acto de crear me llevó ahí. Yo hago, luego pienso, luego aprendo, así que me enseña cosas que no podría aprender de otra manera. Estoy aprendiendo a quererme por medio de mi arte, a querer a mi padre que era abusivo y rudo – ahora entiendo que era parte de un sistema y que no podía controlarse; a sanarme y sanar a otros. Todo empezó con un lápiz, el arte es mi maestra.”
El recuerdo de su madre y sus tres abuelas ha sido siempre su fuente de inspiración, su fortaleza como mujeres y la idea de seguir sus legados, que piensa son también los de muchos otros, es lo que lo ayuda a seguir creando. Inclusive cuando sus esculturas parecen quizás masculinas por los materiales y métodos que utiliza, Sahagún representa también en ellas la bravura femenina junto a la intimidad de sus relaciones de amor y cariño que tuvo al crecer.
De izquierda a derecha: «An old God Renewed»; «Pain is our North Star»: «Cicatrices de un malcriado»
Por medio de su proyecto soñado, Alivio y Asilo: Apparitions of Spiritual Activism, Sahagún espera en cinco o seis años poder plantar raíces y ayudar a su comunidad de una manera diferente. Su idea es comprar una van, a la que él ya llama “Freedom Vehicle,” para convertirla en un tipo de botánica de cosas espirituales y a la que llevaría a lugares como centros de detención y cortes judiciales para ofrecer lo que sea que la gente necesite, desde una “limpia” o consejería espiritual, hasta recursos comunitarios como abogados; que ésta van le permita apoyar a muchos, no basado en ninguna religión, sino más bien en la idea de familia y comunidad, con la esperanza de algún día eliminar los centros de detención.
Otros de sus proyectos incluyen Tee’s for Teaching, por medio del cual en colaboración con una organización de estudiantes indocumentados en Northern Illinois University, diseña y vende camisetas junto a otros estudiantes para ayudar a cubrir gastos incurridos en diferentes procesos de inmigración como DACA, con la meta también de en un futuro, llegar a diferentes comunidades para dar clases de arte gratuitas a niños que no tienen los recursos necesarios para participar en las que ofrece en el museo.
Sumándose a su lista, el Urban Box Project le permitió trabajar con la ciudad y con dos estudiantes indocumentados en Chicago Heights en 2016, a quienes la ciudad les pagó para pasar un mes y medio en la calle recolectando basura en bicicleta para después crear obras de arte que fueron presentadas en una exposición.
The Chalet, un proyecto que empezó en el 2018 en conjunto con el Smart Museum of Art at the University of Chicago por el cual recibieron un subsidio de US $50,000 le permitió comprar un chalet o casita en el parque donde se instaló un programa de arte de tres años para adolescentes del cual el artista se encargó los primeros dos años antes de partir a realizar una residencia en Michigan State University el año pasado. Para esto, recibió un estipendio de US $10,000 y planeó convertir la mitad de ese dinero en becas para estudiantes indocumentados en el área, pero lamentablemente, por causa de la pandemia, se perdió tanto el dinero como su idea de servir en esa comunidad.
Además, también debido a la pandemia, Luis A. Sahagun: Both Eagle and Serpent, su exposición más completa hasta la fecha, y la cual incluía casi diez años de su trabajo,se tuvo que cancelar en el Chicago Cultural Center al poco tiempo de abrir.
Actualmente está trabajando en una nueva muestra de dibujos y fotografías para su próxima exposición que abrirá este 6 de Junio en Michigan State University – Union Gallery. Recibió también autorización del Museum of Contemporary Art de ese estado para incluir su colección de objetos arqueológicos de Mesoamérica en la exposición.
Unearthing: Magic, Mimicry, and the Mundane es una búsqueda para ampliar la comprensión de los artefactos ancestrales, la imaginación y el arte como fuentes vitales para desmantelar las formas occidentales de imperialismo intelectual. Arraigada en la ontología orientada a objetos, la exposición entrelaza artefactos arqueológicos mesoamericanos y obras de arte contemporáneas de artistas mexicanos como Rufino Tamayo, Graciela Iturbide, Flor Garduno, y por supuesto Luis Sahagún, para conjurar enseñanzas místicas a través del mestizaje espiritual.
Ana Butters es Peruana, vive en Estados Unidos desde 1997. Es mamá, trabajadora social, educadora, con estudios en arquitectura, periodismo y educación inicial, multilingüe. Actualmente trabaja junto a la comunidad latina residente en el sur de Charlotte, NC.
Yo siempre Justo a tiempo Para demasiado tarde. InSuficientemente justo Ser demasiado escaso En alguna suerte. Desafortunadamente Todo parece ser Poco afortunado En el tiempo presente. Nada ausente El casual imaginar Que quizás esta vez Fuera diferente De las otras veces, Seguramente Todas las otras veces Anteriores, Pero ahora como antes, La obstinada realidad Se impone después Más pronto que tarde: Nunca nada más cierto
Que yo siempre Justo a tiempo Para demasiado tarde.